Sila, con sus hijos, en un piso del bloque de Sabadell. / Cristobal Castro
"Pasan pocos minutos de las cinco de la tarde y empieza se intensifica el
tráfico ante el bloque de Sabadell ubicado en la calle Sant Ferran, el
más grande ocupado por actualmente por la Plataforma de Afectados por la Hipoteca en todo el Estado.
El árabe, el español latino, el marroquí, el castellano y el catalán se
mezclan en el crisol de nacionalidades de los padres que a esa hora
vuelven a casa después de recoger a sus hijos del colegio. Mohamadou
Sila, con sus cuatro pequeños, se paran ante la puerta para saludar y
directamente expresa su preocupación. “Estamos nerviosos, dicen que nos
van a desalojar”.
La inquietud se ha adueñado de este bloque donde viven
146 personas, de las cuales 58 son menores, desde hace unos días,
cuando una juez de Sabadell dictó el desalojo.
Sila abre las puertas de su casa de este enorme bloque con 40
viviendas. Mientras los retoños juegan y saltan sobre las pequeñas camas
que ocupan el comedor, el hombre de 58 años y de origen gambiano
(aunque llegó a la Península hace 26 años y tiene la nacionalidad
española) explica que su vida se truncó al inicio de la crisis. La
fábrica en la que trabajaba cerró y sus problemas económicos se
precipitaron.
Pagaba un piso de propiedad desde hacía 15 años, pero
llegó un momento en que no podía hacer frente a las facturas y el pasado
mes de diciembre consiguió la dación en pago y se trasladó al bloque de
la PAH.
Ahora solo trabaja dos días a la semana. “Con mi sueldo doy de
comer a mis hijos”, tercia. Sila, como sus vecinos piden a la Sareb que
les deje quedarse pagando un alquiler social. “No queremos vivir gratis,
queremos pagar, pero no nos dan la oportunidad”, lamenta.
En el mismo rellano viven Miguel Ángel Mateo y Laura Galindo, que
lucen una camiseta verde con la silueta del bloque. “La hicimos con un
cartón. Estilo MacGiver”, presumen. Mientras los tres niños de entre 5 y
11 años toman la merienda, Mateo explica que llegó a Cataluña a finales
de 2009 desde Jerez de la Frontera, después de que su empresa, dedicada
al montaje de pladur, fuera engullida por la crisis.
Desde
entonces no ha conseguido ningún empleo y dice que no cobra ninguna
ayuda. Los pocos billetes que consigue lo hace gracias al montaje de
ordenadores. “Los vecinos que se dedican a la chatarra recolectan las
piezas y me las traen para que yo las monte”, explica mientras muestra
una montaña de computadores que se amontan en un rincón del comedor.
Su pareja no tuvo mejor suerte y en 2009, después de separarse, dejó
Murcia y volvió a casa de sus padres en Sabadell. Este fue su hogar
antes del bloque de la PAH. Con sus tres hijos y su nuevo compañero,
Miguel, vivían en una habitación, hasta que a los padres también los
atizó la crisis: ambos se quedaron en paro y la hipoteca se hizo
inasumible. Ambas familias viven ahora de las ayudas de los abuelos.
“La
comida la sacamos del Rebost Solidari y la ropa es reciclada”, explica
el hombre, observado por la hija mayor. “Los niños notan los cambios,
sienten como que no tienen un sitio fijo y eso hace que no estén bien en
el cole”, admite el padre, dando la razón a las denuncias de los
profesores que últimamente alertan de las alteraciones emocionales que
los pequeños sufren debido a la situación de pobreza que viven.
“También
perciben la lucha de los padres, como ahora, ven que algo se mueve”,
remacha Mateo.
Los vecinos viven como una comunidad solidaria. “Vivimos como una gran
familia. En casa tenemos un gran congelador, así que guardamos el pan
que nos regalan dos panaderías y cuando alguien necesita pan, viene aquí
y lo coge. Y cuando alguien hace una olla, la hace para varios”,
explica Mateo. La pareja fue de las primeras a ocupar el edificio justo
hace ahora un año.
El bloque llevaba cuatro años vacíos y sus nuevos
inquilinos se quejan del estado en que estaba. “Había humedades y
algunas cosas sin acabar”, explica Mateo enseñando fotos en el
ordenador. “Hemos sido nosotros quien ha rehabilitado el edificio”,
añade.
La planta baja esconde una de las situaciones más dramáticas, si cabe,
del bloque. Es la de Ahmal, una joven marroquí de 30 años que hace dos
semanas llegó al edificio con sus tres hijos y otro en camino. Pero
perdió a su primogénito, que murió de cáncer cuando todavía vivía en
Marruecos.
“Quiero quedarme aquí para que mis hijos tengan una educación
y estén atendidos”, chapurrea la madre en un escaso castellano, pero el
suficiente para reconocer que vive con miedo. “Cuando suena el timbre
me asusto, pienso que es la policía”, apostilla. (...)
Desde el Ayuntamiento de Sabadell piden que se pare el desalojo y
aseguran que han transmitido al juzgado informes sociales explicando
“las fragilidades” de las familias. “La situación de necesidad de
vivienda es dramática y pedimos a aquellos que han sido los culpables de
la crisis, como los bancos, sean ahora parte de la solución. Y sobre
todo la Sareb, que tiene un 40% de participación pública”, reclama Marta
Farrés, concejala de Vivienda. (...)
Los miembros de la PAH han puesto en marcha la maquinaria judicial para
detener el desalojo, que todavía no tiene fecha, solicitado por el
fiscal. (...)

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