"El 19 de enero la izquierda juraba solidaridad con Grecia reunida en un
mitin parisino que unió a disidentes del Partido Socialista con el
Partido Comunista, el Front de Gauche, los verdes y otras organizaciones. Se hablaba de crear una “gran coalición” con todos esos elementos. (...)
Días después, con la victoria electoral de Syriza ya realizada en
Atenas, la escena del mitin se repetía en un acto convocado por el Front de Gauche
en la Ecole Normale Supérieure de París, con el título, “Cómo ayudar a
Syriza”. Acuden unos treinta participantes, con la media de edad por
encima de los sesenta y solo dos o tres personas de menos de 30 años. (...)
En Francia el poder respeta más a la sociedad a causa de la facilidad
con la que ésta se rebela, es decir, por miedo. Desde ese punto de
vista, la superioridad de Francia, con su poderosa tradición social,
respecto a Grecia o España, es enorme. Al mismo tiempo a la izquierda
francesa le falta “técnica Podemos” para sintonizar con la juventud, y, sobre todo, le falta echar raíces en los extrarradios.
Las banlieues son el territorio sin futuro de la crisis social de hoy. Su sujeto equivale hoy al de los faubourgs parisinos, sin el cual no habría habido Revolución Francesa, ni las posteriores erupciones de 1848 y 1871 que la asentaron. (...)
La tradición social francesa, sin duda la mas potente de Europa, está
confundida por treinta años (Mitterrand, 1983) de una izquierda que se
vendió al neoliberalismo europeísta. Con la gran movilización suscitada
por los atentados contra la revista Charlie Hebdo, Francia se ha
asombrado.
Decían que estaba muerta y de repente salieron varios
millones a la calle, algo numéricamente sin parangón desde 1944. El
impulso de aquel 11 de enero fue popular, es decir republicano y con un
signo más escorado a valores de izquierda que a la derecha. Sin embargo,
una vez más, la dinamita social, el extrarradio de origen inmigrante,
no estaba allí. (...)
A los pocos días del acto de la Ecole Normale Supérieure, el
Presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, dejaba las cosas
claras en una entrevista con Le Figaro llena de latigazos: “está
excluido suprimir la deuda griega”, “se puede llegar a acuerdos, pero
no alterarán fundamentalmente lo que tenemos” y el definitivo: “No puede
haber opción democrática contra los tratados europeos”. La lectura es
clara: “estamos blindados contra la democracia”.
“Unos tratados
que nunca fueron aceptados ni votados por los pueblos están por encima
de la soberanía popular”, se leía en la red, que echaba chispas. Fue
entonces cuando llegó el programa de estímulo del BCE a los movimientos sociales europeos: la decisión nocturna de suspender uno de los canales de financiamiento de los bancos griegos, cerrándoles el grifo. (...)
A las pocas horas del anuncio, centenares de personas se reunían en la Plaza del Palais Royal. (...)
Se dice que los sindicatos alemanes y austríacos se han declarado en
contra del BCE, que en Italia se prepara una gran manifestación para el
día 14. En Francia se hará, seguramente, dos días después, el 16.
“Hemos
enviado una delegación a Atenas para coordinarnos”, explica la
representante de la asociación “Avec les grecques” (con los
griegos). El insospechado plan del BCE para el estímulo de la protesta
europea, puede funcionar mucho mejor que los anteriores." (Rafael Poch , La Vanguardia, en Rebelión, 10/02/2015)
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