Laura Galindo con tres de sus hijos, en un local de Cruz Roja en Sabadell. / cristóbal castro
"La primera etapa es la ansiedad de no poder llegar a fin de mes y
hacer la compra. Después se rebaja la calidad de los alimentos para
ajustar el presupuesto. En un tercer estado, los mayores comen menos
para que lo puedan seguir haciendo los niños.
Y, finalmente, se reducen
las porciones de los menores para estirar al máximo los recursos y
algunos miembros se saltan comidas. Estas son las escalas de la
inseguridad alimentaria que describe la capacidad de acceso a la comida.
Nueve de cada diez familias atendidas en los programas de lucha contra
la pobreza de la Cruz Roja en Cataluña están en alguno de esos estados.
El 20%, de hecho, está en el último. Estas cifras están incluidas en el octavo estudio del Observatorio de Vulnerabilidad, presentado ayer en Barcelona.
“Les daba de cenar a los niños y yo me acostaba solo con un vaso de
agua en el estómago”, confiesa Laura Galindo, de 31 años. Esta madre de
cuatro niños de 12, 10, 7 años y un bebé de cuatro meses vive en uno de
los bloques ocupados por la Plataforma de Afectados por la Hipoteca
(PAH) en Sabadell.
Sobrevive, junto con su pareja, de los 680 euros de
la renta mínima de inserción (RMI), pero hace un año pasaba a última
hora por los mercados para recoger lo que los comerciantes desechaban o
dependía de la solidaridad de los vecinos. Lo que ingresaba limpiando
escaleras no daba para los gastos. Los tres niños mayores asisten al
programa de apoyo escolar de la Cruz Roja. “Si no fuera por los 78 euros
que me dan al mes para comprar alimentos, no llegaríamos”, agrega.
La familia de Galindo es uno de los rostros tras las cifras del informe
de la ONG, que atiende a unos 9.000 catalanes con hijos menores de 12
años dentro de sus programas contra la pobreza y la exclusión social. (...)
Josep Marquès, presidente de Cruz Roja en Cataluña, aseguró que si
bien la radiografía corresponde a una población con mayor riesgo de
exclusión social, el panorama es “estremecedor”. Un 33% de las familias
encuestadas aseguran que, por falta de dinero, han tenido que disminuir
las cantidades servidas a los menores en los últimos seis meses.
Unas
165 familias, por su parte, dicen que uno de sus niños ha salido de casa
sin desayunar algún día en el mismo periodo de tiempo. En enero de
2013, cuando el Observatorio presentó su cuarto estudio, siete de cada
diez familias ya admitían que tenían problemas para garantizar una
alimentación adecuada a los menores.
Galindo asegura que no ha llegado al extremo de que sus niños se
queden con el estómago vacío. Pero también acepta que el gran peso de la
nutrición de sus hijos recae en la escuela y en las ayudas de la Cruz
Roja. Los tres tienen beca comedor y en el programa de refuerzo escolar
se les da merienda. Ella se encarga del desayuno y la cena. “Ahora tengo
pescado y carne, antes no podía permitírmelo”, dice la joven. (...)
Otro de los datos alarmantes es que tener trabajo no exime
automáticamente de escapar de la inseguridad alimentaria. El 12% de los
encuestados no tiene ingresos y casi el 40% tiene ingresos menores a 500
euros. Según la Agencia catalana de Salud Pública, el gasto necesario
para una alimentación saludable para una familia compuesta por dos
adultos y dos menores está entre los 520 y 600 euros mensuales. (...)
“Llevo seis años echando currículos. Ya no sé qué hacer”, finaliza
Galindo, mientras sus hijos se comen la merienda en la Cruz Roja." (
Camilo S. Baquero , El País,
Barcelona
18 MAR 2015)

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