7.10.14

El contagio de la enfermera revela el "descontrol total" frente al ébola

"15 minutos. Ese es el tiempo que duró el "cursillo exprés" que recibieron los profesionales sanitarios encargados de atender a los sacerdotes españoles infectados de ébola que fueron trasladados desde Liberia y Sierra Leona al Hospital Carlos III de Madrid este verano. 

 Responsables de sindicatos y algunos de los compañeros de la auxiliar de enfermería que resultó afectada por el virus tras haber estado en contacto con Manuel García Viejo y Miguel Pajares denuncian que el protocolo de seguridad establecido por el Ministerio de Sanidad era, por esta y otras razones, insuficiente.

Todos califican la situación de "descontrol" y "caos" y culpan al "desmantelamiento" del hospital Carlos III —que ha dejado de ser centro especializado en enfermedades infecciosas y tropicales— de lo ocurrido.

 Para atender a ambos religiosos se habilitó y aisló toda una planta del centro y se movilizó a personal de La Paz para cubrir la emergencia. Pero de un día para otro no se aprende a tratar con un virus tan peligroso como el ébola, altamente infeccioso y sin cura conocida, algo de lo que ya advirtió un trabajador en su propio blog el pasado mes de agosto.

"Puede que se intentaran tomar las medidas pertinentes, pero sin ninguna preparación", lamentan ahora fuentes muy cercanas a los trabajadores del Carlos III. "La sexta planta estaba totalmente abandonada, sin laboratorio, sin banco de sangre, sin nada", añaden. "La planta estaba en obras y se montó deprisa y corriendo, con un laboratorio de juguete que era un paripé", afirma un trabajador del centro que prefiere no dar su nombre real por miedo a represalias. "Desmontar ese hospital fue una locura", resume, por su parte, Antonio Gómez, portavoz de CAS-Madrid.  

"Desmantelaron un centro preparado para este tipo de contigencias y cuando llegó el primer infectado no había ni camas", recuerda también la presidenta de la Asociación Madrileña de Enfermería (AME), Victoria Trujillo. "Ya se denunció desde un principio que no había protocolos ni formación realista para atender tal situación porque son procedimientos para los que hay que entrenarse: no se puede enseñar a una persona a calzarse un traje que cuesta tanto ponérselo en 20 minutos", agrega.

 En la misma línea se expresa también Francisco [nombre ficticio], auxiliar sanitario que lleva más de 20 años en el Carlos III y, por tanto, experto también en trabajar en el servicio de enfermedades infecciosas. "Nosotros sí estábamos especializados, pero había gente sin formación ninguna a la que se le dio un cursillo de 15 minutos para que aprendieran a ponerse los trajes y nada más", confirma.  (...)

En cualquier caso, los trabajadores desmienten los argumentos de sanidad. "No existe ni siquiera un registro de quiénes han trabajado con ellos [Pajares y García] ni quiénes no. Y ni siquiera se les tomaba la temperatura, se la tomaban ellos mismos y, ayudándose unos a otros era como hacían el seguimiento", asegura una compañera de quienes sí trabajaron con Pajares y García. "Muchos tenían miedo", agrega.   (...)

"Algunos salían hasta mareados. Es verdad que hacía calor y aguantar un traje de plástico, con escafranda, sin estar habituado a él es complicado. Pero también había nervios y miedo; incluso un día se le impidió la entrada a una enfermera que le dio una taquicardia", narra Francisco, que relata, no sin cierta sorna, que nunca llegó a ver a ningún jefe de servicio por la planta sexta del Carlos III.

 Además, reconoce que con el primero de los casos (el del cura Pajares) sí se intentó cubrir las necesidades que exigía la situación. "Nos dieron unas gafas muy grandes y anchas que nos iban muy bien; después, cuando el afectado falleció empezaron a ahorrar y ya nos las cambiaron por unas que apenas nos cubrían", denuncia.

"La seguridad de mis compañeros no se estaba salvaguardando; no se ha sido cauto", sentencia Trujillo, de AME. "Decían que era imposible que el ébola entrara en el Carlos III. ¿Y ahora qué?", se pregunta, insistiendo en que ni siquiera existen los protocolos de los que hablan en Sanidad. 

"Nadie conocía ese protocolo y, claro, de aquellos barros, estos lodos", lamenta. "Un protocolo se edita, se publica y se difunde y es específico para cada hospital. Hay que saber qué personal se va a ocupar del paciente, por dónde va a entrar, qué pasillo va a recorrer hasta la planta de aislamiento, etc. Y todo eso no existe. Si existe, ¿dónde está? ¡Que lo publiquen!", exclama la enfermera. 

Trujillo pone como ejemplo para argumentar su posición el último caso de posible infección surgido en el hospital de La Paz esta madrugada. Varias fotos difundidas por Twitter [ver imagen adjunta] muestran cómo los sanitarios se cambian "en plena calle" y "usan sábanas como aislamiento", describe la presidenta de AME. "Que me cuenten en el hospital de dónde son esos protocolos", ironiza. (...)"              (Público, 06/10/2014)

"Odio decir, ya os lo dije… 

pero el 25 de agosto, un mes justo antes de que falleciese el misionero Manuel García Viejo, publiqué en este blog un artículo donde advertía de que yo no me fiaba para nada, pero para nada, de que la Sanidad pública española tuviera la capacidad de tener controlado un virus así.

No lo decía por dar pábulo a la histeria ni por chinchar ni por desmerecer a los profesionales de la susodicha Sanidad pública, como parecieron entender los autores de algunos comentarios no excesivamente amables. Para nada me imagino yo a los profesionales sanitarios españoles como una panda de vividores y de gandules.

 Todo lo contrario: deben sufrir como reses camino del matadero cuando ven las limitaciones y las miserias con que día a día les toca lidiar. Limitaciones y miserias además que hay que tratar que ocultar como sea, negando la evidencia si es preciso, si no se quiere acabar de hundir la parte del barco que todavía pervive a flote.

Tampoco pretendía yo hacer apología de la insolidaridad. No mucho antes había publicado en otro lado otro artículo preguntándome si un país en las últimas de su razón de ser, o eso parece, no puede acabar justificándose por ser capaz de traerse a un misionero enfermo a morir bien y a casa.

Pero estaba cantado que a la que pintaran bastos, toda solidaridad se disolvería como un azucarillo, se rasgaría como un papelito de fumar en las uñas furiosamente lacadas de rojo del pánico… (...)

¿Cómo acabamos con esto? ¿Cerrando ferozmente las fronteras y el puño, y que se salve quien pueda?

¿O nos arremangamos y de verdad, pero de verdad, de verdad, de verdad, lo arreglamos?
La Sanidad, aclaro. Para empezar."              (Anna Grau, Cuarto Poder, 07/10/2014)

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