"(...) La erosión de la credibilidad institucional es el resultado de una
larga crisis económica, probablemente la más dilatada desde la Gran
Depresión de los años treinta, combinada con el deplorable
comportamiento de una parte de la clase política y de la económica.
Siendo
este fenómeno especialmente grave en el caso español, también debe
decirse que no se trata ni mucho menos de un caso diferencial o
singular. En este asunto Spain is not different, tal vez sí más venal.
Con
características propias, la crisis política se ha instalado en
prácticamente todo el sur de la eurozona, Italia, Grecia, España,
pendientes de la evolución en la vecina Portugal, sacudida ayer mismo
por la detención del ex primer ministro socialista José Sócrates,
acusado de corrupción y blanqueo de capitales, manifiesta en la compra
de una lujosa residencia en París.
El virus aqueja asimismo a
parte del núcleo central de la moneda única, es el caso de Francia,
donde el Frente Nacional de Marine Le Pen cabalga firma hacia la primera
posición electoral en un contexto de desprestigio sin precedentes de la
presidencia de François Hollande. En el norte de la eurozona la otra
cara la representa la fuerza creciente de partidos que ven a los socios
del sur como impenitentes gorrones.
Hace pocos días el analista Wolfgang Münchau escribía en el Financial
Times: “Como ocurre muy a menudo en la vida, la verdadera amenaza puede
no venir de donde se espera, los mercados de deuda. Los principales
protagonistas hoy no son los inversores internacionales, sino los
electores insurrectos más inclinados a votar a una nueva generación de
líderes y más inclinados a apoyar movimientos de independencia
regional”.
¿Se han vuelto locos esos electores, convertidos ahora
en insurrectos? ¿Han dado un salto político histórico las clases medias
de una gran parte del Viejo Continente? Probablemente son ciudadanos
acosados por la crisis o temerosos de verse arrollados por ella. Y que
no acaban de ver el final del túnel después de tan largo periodo de
sufrimiento, degradación de sus condiciones de vida y pérdida de
expectativas de mejora para ellos y sus hijos.
Por eso no es casual que el punto en común de la mayoría de los movimientos radicales que están logrando más visibilidad en el sur de Europa sea la propuesta, más o menos explícita, de marcar distancias con la moneda única, cuando no la salida explícita. (...)" (Electores insurrectos, de Manel Pérez en La Vanguardia, en Caffe Reggio, 23/11/2014)
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