"(...) Aurelia enseña la montaña de informes médicos y derivaciones a varios hospitales de su amigo Jolly Bolisay,
diagnosticado con un cáncer de pulmón y que falleció.
Jolly ingresó en
noviembre de 2013 en el Hospital de Terrassa, donde recibió una parte
del tratamiento. Dada su buena evolución, se le dio el alta para que
prosiguiera con un control ambulatorio.
"Le dijeron que en una
semana debía ver a su oncólogo para la quimioterapia", cuenta Aurelia.
Allí empezó el calvario de Jolly; al no tener la tarjeta sanitaria, no
podía solicitar visita con un oncólogo y proseguir con su tratamiento.
"Necesitaba la tarjeta sanitaria y el empadronamiento", recuerda Aurelia.
Jolly se fue a casa y, a finales del mes de noviembre, cuando se
encontró mal, volvió a urgencias, en Pere Camps, donde se le recomendó
de nuevo visitar a su oncólogo para el tratamiento. Regresó otra vez a
casa sin poder ir al especialista y a finales de diciembre acudieron a
urgencias de nuevo, esta vez al Hospital del Mar.
"Como tenía mucho
dolor llamé a una ambulancia y ellos no nos preguntaron por la tarjeta
sanitaria. Vieron que estaba muy mal y lo ingresaron. Luego sí que le
dieron visita en consultas externas". El último ingreso se realizó a
finales del mes de enero. "En noviembre me dijeron que le quedaban dos
años de vida y falleció en seis meses. ¿Qué puedo hacer?". Explica que
en el hospital todavía no han establecido la causa exacta de su
fallecimiento.
Aurelia cuenta
que su amigo llevaba más de veinte años en España, había trabajado en
la construcción y había tenido la tarjeta sanitaria. Al no renovar el
permiso de residencia, automáticamente se le canceló la antigua tarjeta
sanitaria. Según la Instrucció 10/2012, para tramitar una nueva tarjeta
sanitaria debía actualizar su empadronamiento y demostrar una antigüedad
en el padrón de un mínimo de tres meses.
A Jolly la burocracia le había
declarado la guerra. Su pasaporte, requisito imprescindible para el
empadronamiento, había caducado y tardaba dos meses en tramitarlo.
Formalizar todos los trámites hubiera supuesto unos seis meses de
espera. En todo este periodo no podía acudir a un oncólogo, solo al
servicio de urgencias.
El endocrinólogo Jesús Blanco, de la Plataforma per una atenció sanitària universal a Catalunya (PASU_CAT),
considera que en el caso de exclusión sanitaria de los pacientes
crónicos se incumplen incluso las previsiones del Real Decreto 16/2012.
"Se afirma que el paciente tiene derecho a ser atendido a través de
urgencias hasta el alta médica, que no es el alta hospitalaria. El alta
médica de un proceso, por ejemplo, si te diagnostican un cáncer, es el
alta médica del cáncer, no de las urgencias", explica Blanco.
El
médico señala que la ley, en un principio, cubre y garantiza la atención
en urgencias y las necesidades derivadas de esta atención. "Cosa que no
se está cumpliendo", apunta. "Cuando acaba la atención en urgencias te
mandan a tu médico de cabecera o a tu especialista, pero sin tarjeta
sanitaria no te dan visita con este médico".
Así, los pacientes crónicos sin tarjeta sanitaria van de una puerta a otra y lo único que pueden hacer es volver a urgencias.
"No hay ningún tipo de excepción para ellos y en urgencias no se
atienden dolencias crónicas. Si en urgencias llega un señor con
hipertensión mal controlada, pues, aparte de tratarlo en ese momento, no
le aplicas tratamiento a largo plazo.", explica a Público Jesús Blanco. (...)" (Público, 03/04/2014)
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