"A finales de 2014, todos los vehículos de recogida de sangre del Centro
de Transfusión de la Comunidad de Madrid habrán sido entregados a Cruz
Roja sin ningún tipo de compensación.
En este pack-regalo también se
incluirá todo lo necesario para realizar las colectas de sangre: entre
otras cosas, 800.000 tubos y 140.000 recipientes cada año. Por
si fuera poco, la Comunidad pagará a Cruz Roja por cada bolsa de sangre
recolectada 67 euros, más de nueve millones de euros al año.
Deli Edreira es una de las trabajadoras del Centro que se oponen a
este convenio. Junto con decenas de personas, organizadas en la
Asociación de Empleados del Centro de Transfusión de Madrid (Adecetma), estuvo encerrada desde el 3 de febrero para frenar esta “privatización encubierta” e impedir el despido de 130 trabajadores. Consiguieron mantener la plantilla, pero no pudieron detener el convenio.
“Si durante los últimos 25 años el centro ha venido realizando estas funciones con total eficacia y garantía de calidad,
no tiene sentido que ahora se paguen casi diez millones de euros al año
a una entidad externa por realizar esas mismas funciones”, dice Edreira.
El ex consejero de Sanidad Javier Fernández-Lasquetty fue el impulsor
e ideólogo de este convenio, lanzado unos meses antes de ver fracasado su plan de privatización de seis hospitales de la Comunidad y de presentar su dimisión.
Desde Adecetma denuncian el “trato especial” ofrecido a Cruz Roja, en
el que destacan dos hechos “insólitos” en los contratos que realiza la
Administración: no se realizó ningún concurso y el abono del servicio se
realizará por adelantado, en un contexto de retrasos en los pagos del
Estado. (...)
Y la sangre no se trata de una apuesta sólo de la filial española. En
EE UU, Cruz Roja tiene en el sector de la sangre su principal ingreso: unos 2.140 millones de dólares en 2005, casi el doble de lo que obtiene por donaciones.
En los últimos años, la crisis económica había lastrado los presupuestos de Cruz Roja Española. Entre 2009 y 2012 redujo su plantilla en un 17% –unas 2.173 personas–, con despidos masivos y conflictos laborales en todos los rincones del Estado. (...)
Pero los problemas de Cruz Roja Madrid venían de antes. En enero de
2013, los Hospitales Madrid, formados por tres centros privados de la
Comunidad, firmaron un convenio con el Centro de Transfusión de la
Comunidad. Cruz Roja, su antiguo suministrador de sangre, se quedó al
margen.
Para María Viedma, otra trabajadora del centro, éste es uno de
los orígenes del convenio. “Esto es un rescate a Cruz Roja. Cruz Roja lo está pasando mal, pierde Hospitales Madrid, tiene problemas, entonces han llegado a un acuerdo: yo te dejo esto, pero a cambio tú me dejas esto otro”.
En la Comisión de Sanidad de la Asamblea de Madrid, reunida el 5 de marzo, Enrique Normand, de UPyD, sostenía que “el
convenio no surge por una necesidad del Servicio Madrileño de Salud,
sino para que Cruz Roja siga teniendo un papel en la donación de sangre”
ante la posibilidad de que otros centros siguieran el ejemplo de los
Hospitales Madrid. “Es una decisión política para compensar a Cruz
Roja”, resume Viedma.
En el caso de otras concesiones recientes a empresas privadas, como es el caso de la limpieza y las cocinas en hospitales públicos
madrileños, que han sido entregadas este año a Ferrovial, de Rafael del
Pino, y a ACS, de Florentino Pérez, las conexiones con el PP saltan a
la vista. Pero en el caso de Cruz Roja, una institución en principio
humanitaria y sin fines de lucro, estos nexos no parecen tan evidentes. O
tal vez sí. (...)
El presidente de Cruz Roja Española desde 1994 es Juan Manuel Suárez del Toro, uno de los implicados en el Caso Bankia,
que “compatibilizaba hasta hace unos meses su cargo retribuido en esta
ONG con la presidencia de Caja Canarias y con su pertenencia al Consejo
de Administración de BFA/Bankia”, según denunciaban desde la
Federación de Asociaciones en Defensa de la Sanidad Pública (FADSP).
El sueldo de Suárez del Toro en Bankia en 2011: 235.000 euros. Lo que
dijo en la Audiencia Nacional cuando fue el primero en testificar por el
vaciamiento de la entidad: que no tenía conocimientos suficientes para
entender los balances de los bancos dada su condición de ingeniero.
“Pasarle el negocio de la sangre a un banco o a una constructora
chirría mucho, es más vendible que sea Cruz Roja quien lo haga”, afirma
Antonio Gómez, de CAS Madrid. Algo que no impide que luego sea
nuevamente traspasado a otras empresas privadas.
Y pone como ejemplo las
mamografías, desde hace años transferidas a la Asociación Española
contra el Cáncer: “¿Quién se ha enterado de que las mamografías han pasado de esta ONG al grupo privado Capio?”.
Marciano Sánchez, de FADSP, comparte esta preocupación sobre el
futuro: “Todo lo que sea sacar del control público la donación de sangre
le interesa a las empresas privadas del ramo”. (...)" (Diagonal, 07/04/2014)
"Grifols, el imperio de los derivados de la sangre.
(...) Esta multinacional, que provee de hemoderivados a los hospitales
estadounidenses, sería una de las más beneficiadas si el Estado español
se empeña en seguir los pasos de EE UU, donde las donaciones de sangre
están completamente privatizadas. En este país, Grifols paga 50 dólares a
los donantes por un litro y medio de plasma sanguíneo, un ingreso extra
para los habitantes más pobres del país.
Una idea que el presidente de
la compañía, Víctor Grifols, intenta replicar en España: “Si pudiéramos
tener centros de plasma, podríamos pagar 60 euros por semana, que
sumados al paro son una forma de vivir”. (...)
La Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública (FADSP) denuncia que el convenio entre la Comunidad de Madrid y la Cruz Roja abre la puerta a la “mercantilización” de la sangre:
“El convenio obliga a Cruz Roja a suministrar una determinada cantidad
al sistema público.
No lo dice de forma explícita, pero si sólo lo
obliga a una cierta cantidad se infiere que todo lo que se consiga por
encima de eso podrá utilizarlo con otros fines”, afirma Marciano
Sánchez, de FASDP, en referencia a las empresas privadas del sector, en
concreto a quien tiene el monopolio en España, la compañía Grifols.
El 85% del plasma que utiliza Grifols proviene de EE UU, país en el
que cuentan con 147 centros de donación y donde llegan a recaudar 6,5
millones de litros de plasma cada año. Desde allí, el plasma se envía a
cuatro centros de procesado: Clayton, Los Ángeles, Melville y Barcelona.
El 15% restante proviene del Estado español y de la República Checa.
“Aquí, en el Centro de Transfusiones de la Comunidad de Madrid, hay un
acuerdo con Grifols: el Centro de Transfusión envía el plasma a
Grifols y se produce un trueque en el que Grifols devuelve derivados
plasmáticos, pero se queda con una parte de estos derivados obtenidos
del plasma”, dice Sonia Palazuelos, trabajadora del centro e
integrante de Adecetma.
Este acuerdo “está regulado en un contrato marco
con la Consejería de Sanidad. Este trueque evita que se pueda hablar de
lo que se paga por lo que, en última instancia, es un derivado de la
sangre”, resume. (...)
¿Y por qué podría interesarle a una compañía como Grifols que las
donaciones de sangre se abran al sector privado? La respuesta a esta
pregunta puede provenir de las nuevas terapias celulares, que necesitan
de mayores cantidades de plasma.
Y ésta parece ser la apuesta de la
compañía, sobre todo si analizamos las empresas que ha comprado el año
pasado. Así lo confirman las declaraciones de Víctor Grifols: “Si las
actuales investigaciones en células madre para combatir la enfermedad de
Alzheimer fructificaran, la demanda de plasma se multiplicaría por 28.
¿De dónde lo sacaríamos?”. (Diagonal, 07/04/2014)
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