"(...) Aparece una nueva diferenciación e irrumpen fuerzas que se
desentienden del principio de realidad y pretenden gestionar únicamente
el principio de placer.
Esto es lo que, a mi juicio, se ha puesto de manifiesto en las
recientes elecciones europeas y que explicaría el éxito de una fuerza
política que se autodefine como gente que puede frente a quienes
administran las limitaciones.
Las partidos clásicos han gobernado y van a
gobernar, por lo que saben de los límites del gobierno y hasta qué
punto pasan factura las promesas incumplidas; pueden incluso detestar al
adversario, pero son también conscientes de que terminarán teniendo que
contar con él para no pocas cosas; saben que representan a la gente
pero que no son la gente, porque en una democracia sólo podemos
pretender hablar en nombre del pueblo de manera representativa, es
decir, sin monopolizarlo, en medio de una pluralidad de voces,
constantemente expuestos a la verificación de tal autoridad.
Pienso que esta es la gran novedad, la nueva ruptura (aunque no
inédita en la historia de la política, ni mucho menos): la escisión de
la responsabilidad y la posibilidad. Frente a lo que suele repetirse, no
es tanto una rebelión fruto del desencuentro entre las élites sordas y
las masas inocentes que desprecian a sus representantes, como parecen
acreditar todas aquellas encuestas que señalan a la clase política como
el principal de nuestros males.
Estos nuevos actores llenan el escenario
de un lenguaje que contrasta con el calculado acartonamiento de los
discursos tradicionales, lo que ejerce un indudable atractivo sobre
buena parte del electorado. Pero, sobre todo, aparecen una multitud de
promesas que son tanto más atractivas cuanto más desprovistas están de
un plan de viabilidad.
Acusarles de bisoñez es una forma de desprecio
que no tiene ningún sentido en el espacio abierto de una sociedad
democrática; la única inexperiencia que les define es que no saben lo
difícil que resulta ser reelegidos y esta experiencia es lo que
proporciona madurez a los actores políticos.
La aparición de lo nuevo es algo tan antiguo como la humanidad. Sólo
la falta de memoria explica nuestro desconcierto o excesivo entusiasmo
ante esta ruptura que forma parte del viejo ciclo de nuestras
democracias.
Esa historia humana impredecible nos enseña que a todo lo
que irrumpe le espera también la contradicción, acechándola como al
resto de los mortales. La historia continúa y el sucederse de las
promesas y las decepciones es su motor. Por eso, bienvenidas sean a la
política las promesas audaces, porque nuestros sistemas políticos
requieren esas sacudidas que ponen de manifiesto que nadie puede
bloquear el acceso de autores nuevos y agendas inusuales.
Es mejor que
estén trabajando en las instituciones políticas que indignados en sus
márgenes. Porque la política es un camino que tarde o temprano nos
conduce a todos a la realidad (...)" (Daniel Innerarity
, El País,2 JUN 2014)
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