"El tratamiento que en España se viene dando al problema del desempleo y a
las cifras del paro demuestra bien a las claras la profunda miseria
moral y la quiebra política en la que nos encontramos.
Tanto tiempo
falseando las cifras, ocultando su impacto y desvirtuando sus efectos
para quienes carecen de empleo, que hemos terminado por aguantar con
resignación cantidades enormes de mentiras, de infamias y de indignidad
que han acabado por impermeabilizarnos moralmente.
(...) el paro tiene responsables muy concretos, con nombres y apellidos. (...)
Los mismos que al ser preguntados por su opinión sobre las cifras de la
última EPA que recogen 5.933.390 parados declaran sentirse “muy contentos”,
algo que pasará a la historia mundial de la infamia.
Los mismos que se
empeñan en vendernos una grandiosa recuperación económica en España
basada en la adulteración de cifras y estadísticas, mientras los bancos
de alimentos y los comedores sociales se encuentran repletos de
necesitados. (...)
La sociedad en España vive una situación de auténtica emergencia a la
vista de la persistencia, la profundidad y la magnitud alcanzada por el
desempleo, y esto es algo que no admite matices ni interpretaciones.
Pero, siendo éste uno de los mayores problemas que tiene España, quienes
deberían afrontarlo no lo hacen porque ni si quiera reconocen la
magnitud del problema y sus devastadores efectos entre los ciudadanos. (...)
Pero, ¿cómo se puede haber alcanzado en este país tal grado de
perversión sobre un problema tan sobrecogedor para tantos millones de
personas y familias? Sin duda, ello es el resultado del colapso moral y
político sobre el que avanza este país, que va mucho más allá de una
crisis de deuda o financiera, al haber perdido nuestros responsables
políticos toda empatía hacia los ciudadanos.
Solo así se pueden entender
tantas barbaridades, tanto desprecio y tanta infamia como se comete en
cuestiones tan esenciales como son el paro y el empleo. Y solo así se
puede comprender también que no se pongan en marcha medidas urgentes y
excepcionales a la altura de la gravedad de la situación planteada y con
toda la energía, recursos y esfuerzos necesarios, una gran estrategia
para la creación de empleo estable y de calidad.
Mientras, en lo que se
viene trabajando es en la progresiva corrosión del empleo para hacerlo
cada vez más precario, cada vez más barato y cada vez más inestable,
como si de una gigantesca máquina de picar carne se tratara. (...)
Ahora bien, ese valor de indignación ciudadana en todos aquellos que
sufren el desempleo se transforma en no pocas ocasiones en pasividad,
cuando no en apoyo hacia los responsables de su situación, como si
viviéramos bajo una gigantesca anestesia que nos lleva a tener un
síndrome de Estocolmo colectivo hacia nuestros verdugos. Si los parados
se rebelaran, no habría fuerza que los detuviera, mientras tanto, los
poderes económicos y políticos juegan con su indefensión.
Todos aquellos que tienen los medios políticos, económicos y materiales
para reducir el paro en España tienen la obligación de hacerlo y las
instituciones tienen que desplegar todas sus competencias para que así
sea.
No es aceptable que sigamos llamándonos país y Estado mientras
dejamos en la cuneta, fuera de la sociedad, a millones de personas a los
que condenamos a no tener vida, a no tener futuro, a un sufrimiento
infinito. Maldita infamia del paro. Una y mil veces maldita." (Carlos Gómez Gil, Rebelión, 06/05/2014)
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