"La cifra que figura en el título de este artículo es la correspondiente
al muy publicitado y poco entendible déficit de tarifa del sistema
eléctrico. Considerada en bruto, es como para echarse a temblar. Es
descomunal y asombrosamente parecida a la que nos ha costado el agujero de Bankia (22.500 millones de euros, en números redondos). (...)
En los últimos meses, producto de la alarma y el enfado que generan
entre la ciudadanía las subidas sistemáticas del recibo de la luz, los
tertulianos, que de todo saben y sobre lo que todo pontifican, nos han
explicado en qué consiste el déficit de tarifa de ese recibo; con escaso
éxito, a mi entender. (...9
La primera pregunta que surge de modo inmediato, a la vista de la
cifra que preside éste artículo es: ¿son inviables las compañías
eléctricas? Según parece no. En un artículo publicado al final del año pasado,
se constata que las empresas del sector eléctrico español son las más
rentables del ramo en Europa.
Es más, durante la crisis, esas empresas
han aumentado sus ingresos de manera significativa y su cuenta de
resultados está de lo más saneada, tal y como se recogió en otro
artículo publicado también al final del año pasado en éste mismo periódico.
Entonces, vistos unos números tan alentadores -sobre todo para los
accionistas-, ¿cómo es posible que tengan ese déficit? Formulada en
otros términos la pregunta, ¿el déficit de tarifa es un dinero que han
perdido las compañías eléctricas? No, en realidad es un dinero que todavía no han ingresado
¿Por qué? Porque ese déficit es “regulatorio”, no económico. Es decir,
ese déficit es supuesto, aunque admitido como real por los sucesivos
Gobiernos que se han enfrentado con esta cuestión.
Producir energía en este país ha estado subvencionado, primado,
favorecido y cuantos sinónimos se le ocurra a usted añadir,
prácticamente desde que dejamos de alumbrarnos con antorchas y empezamos
a hacerlo con bombillas.
Fruto de ese trato de privilegio que los
partidos políticos, cuando están en el poder, brindan a las grandes
empresas del sector, desde hace décadas se vienen dictando normas,
promulgando decretos, publicando subvenciones, etc., donde se establecen
y fijan los derechos de cobro que el Estado reconoce que debe tener una
determinada empresa por generar electricidad en alguna de sus
diferentes variantes (nuclear, hidráulica, térmica, solar,…) en función
de diversos factores, entre otros, las inversiones que debe realizar
para levantar una planta donde se produzca la energía.
En algunas
ocasiones, esos derechos de cobro se ajustan a los costes que las
empresas tienen; pero en otras, están muy por encima de los costes
reales, según las tecnologías.
Nosotros pagamos los costes reconocidos
-que no siempre son reales, insisto- en el término fijo del recibo de la
luz, los denominados “peajes”, que incluyen otro sinfín de capítulos y
sobre lo que ya escribí recientemente en éstas mismas páginas.
Luego, en la parte variable del recibo, en la célebre subasta -que
también expliqué en el artículo mencionado-, se fija el precio al que
nos venden la electricidad. En teoría, si todo funcionara a satisfacción
de las compañías eléctricas, la subida de ambas partes del recibo
debería ser la misma o muy similar, con objeto de satisfacer los
derechos de cobro mencionados en el párrafo precedente.
Pero sucede que
la parte fija del recibo es la que utilizan los gobiernos de turno, sean
del PP o del PSOE, para evitar subidas excesivas -mal vistas por los
electores-, por lo que los incrementos son casi siempre inferiores a los
que, en teoría, deberían determinarse para retribuir adecuadamente
tales derechos de cobro. Esa diferencia entre lo que debería haber
subido la parte fija del recibo y lo que en realidad sube, es la que va
generando el llamado déficit de tarifa.
Pero fíjese usted bien, honrado
contribuyente, a pesar de la asimetría en los términos de subida del
recibo, las empresas eléctricas no van a dejar de ingresar ese dinero,
simplemente lo que sucede es que no lo ingresan en ese momento,
difiriéndose su pago. Al día de hoy ya estamos pagando parte de ese
déficit, puesto que en la parte fija del recibo va incluido otro
capítulo -¡uno más!- destinado a financiar el mismo. Con bastante
probabilidad, nuestros hijos y nuestros nietos lo seguirán haciendo en
el futuro.
No obstante, si la cantidad que aún no han ingresado es tan enorme
(recuerdo: 26.000 millones de euros) ¿cómo es posible que tengan tantos
beneficios? Pues porque además de que los costes reales de generación
son menores que los reconocidos, tal y como acabo de explicar, resulta
que la electricidad que producen nos la venden a unos precios muy
superiores a los que cuesta en realidad obtenerla.
En efecto, tras el
proceso de fijación del precio de la electricidad en la subasta, en la
gran mayoría de las ocasiones el resultado de la misma es que el precio
de venta es superior, o muy superior, al coste de generación.
En
consecuencia, las compañías eléctricas tienen unos márgenes de beneficio
realmente muy suculentos, como se puede comprobar en la imagen
siguiente, que ya se publicó a finales del año pasado:
En la gráfica, la línea A indica cómo ha evolucionado el precio real
de la electricidad desde mediados de 2009, es decir lo que costó
realmente generarla. De otra parte, la línea B indica el precio de la
electricidad que se ha ido fijando trimestre tras trimestre como
resultado de la subasta y que es el precio al que la hemos pagado cada
vez.
Si se detiene usted un rato a ver las diferencias entre una línea y
la otra, mes a mes, se dará cuenta de las diferencias entre ambas y por
consiguiente, de cuál es el margen de beneficio. Ahí tiene usted una
más de las razones por las cuales es improbable que nos veamos reducidos
a la necesidad de comprar leña para estar calentitos o freír nuestros
filetes.
Termino con dos noticias, una buena y otra no tanto. La primera,
respondiendo a la pregunta que abre éste artículo: no hay que rescatar a
las compañías eléctricas y por lo tanto, no debemos asustarnos, querido
contribuyente, no van a declararse en quiebra mañana. ¡Albricias!
La segunda, algo peor: tanto nosotros como nuestros herederos
tendremos que pagar tarde o temprano esa cantidad de manera que, a
efectos prácticos, viviremos un rescate real, aunque no nos lo
presentarán así.
Ya sabemos que en éste país, hay grandes artífices de
la venta de humo, en sus diferentes tonalidades y fragancias. Y
seguramente, nos lo venderán en diferido, esa singular forma de venta a
plazos de la que tenemos tan selectos/as y afamados/as profesionales." (Ignacio Mártil, Catedrático de Electrónica, Econonuestra, Público, 12/05/2014)

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