"(...) La periferia europea está agobiada por pasivos inmanejables y ha
quedado sometida a las exigencias de los acreedores. Su situación se
asemeja a los padecimientos sufridos por América Latina en los momentos
de mayor endeudamiento.
Los mismos excedentes de liquidez y
mercancías que Estados Unidos colocaba entre sus vecinos del Sur en años
80 y 90, fueron transferidos por Alemania a las economías más frágiles
del Viejo Continente. Ambas potencias utilizaron formas semejantes de
endeudamiento público para descargar sobrantes de mercancías y
capitales.
Esta traslación socavó la estabilidad fiscal de las regiones
dependientes y derivó en ajustes muy similares. El FMI monitoreaba los
recortes de América Latina y ahora repite esa supervisión en una Troika
compartida con la Comisión Europea y el BCE. Sólo han cambiado las
victimas y la localización de un mismo proceso.
El desastre es
mayúsculo en varios casos. Grecia sufre un colapso superior al padecido
por Argentina en el 2001, tanto en el desplome de su producto (el doble
del derrumbe pos- convertibilidad), como en la magnitud del
endeudamiento (169% frente a 150% del PBI). El desempleo promedia el 27%
y alcanza el 58% en la juventud, en un escenario de depresión sin fin [16].
La Troika no expulsó al país del euro pero tampoco lo financia.
Mantiene una soga corta para imponer el ajuste perpetuo con
inverosímiles promesas de mejoría futura. Al cabo de una promocionada
renegociación de la deuda, el pasivo fue reducido en un irrisorio 10%.
A Irlanda no le va mejor.
Durante una década el país fue exhibido como
el “modelo más exitoso de neoliberalismo” y desde hace cuatro años
soporta un ajuste sin pausa. El consumo se ha desplomado (12% inferior
al 2007) y los recortes no han reducido la deuda pública que continúa
por encima del 120% del PBI.
En Portugal la derecha y los
social-liberales se alternan en el gobierno para introducir nuevos
recortes, al concluir cada ronda de negociación de la deuda. Con el
tercer rescate de los bancos el país quedó vaciado de reservas, mientras
se multiplica el desempleo. Europa Oriental sufre una gran emigración
de la población desocupada y soporta tasas de pobreza semejantes al
Tercer Mundo.
El destino de dos paraísos financieros ilustra
quién carga con las consecuencias de la crisis. En Islandia se
privatizaron las entidades para atraer capitales a dos bancos, que
recaudaron fondos equivalentes a 10 veces el PBI de la isla. Cuando
colapsaron el FMI intentó transferir el desfalco a una población que
impidió el atropello.
También en Chipre se buscó penalizar a
los pequeños depositantes por la quiebra de los bancos. La resistencia
social y el temor a una corrida en otros mercados liberalizados
obligaron a limitar esa confiscación. Pero el precedente de una
expropiación directa de los ahorristas quedó flotando como un recurso
para el futuro.
La moneda común opera en toda la Eurozona como
una convertibilidad forzosa, que consolida las ventajas de las economías
avanzadas al impedir el uso de las devaluaciones para recomponer la
competitividad.
Los países más endeudados son forzados a
reducir su déficit fiscal y su desbalance comercial. Como utilizan la
misma moneda que el resto para gestionar productividades, salarios y
tasas de inflación muy diferentes, soportan una gran hemorragia de
recursos hacia el centro. (...)" (Claudio Katz, Rebelión, 06/05/2014)
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