"(...) Aquí, mientras las élites patrias muestran su repertorio de “artes malabares” con las estadísticas de crecimiento y empleo, la deuda pública está definitivamente fuera de control.
Lo que empezó siendo una crisis de deuda privada se ha transformado
irremediablemente en un problema de deuda soberana, debido en última
instancia a la defensa de los intereses de las élites bancarias.
Allende nuestras fronteras el optimismo económico se desinfla. Estados Unidos
entra en recesión y los beneficios empresariales de las corporaciones
norteamericanas empiezan a caer, demostrando una vez más que lo único
que los generaba era la demanda del sector público y de las familias. Asia se desacelera, Latinoamérica se frena, y Europa coqueteando con el peor de los mundos, la deflación por deuda.
Y todo ello aderezado con el olor nauseabundo de una política monetaria que genera burbujas y aumenta las desigualdades, el caldo de cultivo para la Segunda Fase de la Gran Recesión (2014-2016) que prevemos. (...)
Los últimos datos conocidos sobre la senda de nuestra deuda soberana, en este caso según el protocolo de déficit excesivo, muestran más de lo mismo. Con Rajoy “el austero” el montante se acumula como nunca, al aproximarse a 1 billón de euros
e incrementarse en más de 250.000 millones. Pero además de estas cifras
se sacan conclusiones interesantes.
Por un lado, el déficit público es
superior al de las cifras oficiales. Por otro, una parte de la deuda
pública es ilegítima. Nos referimos a aquella deuda emitida por las
Administraciones Públicas cuyos fondos se destinan no a sufragar gastos
operativos corrientes o de capital, sino a ser nuevamente prestados a
terceros.
Los beneficiados de estas prácticas son los lobbies de los
distintos oligopolios –bancario, eléctrico, telecomunicaciones,
constructor,…-, esos mismos que generaron la crisis, y reclaman
austeridad para los demás.
Desde estas líneas venimos manteniendo que no hay ningún proceso de
recuperación en ciernes ni lo habrá, mientras no se reduzca de manera
drástica, bien por reestructuración o bien por extinción, el volumen de
deuda total de nuestro país. Olvídense, por lo tanto, de lo que diga el
gobierno de turno, o cualquiera de los instrumentos de control masivo
utilizados por las élites –organismos multilaterales, bancos de
inversión, bancos centrales, agencias de calificación estadounidenses,…-
Fuera no vayan a pensar ustedes que la gente está en la inopia como aquí. Esta misma semana desde un medio nada sospechoso como Bloomberg uno de sus analistas hacía una pieza excelente, que adjunto, sobre la realidad de la deuda pública patria.
Después de analizar las distintas posibilidades de cómo estabilizar la deuda, concluía por descarte que la única opción viable por muy lamentable que sonara era una reestructuración o default de la misma. (...)" (Juan Laborda, Desde la heterodoxia, Vox Populi, 14/06/2014)
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