"(...) Fue hace 43 años, el 17 de junio de 1971, cuando el entonces
presidente de Estados Unidos, Richard Nixon, usó por primera vez el
término guerra contra las drogas, convirtiendo su consumo en el enemigo
público número uno del país.
Desde entonces se ha construido un
multimillonario entramado internacional basado en la tolerancia cero, la
criminalización del uso y posesión de las drogas, el menosprecio de las
políticas de reducción de daños e incluso en la militarización de la
respuesta a los cárteles.
Sirva tan sólo como ejemplo de esta ingente
maquinaria el presupuesto récord de 15 mil millones de dólares
destinados en el año fiscal 2011-2012 por la administración Obama en su
lucha contra el tráfico ilícito de estupefacientes.
Sin embargo, y a pesar de todos los recursos económicos, policiales,
judiciales y políticos destinados a esta “guerra”, los niveles de
adicción, tráfico y violencia siguen aumentando.
En febrero de este año,
Chatham House, un prestigioso think thank británico de
relaciones internacionales, nada sospechoso de coquetear con propuestas
radicales, recogía en un informe denominado Illicit Drugs and International Security: Towards UNGASS 2016
una recopilación de datos que vienen a ratificar esta afirmación. De
todos ellos conviene destacar, si acaso, los más importantes: según la
Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) en
2011 se produjeron 200.000 muertes violentas relacionadas con el tráfico
de drogas. Sólo en México se han registrado 70.000 muertes y 26.000
desapariciones relacionadas directamente con el narcotráfico desde 2006.
En Europa por su parte, se ha registrado un incremento muy
significativo en la demanda de estupefacientes, y en concreto, en el
consumo de cocaína desde la pasada década. Europa cuanta ya con
aproximadamente 4 millones de consumidores habituales de cocaína, siendo
España, Italia y Reino Unido los principales mercados de esta
sustancia.
El valor anual del mercado internacional de la droga
representa, según cifras de la UNODC, 320.000 millones de dólares,
siendo el tercer mercado ilegal más lucrativo después del de las armas y
el petróleo.
Para algunos países menos desarrollados, caso de Guinea Bissau, el
valor de mercado de la cocaína que transita por sus fronteras es muy
superior a todo el producto interior bruto nacional. Además como
consecuencia del efecto trasvase o ballon effect, mientras que
Colombia reducía su extensión de tierra dedicada al cultivo de hoja de
coca en un 58% entre 2000 y 2009, Perú y Bolivia incrementaban esa
extensión de tierra en un 38% en el mismo período.
Otro dato muy revelador es el que se refiere al incremento de la
población carcelaria en Estados Unidos en más de medio millón de
personas (la mayoría población negra y latina) entre 1982 y 2007 debido a
delitos asociados al comercio y tenencia de drogas ilícitas.
Finalmente, y aunque se trate de uno de los datos más complicados de
cifrar, baste como indicador del dinero blanqueado del narcotráfico la
multa récord de 1.900 millones de dólares que en 2012 tuvo que pagar el
banco HSBC por su relación con los principales cárteles mexicanos.
Y aunque hay casos de éxito como el ya mencionado caso de Colombia, o
la reducción en el cultivo de adormidera en el triángulo de oro
(Tailandia, Myanmar y Laos), lo cierto es que el sistema internacional
de control de drogas se ha demostrado ineficaz e incapaz de reducir la
demanda, el tráfico y la producción de drogas.
Allí donde las agencias
antinarcóticos han conseguido cerrar una ruta de tráfico, como ocurriera
con los países caribeños en los 90, las redes internacionales han
encontrado rutas alternativas, caso de la actual ruta por África
occidental. Allí donde se ha conseguido limitar el consumo de una
determinada droga tradicional, ha crecido la demanda por otras drogas
sintéticas. (...)" (Fernando Valdés Verelst, Público, 03/10/2014)
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