6.5.14

El paro tiene responsables muy concretos, con nombres y apellidos. Los mismos que declaran sentirse “muy contentos” con los datos de la EPA, algo que pasará a la historia mundial de la infamia

"El tratamiento que en España se viene dando al problema del desempleo y a las cifras del paro demuestra bien a las claras la profunda miseria moral y la quiebra política en la que nos encontramos.

 Tanto tiempo falseando las cifras, ocultando su impacto y desvirtuando sus efectos para quienes carecen de empleo, que hemos terminado por aguantar con resignación cantidades enormes de mentiras, de infamias y de indignidad que han acabado por impermeabilizarnos moralmente.

 (...) el paro tiene responsables muy concretos, con nombres y apellidos. (...)

Los mismos que al ser preguntados por su opinión sobre las cifras de la última EPA que recogen 5.933.390 parados declaran sentirse “muy contentos”, algo que pasará a la historia mundial de la infamia.

 Los mismos que se empeñan en vendernos una grandiosa recuperación económica en España basada en la adulteración de cifras y estadísticas, mientras los bancos de alimentos y los comedores sociales se encuentran repletos de necesitados.  (...)

La sociedad en España vive una situación de auténtica emergencia a la vista de la persistencia, la profundidad y la magnitud alcanzada por el desempleo, y esto es algo que no admite matices ni interpretaciones. Pero, siendo éste uno de los mayores problemas que tiene España, quienes deberían afrontarlo no lo hacen porque ni si quiera reconocen la magnitud del problema y sus devastadores efectos entre los ciudadanos. (...)

Pero, ¿cómo se puede haber alcanzado en este país tal grado de perversión sobre un problema tan sobrecogedor para tantos millones de personas y familias? Sin duda, ello es el resultado del colapso moral y político sobre el que avanza este país, que va mucho más allá de una crisis de deuda o financiera, al haber perdido nuestros responsables políticos toda empatía hacia los ciudadanos.

 Solo así se pueden entender tantas barbaridades, tanto desprecio y tanta infamia como se comete en cuestiones tan esenciales como son el paro y el empleo. Y solo así se puede comprender también que no se pongan en marcha medidas urgentes y excepcionales a la altura de la gravedad de la situación planteada y con toda la energía, recursos y esfuerzos necesarios, una gran estrategia para la creación de empleo estable y de calidad.

 Mientras, en lo que se viene trabajando es en la progresiva corrosión del empleo para hacerlo cada vez más precario, cada vez más barato y cada vez más inestable, como si de una gigantesca máquina de picar carne se tratara.   (...)

Ahora bien, ese valor de indignación ciudadana en todos aquellos que sufren el desempleo se transforma en no pocas ocasiones en pasividad, cuando no en apoyo hacia los responsables de su situación, como si viviéramos bajo una gigantesca anestesia que nos lleva a tener un síndrome de Estocolmo colectivo hacia nuestros verdugos. Si los parados se rebelaran, no habría fuerza que los detuviera, mientras tanto, los poderes económicos y políticos juegan con su indefensión.

Todos aquellos que tienen los medios políticos, económicos y materiales para reducir el paro en España tienen la obligación de hacerlo y las instituciones tienen que desplegar todas sus competencias para que así sea. 

No es aceptable que sigamos llamándonos país y Estado mientras dejamos en la cuneta, fuera de la sociedad, a millones de personas a los que condenamos a no tener vida, a no tener futuro, a un sufrimiento infinito. Maldita infamia del paro. Una y mil veces maldita."            (Carlos Gómez Gil, Rebelión, 06/05/2014)

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