"(...) Sin embargo, determinadas dinámicas y algunos indicios apuntan a
algo todavía más inquietante, la posibilidad de que los grandes bancos
centrales al final implementen políticas de tipos de interés negativos. Sería la enésima locura, pero no la descarten. (...)
Se creían las tonterías de la Teoría Monetaria Neoclásica. Resulta que
después de la que han montado, enésima burbuja destructiva, la FED no puede subir tipos de interés. Las razones, las de siempre. Por un lado, balones fuera
-la deflación de la burbuja de crédito de China y su efecto en cadena
en otras economías de mercado emergentes-. Por otro, la realidad, las economías “desarrolladas”, con más deuda que nunca, se hundirían.
Los fondos de pensiones, los fondos de inversión –salvo algún que otro
hedge fund espabilado– las compañías de seguro, el sistema bancario, en
general, quebrarían. Y ese es el temor real. Lo de los países emergentes
pura distracción.
Los verdaderos culpables de las dinámicas económicas
globales desplegadas desde 1998 son los banqueros centrales. Y la prensa
tratándolos como superhéroes. ¡Cuánta infamia! (...)
Obviamente, si subieran los tipos de interés, la riqueza de la superclase se disolvería
como un azucarillo, al revertir a la media la riqueza neta sobre la
renta –siempre se cumple–. Y no les quepa ninguna duda que no lo van a
permitir. Querrán que por enésima vez les subsidiemos sus desastres
–esos mismos que se quejan de la renta básica y del salario mínimo–. (...)
Después de haber fracasado la política monetaria de Ben Bernanke, Mario Draghi y compañía, prepárense
para un nuevo experimento, para un nuevo subsidio a la riqueza de las
élites, la política de tipos de intereses negativos o NIRP, su acrónimo en inglés.
Ellos saben que la relativa estabilidad en las economías de bienestar
está llegando a su fin. Olvídense de los cuentos de sirena de la
mayoría de políticos occidentales –permítanme que ni mencione al ínclito
monclovita-. Este contexto es absolutamente preocupante para los
banqueros centrales. Al encontrarnos con tasas de interés próximas a
cero, ya no disponen de ningún “arma convencional”.
Por eso andan
buscando nuevas opciones para evitar una nueva depresión económica. O más expansión cuantitativa (QE), es decir, continuar ampliando balances pensando que así circula el dinero, y/o una nueva política monetaria de tipos de interés negativos (NIRP). (...)
Los tipos de interés negativos contravienen las leyes de la preferencia temporal de la propia teoría neoclásica, e implican que el dinero vale menos que el crédito.
Paradojas de la vida, ¿no? En una sociedad donde el sistema promocionó
bajos salarios e incentivó la deuda, ahora nos propone como solución
políticas que inducen más deuda.
En realidad se produce una incomodidad
práctica, la posesión física de dinero vale menos que su no posesión.
¿Curioso, verdad? Obligar a la gente a pagar para mantener el efectivo y los depósitos bancarios, implicará asumir que el dinero emitido por el Estado en realidad no tiene ningún valor. (...)
En el fondo la política de tipos de interés negativos es un nuevo subsidio a la riqueza de la superclase.
Equivale a un impuesto anticipado sobre la liquidez personal de las
familias con el objetivo último de evitar que se derrumben los precios
de los activos financieros, en posesión de los más ricos.
El día que el
público en general sea consciente de esta nueva situación, se podría
desencadenar una inflación de precios incontrolable mediante la aversión
generalizada del público para mantener saldos de caja. Si al final a
los Bancos Centrales se les ocurre implementar la NIRP, la esperanza de vida de todas las monedas fiduciarias se reducirá dramáticamente.
Por cierto, diversos bancos centrales occidentales empiezan a comprar
oro como locos, sumándose así a China, Rusia y otras economías BRICS.
¿Señal de una futurible NIRP? ¡Chinos y rusos frotándose las manos!" (Juan Laborda, 26/09/2015)
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