"(...) El odio visceral de Ruiz y compañía contra el Instituto Catalán de la
Salud (ICS) adquiere dimensiones patológicas. Hospitales públicos
modélicos y muy gestionados (como el Valle de Hebrón) empiezan a sufrir
un déficit mortal. En este centro, el mejor de Cataluña, está previsto
que sea de 27 millones de euros, cuando siempre había estado en
equilibrio.
Visto desde la base, el drama humano que crea el ahogo
deliberado generado desde la Generalidad es difícil de explicar y de
creer, debido a su dimensión. Todos los adjetivos se quedan cortos.
En los servicios de urgencias de muchos hospitales,
del ICS y de la concertada, hay boxes de urgencias con dos y tres
enfermos, a veces alguno de ellos con una infección contagiosa.
Pacientes justificadamente ingresados en urgencias tienen que quedarse
dos y tres días en minúsculos boxes o en estrechos pasillos.
Estos
pacientes no pueden ser llevados (drenados, en argot hospitalario) a
habitaciones, porque no las hay, al haberse cerrado plantas enteras, por
orden expresa de la Generalidad. Los recortes contables implican este
tipo de realidades concretas.
En cuanto a las consecuencias políticas y sociales se da, en la
ciudadanía y en muchos profesionales, una resignación insólita,
alimentada por la mentira independentista. Ahora bien, ya nadie se cree
que la tragedia sanitaria sea por culpa de "Madrit". En Cataluña tenemos
una corrupción muy específica y muy amparada políticamente que está en
el origen de todo.
Lo he escrito muchas veces en los últimos dos años y
medio. Si comparamos la manera de hacer de aquí con el caso de la
privatización de la sanidad madrileña, veremos que allí se ha seguido un
camino jurídico preciso, ciertamente criticable política y socialmente,
pero sin casos como el de Josep Prat y otros. Aquí hay un guirigay
arbitrario, cínico y pudente. ¿O no?
En ninguna parte más de España se da el deliberado destrozo del personal
sanitario propio de Cataluña, que siempre ha sido lo peor pagado del
Estado. Ni en ninguna parte hay casos tan insólitos como el Hospital
Clínico de Barcelona, donde su clínica interna superprivada este año
recibirá 12.681.028 euros de la Generalidad. Ni un consejero tan grosero
y falso como Boi Ruiz. (...)
La atención sanitaria pública catalana se está muriendo. Lo hace en
silencio y sin esquela. Se ve muy bien al analizar la situación
concreta, siete días sobre siete, en los hospitales catalanes. El pasado
fin de semana quise ver como están varios hospitales concretos.
La conclusión obvia ha sido una situación de desastre generalizado, que también afecta a servicios de muchos centros privados.(...)
Todavía continúan sin decir nada respecto al aumento de la mortalidad,
en Cataluña, en 2012, en un monstruoso 5,3 por ciento. Sólo yo lo he
escrito. Ya veremos cómo será la de 2013 y cuándo lo harán público. Si
los grandes medios de comunicación no estuvieran controlados, todo sería
diferente. (...)" (Alfons Quintà, Crónica Global, Miércoles, 2 de abril de 2014)
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