27.5.14

Podemos ilumina y acelera una mutación que llevábamos décadas esperando

"(...) Lo que demuestran los resultados es precisamente que Europa no existe y no ha existido nunca y que su propia heterogeneidad, potencialmente peligrosa, abre también posibilidades, al menos en el sur, a una intervención desde la izquierda.

 Con todas las reservas, creo que Podemos ha tocado la tecla adecuada y no se puede dejar de recordar que su crecimiento ha sido mucho más rápido y musculoso que el de cualquier fuerza de la ultraderecha europea. No es ni mucho menos una victoria, pero es una muy buena noticia y tan absurdo sería dejarse llevar por la euforia como negar su importancia, que muy pocos -en la derecha y la izquierda- habían sabido anticipar.

Eso dice ya mucho de Podemos: nadie contaba con ellos. Nadie contaba, en realidad, con aquéllos con los que no contaba nadie, con todos aquellos que el doble bipartidismo español (el del PP-PSOE, pero también el de IU-Izquierda Radical) había dejado fuera y que ahora han visto en Podemos, de pronto, como quien ve la palabra en la sopa de letras, un vehículo con tres marchas que ya ninguna otra caja de cambios (ni las de los grandes camiones ni las de las pequeñas motos) permiten: indignación, ilusión y política. 

Es una combinación potencialmente peligrosa pero también potencialmente ganadora, como así lo demuestra el hecho de que en solo tres meses Podemos haya pasado de la inexistencia a convertirse en la cuarta fuerza política del país.

No se trata sólo de ganar: cualquier PP, cualquier PSOE puede hacerlo. Pero se trata de ganar: eso IU no puede hacerlo. Ganar y no sólo ganar es el desafío de Podemos a partir de ahora: movilizar la indignación sin vaciarla de contenido, no matar la ilusión con demasiada “política”, hacer política con los círculos y desde ellos.

 Hay cosas de Podemos que no me gustan, pero he llegado a una edad en que me fío poco de lo que me gusta; lo que me gusta ha introducido efectos tan poco positivos en este mundo -por no hablar de los negativos- que casi me ocurre, al contrario, que basta que una cosa no me guste del todo para concluir que algo tendrá de bueno.

 No estoy dispuesto ya a defender lo que me gusta, que tan malos resultados ha dado, y sí a defender cosas que me gustan menos, pero que pueden llegar objetivamente más lejos. No se trata sólo de ganar, pero para ganar habrá que correr riesgos a nivel de significante, buscar ambiguos y hasta peligrosos enganches formales y culturales con las mayorías sociales, dejar los elitismos doctrinales. 

Se trata de ganar, sí, pero para no-sólo-ganar, para que gane la izquierda -y no otro PSOE- habrá que recordar siempre los motivos por los que el 15-M gritó “no nos representan” y no hacer concesiones ni de contenido ni de práctica política.

 Todo es negociable, salvo la indignación, la ilusión y la política de la gente, gente que debe ser siempre la única dueña del proyecto si no queremos que vuelva a encerrarse en sus casas, retorne al redil del bipartidismo o -aún peor- se entregue al leviatán del populismo fascista.

No puedo ocultar mi alegría por los resultados de Podemos. Por ellos mismos, sí, pero también como síntoma. Podemos ilumina y acelera una mutación que llevábamos décadas esperando y que llega cuando tenía que llegar: cuando mayor es el peligro.

 Por eso mismo, y como recordaba Pablo Iglesias en la fiesta electoral, aún no se ha ganado nada; todo sigue igual que ayer y todo va a empeorar; y tan grande es la posibilidad de ser derrotados como real es la posibilidad -que por primera vez existe- de doblar el curso de la historia. Hay que exigir y demostrar, por tanto, el más alto grado de responsabilidad, madurez, compromiso y honestidad. Las elecciones europeas son en realidad el verdadero comienzo."              (Santiago Alba Rico, Cuarto Poder, Rebelión, 27/04/2014)

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