"Desde
la perspectiva de Grecia, abandonar el euro provocaría muchos
trastornos, lo que explica que en el país esa opción tenga muy poco
apoyo. Pero, ¿qué hay de los costos de la salida de Grecia para el resto
de la zona del euro?
Desde que la cuestión se planteó por primera vez
en 2011-2012, ha habido dos puntos de vista opuestos.
Uno de ellos – llamado el de la teoría del dominó – sostiene que si
Grecia saliera, los mercados comenzarían a preguntarse inmediatamente
quién sería el próximo.
Se pondría en duda el destino de otros países,
como sucedió durante las crisis monetarias de Asia de 1997-1998 o la
crisis de la deuda soberana europea de 2010-2012. Eso podría dar lugar a
la desintegración de la eurozona.
El otro punto de vista – llamado a menudo la teoría del lastre – afirma
que de hecho la eurozona resultaría fortalecida con el retiro de Grecia.
La unión monetaria se desharía de un problema recurrente y una decisión
de la eurozona para invitar a Grecia a retirarse o permitirle que lo
hiciera fortalecería la credibilidad de sus reglas. De ese modo, ningún
país se atrevería a chantajear a sus socios en el futuro.
En 2012, la teoría del dominó se percibía como suficientemente realista,
por lo que los países acreedores no consideraron la salida de Grecia.
Tras haber reflexionado durante el verano, la canciller alemana Angela
Merkel fue a Atenas a expresar sus “esperanzas y deseos” de que Grecia
se quedara.
No obstante, hoy la situación es diferente. La tensión del mercado se ha
relajado considerablemente; Irlanda y Portugal ya no recurren a
programas de asistencia; la decisión de pasar a una unión bancaria ha
fortalecido el sistema financiero de la zona del euro; y ya se han
establecido herramientas para el manejo de las crisis. Una reacción en
cadena provocada por la salida de Grecia sería mucho menos probable.
Sin embargo, no se puede concluir que la pérdida sería inofensiva. Hay
tres razones por las que la salida de Grecia aún podría debilitar
considerablemente la unión monetaria europea.
La primera y más importante es que la salida de Grecia refutaría el supuesto tácito de que la participación en la zona del euro es irrevocable. (...)
Segunda
razón, una salida reivindicaría a aquellos que consideran el euro tan
solo como un acuerdo de tipo de cambio fortalecido, no una moneda real.
La confianza en el dólar estadounidense recae en el hecho de que no hay
diferencia entre un dólar depositado en un banco de Boston y uno
depositado en un banco de San Francisco. Sin embargo, desde la crisis de
2010-2012, esto ya no sucede igual con el euro.
La fragmentación
financiera ha retrocedido pero no desaparecido, lo que significa que un
crédito otorgado a una compañía en Austria no conlleva necesariamente la
misma tasa de interés que un crédito dado a la misma compañía al otro
lado de la frontera italiana. (...)
Sin
duda, los ciudadanos europeos responderían a la salida (o expulsión) de
un país de la eurozona, primero empezando a ver de otra forma la
divisa. Empezaría a cuestionarse en serio los lugares donde se conserve
el euro.
Los inversionistas nacionales y extranjeros evaluarían más
concienzudamente si el valor de activos se vería afectado por un colapso
de la unión monetaria. Los gobiernos tendrían más reservas en cuanto a
verse expuestos a riesgos debido a sus socios. En efecto, las sospechas
serían irreversibles, y sustituiría la creencia de que la eurozona es
irreversible.
Por último, una salida obligará a los encargados del diseño de políticas
europeos a formalizar las reglas para el divorcio que hasta ahora no se
han escrito e incluso no se han especificado.
Más allá de principios
amplios de derecho internacional – por ejemplo, que lo que importa para
decidir la denominación de la divisa de un activo después del divorcio
es el derecho que regula el contrato subyacente y la jurisdicción
correspondiente – no hay reglas acordadas para decidir cómo se llevaría a
cabo la conversión a una nueva moneda.
La salida de Grecia obligaría a
definir esas reglas y, por lo tanto, aclarar cuánto vale un euro según
dónde esté, quien lo tenga y de qué forma. En efecto, esto no solo haría
más imaginable el riesgo de una separación sino que también lo haría
mucho más concreto.
(...) no
puede haber una salida agradable de Grecia de la eurozona." (Jean Pisany-Ferry, Project Syndicate, en Jaque al neoliberalismo, 04/02/2015)
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