"(...) Un ejemplo típico de actividad en la que el Gobierno destaca son los
seguros médicos. Sí, los conservadores siempre están haciendo campaña a
favor de una mayor privatización —concretamente, quieren reducir
Medicare a unos simples cupones canjeables por un seguro privado—, pero
todas las pruebas indican que esto nos llevaría justamente por el camino
equivocado.
Medicare y Medicaid son considerablemente más baratos y
eficaces que los seguros privados; incluso conllevan menos papeleo. En
el plano internacional, el sistema sanitario estadounidense es único en
cuanto a su dependencia del sector privado, y también es único por su
increíble ineficacia y su alto coste.
Y hay otro ejemplo importante de superioridad gubernamental: las pensiones de jubilación.
Tal vez no necesitaríamos la Seguridad Social si la gente corriente
fuese de verdad tan perfectamente racional y tuviese tanta visión de
futuro como a los economistas les gusta suponer en sus modelos (y a la
gente de derechas en su propaganda).
En un mundo ideal, los trabajadores
de 25 años basarían sus decisiones sobre cuánto ahorrar en una
valoración realista de lo que necesitarán para vivir cómodamente cuando
tengan más de 70 años. También serían inteligentes y perspicaces a la
hora de invertir esos ahorros, y se esmerarían por encontrar el mejor
equilibrio posible entre riesgo y rentabilidad. (...)
Uno podría sentir la tentación de responder que si los trabajadores
ahorran demasiado poco e invierten mal, es culpa suya. Pero la gente
tiene trabajo e hijos y debe hacer frente a todas las crisis de la vida.
Es injusto esperar que, además, sean inversores expertos. En cualquier
caso, se supone que la economía debe ser útil para las personas reales
que viven una vida real; no debería ser una carrera de obstáculos que
solo unos cuantos puedan superar.
Y, en el mundo real de la jubilación, la Seguridad Social es un
ejemplo excelente de un sistema que funciona. Es sencillo y limpio, con
un coste operativo bajo y unos trámites burocráticos mínimos.
Les brinda
a los estadounidenses mayores que han trabajado mucho durante toda su
vida la oportunidad de vivir decentemente tras jubilarse, sin necesidad
de poseer la capacidad inhumana de anticiparse al futuro que les espera
décadas después, ni ser, además, unos prodigios de la inversión.
El
único problema es que el declive de las pensiones privadas y su
sustitución por los planes 401(k) [muy populares en EE UU, ofrecen
ventajas fiscales a los trabajadores que destinen a ellos una parte de
su sueldo], que resultan insuficientes, han dejado un vacío que la
Seguridad Social no tiene actualmente capacidad suficiente para llenar.
Así que ¿por qué no ampliarla?
Ni que decir tiene que esta clase de propuesta ya está provocando
reacciones casi histéricas, no solo de la derecha, sino también de
autoproclamados centristas. Como escribí hace algunos años, el hecho de
pedir que se recorte la Seguridad Social se ha considerado durante mucho
tiempo, en los círculos de Washington, “una señal de seriedad, una
forma de demostrar la tenacidad y las cualidades de estadista que se
poseen”. Y solo ha transcurrido una década desde que el expresidente
George W. Bush intentase privatizar el programa, con mucho apoyo
centrista.
Pero la verdadera seriedad consiste en observar lo que funciona y lo
que no. Los planes de jubilación privatizados funcionan muy mal; la
Seguridad Social funciona muy bien. Y deberíamos aprovechar ese éxito." (
Paul Krugman , El País,
11 ABR 2015)
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