Juan David García y su esposa, Neus Mulet, ayer ante su casa. / JOSEP LLUÍS SELLART
"Juan David García, de 55 años, y Neus Molet, de 41, ambos
minusválidos y residentes en la urbanización Las Pedreras del municipio
de Santa Oliva (Baix Penedès), prefirieron ayer saltarse la rutina y no
llevar ellos mismos al colegio a su hijo, de 5 años.
Pidieron que en su
lugar lo hiciese un conocido de la familia mientras el matrimonio se
quedaba apostado en el rellano de la casa, entre rosales y jaulas de
aves, esperando el momento en que llegase el motivo por el que no habían
podido dormir las pasadas madrugadas: el tercer intento de desahucio de
su vivienda por impagos.
“¿Papá, ¿me vendrás a buscar después del cole?’, me ha preguntado. Y
yo le he dicho que sí porque no quiero que sepa nada de todo esto,
aunque no sé dónde dormiremos esta noche”, explicó García, que se
desplaza en silla de ruedas y sufre una minusvalía del 70%. Su mujer
tiene una ceguera del 90%.
Ambos son vendedores de cupones de la ONCE
desde hace más de dos décadas y tienen además otra hija, de 17 años, que
se encuentra ingresada en un centro de rehabilitación. Poco antes de
las diez de la mañana casi un centenar de miembros de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH),
vecinos, el abogado de la familia, e incluso la alcaldesa del municipio
y el concejal de Servicios Sociales se desplazaron hasta la vivienda.
Molet tocaba sus rostros, temblorosa. “Así sé con quién estoy hablando,
muchas gracias por ayudarnos, me siento pisoteada, tener vivienda es un
derecho”, exclamaba.
El matrimonio, al que cortaron la luz hace meses, acumula graves
deudas. Tenían una finca, pero hace ocho años solicitaron un crédito
puente para comprar una vivienda y adecuarla a sus circunstancias.
“Formalizaron un préstamo hipotecario de reunificación de crédito de
225.000 euros, pagaban unos 1.300 euros mensuales”, explicó el abogado
de la familia, Pere Banús. En 2011 las situación económica de la pareja
empezó a torcerse, no pudieron hacer frente a las cuotas y ahora el
banco Primus les reclama la casa y las deudas. “El banco ya no tiene
oficinas aquí, solo un despacho de abogados en Madrid y procuradores que
se encargan de cobrar y desahuciar, no hay intermediarios”, detalló
Banús.
La pareja acude cada día a su puesto de trabajo, pero apenas venden
cupones. “Si me engañan con un billete tengo que ponerlo de mi
bolsillo”, contó Molet. Una mujer va a su casa una vez por semana a
realizar tareas de limpieza. “Ella no ve ni las manchas del suelo, y yo
así como estoy no puedo hacerlo. No sabía que la deuda que firmé era tan
elevada”, añadió el marido.
Cuando llegó la comitiva judicial, la marea de manifestantes se afanó
en cerrar con llave la vivienda al grito de: “¡Sí, se puede!”. Y la
presión surtió efecto. “Hemos venidos a negociar, lo que no vamos a
hacer desde el Ayuntamiento es echar a nadie de su casa”, aseguró a la
secretaria judicial el edil de Servicios Sociales de Santa Oliva, Miquel
Vera, mientras la alcaldesa, Isabel Cubero, cogía de las manos a Molet
en la entrada de la vivienda. Un furgón de los Mossos d’Esquadra estaba
aparcado cerca.

No hay comentarios:
Publicar un comentario