"Es difícil imaginar la acumulación en un solo documento de tal sarta de
desatinos y de posibles expolios como los que aparecen en el informe
sobre la reforma fiscal presentado por los llamados expertos. Viene a
confirmar la frase de Marx de que la lucha impositiva es la modalidad
más antigua de la lucha de clases. (...)
Pero lo que sí es verdad es que los planteamientos propuestos por la
Comisión pretenden eliminar los escasos factores progresivos que aún
persistían a pesar de los muchos envites sufridos.
El primer aspecto a resaltar es que los llamados expertos dan por
buena la suficiencia del sistema cuando la escasa capacidad recaudatoria
es uno de los principales problemas de la hacienda pública actual,
causa de los brutales recortes sociales que están padeciendo los
ciudadanos y que condena a la pobreza a un número bastante considerable
de ellos, número que se incrementará de manera sustancial en el futuro
si se lleva a cabo la reforma de las pensiones acordada recientemente.
En ningún momento se habla de incrementar la presión fiscal, a pesar de
que la de nuestro país se encuentra diez puntos por debajo de la media
de la Unión Europea o de la de la Eurozona, y es inferior en la
actualidad a la de países como Portugal, Grecia, Hungría, Chipre,
Eslovenia, Malta o Estonia. (...)
A lo largo de sus largas cuatrocientas páginas, una idea fuerza recorre
todo el informe y aparece como su primordial finalidad: incrementar los
impuestos indirectos y reducir lo más posible los directos, trasladar
carga fiscal del capital y de los beneficios empresariales a los
asalariados y a los consumidores. (...)
Como primera providencia, se propone eliminar el impuesto de
patrimonio, tributo odiado por los poderes económicos, por las fuerzas
conservadoras, y en España también por algunos progres de salón que se
autodenominan socialistas.
Pero, cosa curiosa, al mismo tiempo se
aconseja incrementar en general la tributación sobre la vivienda y en
particular elevar el impuesto de bienes inmuebles (IBI), gravando aún
más el patrimonio inmobiliario, única forma de propiedad que en España
poseen la mayoría de los ciudadanos pertenecientes a la clases baja y
media.
Al impuesto de sucesiones y donaciones se le despoja de toda
progresividad. El informe se escuda detrás de una realidad cierta, el
desorden territorial ocasionado por la decisión de haberlo cedido a las
distintas Autonomías. (...)
Se acrecienta el vicio radical que desde principios de los noventa
corrompe el IRPF, la dualidad en el tipo aplicable entre las rentas de
trabajo y las de capital, haciendo que las primeras tributen en mucha
mayor cuantía que las segundas y estas de forma proporcional y no
progresiva.
Se propone eliminar toda una serie de deducciones que
afectan fundamentalmente a las rentas bajas, con lo que se incrementará
el gravamen sobre los salarios y las pensiones, compensando con creces
las posibles rebajas en la tarifa, de tal manera que el anuncio de Rajoy
en el debate de la nación acerca de ese límite exento de 12.000 euros
quedaría vacío de contenido, e incluso es posible que las clases bajas
tengan que pagar más que antes.
Las que sin duda pagarían menos de llevarse a cabo la reforma que
propone el informe serán las rentas altas, puesto que se pretende
modificar de nuevo la tarifa, reduciendo los tramos y el tipo marginal
máximo. (...)
La rebaja de dos puntos en el tipo marginal máximo representa que
algunos se van ahorrar más de doscientos mil euros anuales o, visto de
otra manera, que Hacienda va a perder esta cantidad y otras muchas
parecidas. Resulta un ejercicio de cinismo afirmar, tal como se hace
desde la comisión, que la tarifa se modifica de forma progresiva. (...)
El presidente de la Comisión en tono mitinero (significándose más
como militante de la derecha económica que como experto) ha manifestado a
la prensa que “el Estado no puede participar en mis ingresos más de lo
que yo participo”, refiriéndose a que el 50% es debería ser el límite
del tipo marginal. Es de suponer que Lagares sabe distinguir entre tipo
medio y tipo marginal, y que por lo tanto la confusión tiene que deberse
a un motivo distinto de la ignorancia, porque en lo único que el Estado
(es decir, la sociedad) participa en mayor medida que el particular es
en los ingresos que sobrepasan los trescientos mil euros anuales (50
millones de las antiguas pesetas), sueldos que tal vez no deberían
existir, sobre todo cuando las que los pagan son empresas que se
mantienen de tarifas o que prestan servicios o bienes a los ciudadanos
en mercados cautivos y que en caso de dificultades hay que salvar con
recursos públicos
Los expertos progubernamentales proponen también reducir al 20% el
tipo del impuesto de sociedades, y ofrecen como contrapartida la
eliminación de las deducciones y desgravaciones fiscales, que hoy
convierten el gravamen en un queso gruyére. Pero corregir la injusticia
actual, causante en gran medida de la escasa recaudación, no implica
tener que introducir otra similar, la reducción de tipo. (...)
Algo han aprendido los autores con respecto a las reformas de 1998 y
de 2002 que la curva de Laffer no funciona y que si no quieren que se
les venga abajo la recaudación a niveles inasumibles, deben subir o
crear otros tributos que compensen el descenso de los impuestos
directos.
Así que plantean no solo el incremento del IVA o de los
impuestos especiales (gasóleo, alcohol, etc.), sino que, escudándose en
la protección del medio ambiente, inventan, demostrando gran
imaginación, toda clase de gravámenes o tasas, desde pagar por los
escombros generados en las obras de la casa hasta un gravamen por entrar
en el centro de las ciudades, desde el 1% del valor catastral para los
inmuebles hasta un impuesto sobre el vino, desde un tributo cada
cincuenta kilómetros de autopista hasta incrementar el copago sanitario.
De nuevo, como se puede ver, todo ello con un carácter muy progresivo.
En fin, lo mejor que se puede decir de este informe es que hay
esperar que, dado su carácter ultramontano y ante la proximidad de las
elecciones, el Gobierno haga caso omiso de él. Pero, entonces ¿por qué
encargarlo?
Quizá sea una buena táctica, amenazar con todos los
desafueros posibles para que después las medidas adoptadas no parezcan
tan malas. Siempre es conveniente tener a alguien más a la derecha." (La contrarreforma fiscal de la barbarie, de Juan Francisco Martín Seco en República de las ideas, en Caffe Reggio, 22/10/2014)
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