"(...) Podemos no ha sido el invento genial de un grupito de iluminados
sino, sobre todo, la expresión de una necesidad que sentían amplios
sectores de la sociedad. La de que existiera algo que pudiera desecar el
estanque putrefacto en que se ha convertido la política española, algo
que regenerara la democracia. Pablo Iglesias y los suyos comprendieron
que ellos podían encarnar esa tara, y ese descubrimiento sí que tuvo
algo de genial. Y seguramente lo sigue teniendo.
La confluencia entre esa demanda social y la oferta política concreta
que Podemos hizo hace algo más de un año atrajo en pocos meses a cerca
de un cuarto del electorado. Muchos creyeron entonces que la cosa estaba
prácticamente hecha, que bastaba con esperar a que las elecciones
confirmaran ese éxito o lo amplificaran. Dirigentes y simpatizantes
sintieron como si ya hubieran ganado.
Pero entonces empezaron las dificultades. Primero llegó el
contraataque de los dos grandes partidos que, rehechos de la sorpresa
inicial, pusieron en marcha los instrumentos de la política
convencional, que tan bien manejan. Y así aparecieron la financiación
venezolana, el contrato de Iñigo Errejón en Málaga, los problemas
fiscales de Juan Carlos Monedero, el supuesto favoritismo de Tania
Sánchez hacia su hermano en Rivas Vaciamadrid.
Acusaciones que eran ridículas si se las comparaba con los cientos de
escándalos de corrupción que asolan España desde hace años. Y contra
las que cabía reaccionar con la energía de quien se sabe perseguido por
intereses únicamente políticos. Porque estaba claro que nadie se había
embolsado un euro en su propio beneficio.
Pero, en lugar de hacer eso,
Podemos trató de justificar la actuación de los suyos. Por ejemplo, en
lugar de reconocer que sí, que habían buscado financiación fuera de
España porque aquí nadie se la iba a dar y defender que eso no tenía
nada de malo ni implicaba contrapartidas, entraron en el juego de
quienes les acusaban y particularmente en el de la prensa al servicio
del poder.
Faltó “valor revolucionario”, como se decía en otro tiempo.
Seguramente porque los dirigentes de Podemos temieron que, enfrentándose
a ellos a cara descubierta, a su partido se le cegarían todos los
resquicios para poderse expresar a través de los medios de comunicación
convencionales, que tan útiles le habían sido para crecer.
Sin tener en
cuenta que éstos ya estaban cegados, que el gobierno ya había dado las
órdenes pertinentes al respecto.
El resultado de esa actuación fue el desánimo de no pocos de los
seguidores de Podemos. Que seguramente habrían preferido, y apoyado, una
reacción firme, sin concesiones, algo más en la línea de las denuncias
sobre la “casta” y la corrupción, que argumentos propios de abogados en
los tribunales. (...)
cabe decir sin entrar en profundidades que el núcleo fundacional de
Podemos se resiste a abrir la dirección a corrientes y personas que han
venido sumándose al partido a medida que éste ha ido creciendo. Es una
actitud hasta cierto punto bastante justificada. Porque responde a la
necesidad de preservar el núcleo más seguro.
Pero en un contexto
político en el que el futuro puede depender en buena medida de la unidad
con otras fuerzas de izquierda y de atraer al proyecto a personalidades
individuales, esa limitación puede llegar a ser grave. Habrá que
esperar al resultado de las municipales y autonómicas para comprobarlo.
Por otra parte, la aparición de Ciudadanos reduce claramente el
espectro de crecimiento potencial de Podemos. Por la derecha y el
centro, claro está. Porque el partido de Albert Rivera atrae a mucho
elector moderado que, habiendo decidido que no volvería a votar al PP,
no veía otras opciones que la abstención o Podemos, tal y como
registraban los sondeos. Y que se encuentra mucho más cómodo eligiendo a
Ciudadanos que a la formación de Pablo Iglesias, la cual siempre ha
dicho que aspira a obtener al menos una parte de ese voto.
Dicho todo lo anterior, Podemos no ha entrado ni mucho menos en una
fase de declive. Pero necesita un esfuerzo de revitalización. Que
seguramente llegaría si renovara sus planteamientos originales. Los de
una fuerza que venía a romper el statu quo. Sin concesiones, sin aceptar
las reglas y trucos de la política hoy realmente existente. Que sólo
merece ser cambiada." (Carlos Elordi
, eldiario.es, 10/04/2015)
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