"La
inflación estadounidense acumula más de 30 meses por debajo de 2 por
ciento, el objetivo del Sistema de la Reserva Federal (Fed).
Hasta la
fecha no existen indicios de un repunte del nivel de precios sino al
contrario, la deflación (caída de precios) se ha convertido en una
amenaza latente en la todavía economía de mayor tamaño en el escenario
global.(...)
La
tendencia deflacionaria constituye un signo inequívoco de que algo anda
realmente mal en la economía mundial en general, y en Estados Unidos en
particular. El nivel de precios extremadamente bajo no está reservado
únicamente a la esfera monetaria.
Es un fenómeno económico de enorme
amplitud que deriva de múltiples causas y que, en términos generales,
tiene estrecha vinculación con las raíces más profundas de la crisis que
comenzó hace más de 6 años. (...)
el
capitalismo estadounidense tiene serios problemas para encontrar
espacios de rentabilidad. No existen nuevos proyectos de inversión en
ningún lugar del territorio estadounidense que, con base en la
innovación tecnológica, permitan avizorar una fase expansiva del ciclo
económico. A lo largo de la última década, la industria estadounidense
no supera el rango entre 79 y 81 por ciento de su capacidad instalada. (...)
La
denominada “recuperación estadounidense” (algunos economistas de la
ortodoxia se atreven incluso a llamarla “desacoplamiento”) descansa más
en el repunte de los principales índices de la bolsa de valores de Nueva
York y menos en la mejoría sustantiva de las condiciones de vida de la
población.
Incluso en la esfera financiera han surgido nuevas barreras
para la acumulación de capital. Si bien es cierto que el índice Standard
& Poors (cotiza las acciones de las 500 mayores empresas de Estados
Unidos) continúa registrando aumentos en sus cotizaciones, la
acumulación de ganancias por acción y dividendos es cada vez menor. (...)
El
curso de la economía estadounidense en los meses recientes pone de
manifiesto una vez más que las ganancias extraordinarias en el mercado
de valores guardan una relación inversamente proporcional a la evolución
de las condiciones del mundo del trabajo. (...)
En
primer lugar, la población económicamente activa (PEA) se ubica
actualmente en 62,7 por ciento, el registro más bajo de las últimas 3
décadas.
En segundo lugar, hay serias dificultades en la absorción de la
fuerza de trabajo: 7 millones de personas son empleados a tiempo
parcial y la tasa de desempleo juvenil se ubica en más de 15 por ciento.
En tercer lugar, la contención salarial neutraliza de manera
apabullante los efectos multiplicadores de la ampliación del mercado
interno y la redistribución del ingreso sobre el crecimiento económico:
los salarios cayeron 10 puntos porcentuales en la composición del
producto interno bruto (PIB) entre 1967 y 2013.
Los salarios han caído
en los meses recientes y el ingreso de las familias aún no alcanza los
registros previos a la crisis. La deuda de los hogares se mantiene
elevada y la polarización de clase aumenta. (...)
El
fantasma de la deflación se hace cada vez más presente en la economía
estadounidense y, más temprano que tarde, terminará por revelarse con
todas sus fuerzas."
(Ariel Noyola Rodríguez, AlaiNet, en Jaque al neoliberalismo, 11/02/2015)
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