"(Los SICAV) Se puede estar a favor o en contra de su existencia, pero por un
tema práctico, de utilidad, pero no porque sean en sí mismas
instituciones perversas.
La perversión comienza cuando las grandes
fortunas del país las usan con fraude de ley para una finalidad distinta
de aquella para la que fueron concebidas, la de administrar su
patrimonio mobiliario, soportando un gravamen muy inferior al que les
correspondería si empleasen una sociedad anónima común.
El fraude de ley
consiste en sortear el requisito de los cien socios mediante la
utilización de testaferros (hombres de paja), que vulgarmente reciben el
nombre de mariachis (derivado de la canción ranchera “Con dinero o sin
dinero…”), de manera que la mayoría de la inversión y el control
absoluto de la entidad lo posee una sola persona o, como mucho, una
familia.
La respuesta lógica se encuentra en la actuación de la Administración
a efectos de perseguir el fraude de ley. En este sentido, la Agencia
Tributaria inició en 2004 distintas inspecciones que dieron como
resultado el levantamiento de actas a una serie de SICAV que se
consideraban fraudulentas por no constituir una institución de inversión
colectiva, sino la tapadera de importantes patrimonios que utilizaban
este instrumento para reducir el gravamen fiscal, o al menos retardarlo
en el tiempo.
Las actas de la inspección elevaban el gravamen desde el 1
% pagado inicialmente hasta el 35%, tipo entonces vigente del impuesto
de sociedades, considerando que estas entidades no cumplían los
requisitos para ser consideradas SICAV, ya que en ningún caso el
inversor había perdido el control del destino de sus fondos, situación
esencial para calificar a una institución de inversión colectiva.
Tales actuaciones levantaron de inmediato todo tipo de reacciones y
presiones encaminadas a arrebatar a la inspección fiscal la competencia
para decidir si una determinada entidad cumplía o no los requisitos para
ser SICAV y entregársela a la Comisión Nacional del Mercado de Valores
(CNMV), que -como ocurre casi siempre con estos órganos tan
independientes, terminan siendo dependientes de los dueños del dinero-
se la suponía más proclive a cierta comprensión de los chanchullos
fiscales.
Siendo ministro de Economía y Hacienda Pedro Solbes y presidente de
la CNMV Manuel Conthe se planteó modificar la ley con esta finalidad,
para lo que se echó mano de CiU, formación política siempre dispuesta a
defender los intereses del mundo económico y que, a través de la
enmienda número 81 a la ley llamada de “Reformas en materia tributaria
para el impulso de la productividad”, establecía una disposición
adicional tercera (nueva), que fue aprobada por las Cortes y por la que
se retiraba la competencia a la inspección de Hacienda, cosa insólita, y
se le atribuía a un organismo que ni forma parte de sus preocupaciones
ni tiene medios para perseguir el fraude fiscal.
Además, se dotaba a la
medida de carácter retroactivo para que las actas de inspección en
trámite quedasen sin efectividad.
Ni que decir tiene que la CNMV no ha
hecho una sola vez la menor intención de declarar fraudulenta a ninguna
SICAV, despojándola, en consecuencia, de su privilegiado régimen fiscal.
Las SICAV continúan siendo, por tanto, el vehículo mediante el cual
la mayoría de los grandes patrimonios en España administran sus
inversiones, librándose casi en su totalidad de la presión de Hacienda.
Pero ello no dice nada en contra de esta figura de inversión colectiva
en sí, sino que tan solo hace patente que el Gobierno de Zapatero, ahora
el de Rajoy y todos los diputados que votaron aquella enmienda (PP,
PSOE, CiU, etc.) tenían y tienen la voluntad clara de permitir que este
instrumento se utilice fraudulentamente a través de testaferros. (...)" (Juan F. Martín Seco, República.com)
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