"(...) Sólo la Liga Norte, siguiendo el ejemplo de Marie Le Pen en Francia,
pide la salida de Italia de la moneda única, rellenando un vacío que, en
mi opinión equivocadamente, ha dejado la izquierda en este terreno.
A
ver, a ver. Has dicho: rellenando un vació dejado, “en mi opinión
equivocadamente”, por la izquierda. Te explicas un poco más por favor.
¿Estás hablando de la salida del euro impulsada o vindicada por la
izquierda?
Todos los países del sur, y la misma Francia,
deben de salir del euro como medida insuficiente pero necesaria para
salir del atolladero en que están metidos. Es más, soy de la opinión de
que la pregunta correcta no es si deben salir o no, sino cuándo y cómo,
porque el euro realmente existente está destinado a implosionar por
insostenible.
Tiene razón el economista Costas Lapavitsas cuando afirma
que el euro es un proyecto que ya ha fracasado en la medida en que,
lejos de impulsar la convergencia económica entre los países del norte y
el sur del continente, ha provocado una fuerte divergencia y una
inaceptable dinámica política por la que un “centro” (Alemania) impone diktats a una “periferia” (los países del sur).
En realidad, el euro es un marco alemán devaluado, esto es, una moneda
demasiado fuerte para los países del sur, y demasiado débil para
Alemania. La moneda única, pues, ha permitido a los alemanes solucionar
el histórico problema de la apreciación del marco a causa del empuje
exportador de sus empresas.
Tienen una moneda artificialmente débil que,
junto a la devaluación interna impulsada por el gobierno de Schröder
(como parte de la “Agenda 2010”) y una tasa de inflación inferior, les
ha permitido acrecentar su competitividad, acumular unos niveles de
superávits enormes (que corresponden a los déficits de las economías del
sur) y enjaular el resto de las economías europeas.
Cuando alguien dice
que un país como Italia, en caso de salida del euro, debería devaluar
su nueva moneda un 20% respecto al euro, se refiere a un hecho tan
simple como que el euro actual es una moneda, digámoslo así,
“equivocada” un 20% respecto a las características de la economía
italiana. Y ninguna economía es capaz de recuperarse de una crisis tan
profunda con tamaño “hándicap”.
Con todo, el problema del euro no atañe a lo estrictamente monetario.
¿Y por qué no?
Junto a la moneda, va todo un “pack” de parámetros económicos
neoliberales sobre inflación, deuda y déficit públicos, que no tienen
ningún fundamento racional y que impiden cualquier tipo de política
anticíclica y de izquierdas.
En la práctica, nos encontramos ante una
situación en que, con el tipo de cambio fijo, sin poder contar con un
Banco Central que garantice la deuda pública, con un nivel de deuda
exterior y privada preocupante, y sin ni siquiera la posibilidad de
imaginar una política industrial socialmente avanzada y ecológicamente
sostenible a causa de la imposición de la “regla de oro”, el destino de
los trabajadores de los países del sur es terriblemente oscuro.
Hasta ahora, la mayor parte de la izquierda europea se ha negado a
tomar en consideración la idea de disolver esta unión monetaria
disfuncional y perjudicial para las clases subalternas.
El problema es
que el proceso de unificación políticofiscal de la eurozona, que sería
la única manera para volver sostenible este euro para todos, está
completamente estancado y nadie, empezando por el gobierno de Alemania,
ha dado señales al respecto. Todo lo contrario: se sigue reforzando el
sistema del euro tal y como lo conocemos.
Sin embargo, para la izquierda
la moneda única sigue siendo un dogma pese a la enorme dificultad que
tiene para articular su idea de un “sujeto político europeo”. Por poner
un ejemplo, no disponemos de una esfera pública europea ni de un solo
medio de comunicación común que nos permita elaborar conjuntamente
propuestas eficaces para realidades económicas asimétricas.
Además, no
nos podemos olvidar de que cualquier reforma de los tratados europeos
necesita de la aprobación de todos los países de la UE, por lo que
bastaría con el veto de un solo gobierno de derecha para bloquear
cualquier modificación de los tratados en un sentido progresista.
Por supuesto no se trata de volver al Estado-nación ni de ver la
devaluación de la moneda como la panacea de todos nuestros males, sino
de recuperar los instrumentos económicos básicos para plantear un modelo
productivo de plena ocupación y que encare el problema del declive
energético mundial.
Por ende, de tener instrumentos que nos ayuden a
plantear una política económica favorable a los trabajadores y que sepa
–como recomendó Joan Robinson en los años setenta– qué, cómo y por qué
producir lo que queremos producir. Y eso, con el euro, es imposible, ya
que se trata de una jaula dentro de la cual se produce una inevitable
lucha de todos contra todos a golpes de devaluación interna y recortes
de derechos sociales. En fin, es menester salir de la moneda única.
¿No estamos algo desnudos en este sendero que señalas?
No, no tanto. Para ello, contamos con propuestas y modelos de salida
progresistas y que analizan problemas que preocupan a todos: el control
de la inflación, la redenominación en la nueva moneda de las deudas
contraídas en euros en el país que sale de la moneda única (Lex Monetae),
las medidas para controlar el coste de la energía en la fase de
transición de una moneda a otra, etc.
Sólo hace falta voluntad política
para discutirlas entre todos con vistas a construir una Europa
verdaderamente fraternal y ofrecer un futuro de esperanza a los millones
de parados y precarios del continente.
(...) (Entrevista al historiador Giaime Pala, Salvador López Arnal, El Viejo Topo, en Rebelión, 12/05/2014)
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