"El
éxito y gran rendimiento de la economía alemana en los últimos años,
incluso en medio de una crisis global tan fuerte como la que hemos
vivido, es indiscutible. Y no cabe duda de que se debe a que ha
conseguido consolidarse como una gran potencia exportadora. (...)
En
el imaginario colectivo, los éxitos alemanes se suelen explicar
recurriendo a la idea que su pueblo es especialmente laborioso y
ahorrador a diferencia de lo que ocurre con otros, y en especial con los
del sur de Europa, de quienes siempre se dice que trabajamos menos, que
dependemos de las ayudas alemanas y que gastamos más, viviendo por
encima de sus posibilidades.
No se suele señalar, sin embargo, que la economía alemana ha llegado a
ser una gran potencia gracias a las ayudas y generosidad de otros
pueblos. Concretamente, gracias a las deudas que nunca devolvió, es
decir, a que cientos de miles de trabajadores de otros países trabajaron
gratis para levantar a una Alemania entonces destrozada por su propia
responsabilidad.
Una generosidad que luego los poderosos alemanes niegan
a otros pueblos. Y, sobre todo, se oculta que el éxito de la economía
alemana se reparte muy desigualmente entre los propios alemanes, de modo
que una gran parte de ellos (y sobre todo de ellas, como mostraré
enseguida) soporta condiciones laborales y sociales cada vez peores y
menos satisfactorias. (...)
La
superioridad de la industria alemana sobre sus competidores se suele
explicar por dos tipos de factores. Por un lado, por sus salarios
reducidos, algo que se ha podido conseguir gracias a las reformas
orientadas a disminuir la capacidad negociadora de los trabajadores que
se vienen realizando desde la reunificación; y gracias también a la
llamada ley Hartz que consolidó los trabajos basura o minijob.
Por otro, por la mejor relación calidad/precio de las exportaciones
alemanas que se deriva de su especialización en productos de alta gama o
“nobles”, que se pueden vender incluso aunque su precio aumente. Y,
finalmente, porque además de eso la industria alemana externaliza (es
decir, produce fuera de sus fronteras) un buen porcentaje de los
componentes de su producción (el 52% en 2012).
Un estudio reciente muestra concretamente que los bajos salarios
explicarían el 40% de la ventaja de Alemania respecto a Francia y las
demás razones el resto (France et Allem - See more at: http://juantorreslopez.com/impertinencias/la-cara-oculta-del-exito-economico-aleman/#sthash.fGWGj3pr.dpufagne : une histoire du désajustement europeen). (...)
Gracias
al establecimiento de condiciones de negociación laboral cada vez más
asimétricas, los trabajadores alemanes siguen cobrando como media un 3%
menos que en 2000 en términos reales, es decir, teniendo en cuenta la
subida de precios, y se ha calculado que gracias a ello la masa salarial
ha perdido alrededor de un billón de euros en esos últimos años, en
beneficio lógicamente de las diversas rentas del capital.
Como he dicho, la ley Hartz abrió paso a la generalización de los
minijob, auténtico trabajo basura que disimula la realidad del empleo
alemán. Hoy día hay unos 7 millones de este tipo de empleos y unos 4,5
millones trabajadores ganando menos de 450 euros mensuales por 24 horas
de trabajo a la semanales, con un salario/hora de unos 5,6 euros de
media. El 90% de quienes ocupan estos empleos trabajan menos de 20 horas
semana y en el 75% de los casos tienen un salario menor a 8,5 euros por
hora.
Estos minijobs se caracterizan porque en ellos el salario bruto es
igual a salario neto, es decir, que no comportan ningún tipo de
cotización y, por tanto, prácticamente ninguna cobertura de derechos
sociales. No hay bajas remuneradas por enfermedad ni por cualquier otro
tipo de situación. Y los derechos pasivos que generan son ridículos: la
pensión a que daría derecho el haber trabajado 45 años en uno de estos
minijob seria de 150 euros mensuales. (...)
La
consecuencia de todo ello es que Alemania se ha convertido en uno de
los países europeos con mayor desigualdad y que se alcancen niveles
record de pobreza. Actualmente hay unos 12,5 millones de pobres (que
ganan menos de unos 900 euros mensuales), y un millón más de alemanes
pobres en 2013 que ocho años antes.
Y también destaca en este ámbito el
mayor sufrimiento de las mujeres, destacando la situación de las madres
no casadas, pues el 40% de ellas son pobres. En una gran potencia
económica como Alemania, el 20% del total de sus ciudadanos y los dos
tercios de los desempleados no tienen ningún patrimonio.
Pero para garantizar el éxito exportador alemán no solo ha hecho
falta disminuir los salarios de sus trabajadores sino también imponer
una regla de moderación salarial a los países de su entorno, bien porque
compite con ellos o porque en ellos externaliza parte de su producción,
como señalé.
Y de esa manera resulta que el “éxito” de la economía
alemana se convierte en el principal factor de inestabilidad de la
economía europea: al ser una economía excedentaria debería subir
salarios y al no hacerlo lo que hace es obligar a que los tengan que
bajar los países deficitarios, que necesitarían subirlos para mejorar el
rendimiento de su economía. (...)
Para
terminar, resulta que Alemania tampoco coloca el excedente que genera
en su propia economía y eso no solo impide limitar la desigualdad y la
pobreza sino que provoca otras grandes deficiencias en materia de
infraestructuras y capital social. El excedente lo dedica a financiar a
los demás países para que puedan comprar sus productos (190.000 millones
de euros en 2014) o, como antes de la crisis, a que sus bancos hagan
negocio alimentando burbujas especulativas.
En definitiva, el éxito de la economía alemana tiene unos claros
paganos: los asalariados alemanes y especialmente las mujeres, sus
grupos sociales de rentas más bajas, las economías y países que la
rodean y que han sido tan torpes de aceptar el predominio político e
institucional de sus grandes grupos económicos y financieros.
Y no solo
eso: el modelo que Alemania impone al resto de Europa acabará con el
proyecto europeo en su conjunto porque éste no puede sino naufragar
cuando se basa en la asimetría y en la divergencia, como viene
ocurriendo. Y, sobre todo, porque para favorecer constantemente a los
grandes grupos económicos y financieros hace falta desmantelar la
democracia.
El éxito económico alemán es la ruina para millones de alemanes y
para el resto de Europa y el principio del fin de la democracia en
Europa. Y lo lamentable es que esto no es la primera vez que ocurre." (Juan Torres López,publicado en Público.es el 17 de septiembre de 2015, en Ganas de escribir, 18/09/2015)
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