"(...) Del conflicto en torno a la deuda de la economía griega podemos aprender
muchas cosas, y la primera es que se trata de un problema no sólo del
deudor, sino también del acreedor.
Y quizá la táctica negociadora
encabezada por el famoso ministro Yanis Varufakis, no ha sabido sacar
suficiente partido a este factor, pues tal como se atribuye a J.M.
Keynes, “si le debo mil libras a un banco tengo un problema, si le debo
un millón, el problema lo tiene el banco”. Pero para que ese factor sea
decisivo en una negociación, es imprescindible evitar situaciones de
debilidad como la que actualmente tiene el Gobierno heleno.
El rescate
de 2012 sustituyó a los acreedores privados por los Estados europeos y
por eso ahora ya una actuación firme de Syriza no sería determinante
para asestar un golpe letal al sistema financiero.
Sin embargo, las
opciones en situaciones de sobre-endeudamiento como la del estado
español permiten abordar una negociación con elevadas posibilidades de
tener éxito. Solo es cuestión de voluntad y determinación.
El resultado de un proceso significativo de reducción de deuda debe
suponer la modificación sustancial de la configuración del sistema
bancario y, fundamentalmente, la propiedad del mismo. No es posible
realizar este tipo de actuación en beneficio de la mayoría y abordar la
hipertrofia del sector financiero sin la nacionalización de la práctica
totalidad del mismo.
Precisamente porque las entidades financieras son
dependientes del apoyo público y esa dependencia es cada vez más aguda. O
se rompe ese círculo vicioso o cualquier política pública dependerá de
los intereses privados del sistema financiero. No se puede continuar con
la “subcontratación y externalización” de la creación del dinero a
favor de agentes privados.
Hay alternativa a sus programas, pero para que sean sostenibles a largo
plazo, los procesos de reducción de deuda deben ir acompañados de una
profunda redistribución de la riqueza con efectos no neutrales. Tiene
que haber vencedores y tiene que haber vencidos. Y tienen que cambiar
las tornas, claro, con respecto a lo que ha pasado hasta ahora.
En esa
línea, el proceso supondría una herramienta política que, además de
servir para lograr la sostenibilidad de la deuda, permitiría poner de
manifiesto la existencia de una gran parte de deuda ilegítima e
identificar las alternativas políticas necesarias para cambiar el
sistema económico, político y social, que nos ha llevado a esta crisis
de sobreendeudamiento ya que si no lo modificamos, la historia volverá a
repetirse en el futuro.
Nunca podremos tener un capitalismo sometido al control democrático, sin
embargo sí podemos tener una economía sometida a ese control. Basta un
pequeño cambio: que aquello que se paga con dinero público, sea de
propiedad pública.
Aplicando esta norma una gran parte de la economía,
tanto en el mundo de las finanzas como en el empresarial, pasaría al
dominio público y permitiría, por una vez, planificar los recursos de la
sociedad en beneficio de la mayoría." (Marina Albiol, Carlos Sánchez Mato y Alberto Arregui , Economía para críticos e indignados, 20/03/2015)
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