"(...) La aparente perplejidad de Manuel Campo Vidal -convidado de piedra en un debate que no llegó a moderar en sus momentos más ácidos- cuando Sánchez, embalado, tildó de “indecente” a Mariano Rajoy
y este a Sánchez de “ruin, mezquino y deleznable” fue la que sintieron
-sentimos- la mayoría de los millones de espectadores que asistimos a
una confrontación dialéctica fallida.
La agresividad del secretario
general del PSOE, de un voltaje excesivo, puso en evidencia a un Rajoy que acudió ingenuamente confiado a un cara a cara en el que terminó descompuesto.
Uno por exceso y el otro por defecto, ninguno se merece obtener el reconocimiento de la victoria en una confrontación verborreica, confusa, cortocircuitada por constantes interrupciones y acusaciones recíprocas
de falsedades argumentales y estadísticas.
No dieron la talla los
representantes del bipartidismo, ni en el fondo, ni en la forma,
estableciendo en el debate público -no parlamentario- un hito que será
difícil olvidar: los insultos cruzados (y de gravedad) que rompen lo que
los británicos denominan ‘fair play’ y nosotros conocemos como juego
limpio.
El debate transcurrió por fases varias, pero ninguna de ellas brillante, ni pedagógica. (...)
Si la confrontación entre Sánchez y Rajoy fue la “última del
bipartidismo” resultó un último acto político de más mediocre y fea
factura (...)
Poco más cabe concluir de una confrontación que terminó con el terreno embarrado, un árbitro desautorizado y dos contendientes amoratados por
los empellones dialécticos del uno contra el otro.
En política no todo
vale. Ni Sánchez debió ofender personalmente al presidente del Gobierno
-sí, por supuesto, reprocharle su gestión-, ni Rajoy debió devolver el
exabrupto con una dolida tríada de descalificaciones, igualmente
personales. (...)" (EL CONFIDENCIAL 15/12/15, JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS, en Fundación para la Libertad)
"(...) El Cara a Cara entre el Presidente del Gobierno Mariano Rajoy y el líder
de la oposición Pedro Sánchez, se ha convertido en el debate más
brusco, tenso, descalificador y, en algunos momentos desagradable, de
todos los que se han visto nunca en el Parlamento o, en los medios de
comunicación. (...)
La sorpresa se convirtió en desconcierto y casi en espanto cuando
Sánchez, acusó al Presidente del Gobierno de no ser un político decente
desde el momento en que envió a Bárcenas los mensajes que le envió y que
le debían haber llevado a la dimisión en la Presidencia del Gobierno.
La cara del Presidente del Gobierno era todo un poema cuando, seguro,
llegó a afirmar “hasta aquí hemos llegado”, para calificar a
continuación, al líder de la oposición de “mezquino, ruin y miserable”. A
partir de ahí, el Presidente del Gobierno que ya desde el principio
parecía tocado, estuvo desconcertado prácticamente hasta el final del
debate. Nunca, en su dilatada vida política, Rajoy había oído ese tipo
de lenguaje refiriéndose a su actuación política,
En algunos momentos Sánchez, que probablemente ha fijado su voto y
que ha contentado a sus votantes, parecía dirigirse más hacia los que
piensan votar a Podemos (...)
Pero la política es así de asesina, aunque a muchos le repugne. (...)
la corrupción ha sido el terreno en el que Rajoy ha perdido más terreno,
algo previsible, por los numerosos casos con los que ha tenido que
lidiar, especialmente el “caso Bárcenas”, en el que, lo quiera o no,
tiene una responsabilidad directa, desde que se conocieron los mensajes
de whatsapp intercambiados por él y el ex-tesorero del partido. De ahí, a
acusar a Rajoy de político “indecente” es un paso que hasta ahora el
líder de la oposición nunca se había atrevido a dar. (...)" (José Oneto, República.com, 15/12/15)
No hay comentarios:
Publicar un comentario