"El contraste entre el mapa del porcentaje de votos
cosechado por el Frente Nacional francés y los lugares donde la
desigualdad es más clamorosa arroja algunas coincidencias que nadie
debería pasar por alto.
La formación liderada por Le Pen ha acaparado en la
primera vuelta de las elecciones regionales del pasado 5 de diciembre
alrededor del 30% de los sufragios, por encima de los republicanos del
exjefe del Estado Nicolas Sarkozy y de los socialistas del actual
presidente François Hollande.
Y lo ha logrado, según los análisis,
fundamentalmente a partir de las personas en paro, obrerxs poco
cualificadxs y jóvenes menores de 25 años. ¿Cuáles son los factores que
impulsan a estos colectivos a considerar al FN mejor solución que
cualquier otra? (...)
El conocido psicólogo Martin Seligman comprobó que, cuando las personas habían vivido repetidamente situaciones dolorosas de las cuales no lograban salir por sí mismas, llegaba un momento en que dejaban de luchar y se instalaban en la desesperanza.
Se trataba, por tanto, de una desesperanza aprendida,
provocada por reiteradas frustraciones, derivada de las estructuras
sociales y en ningún modo espontánea o achacable a rasgos de personal
individuales. Esto las conducía a no ser capaces de explorar otras
posibilidades y ni tan solo a poder escapar de las mismas situaciones
cuando la salida y la probabilidad de éxito eran posibles.
Por otra parte, en las últimas décadas se
han analizado algunas comunidades donde el desempleo y, en
consecuencia, la precariedad, son muy elevados. Uno de los estudios más
famosos fue el modelo sociográfico aplicado por Jahoda, Lazarsfeld y
Zeisel (1933), un estudio multimetodológico sobre el impacto del cierre
de una fábrica textil sobre la vida cotidiana del pueblo austríaco de
Marienthal.
Se trataba de una localidad de unos 1500 habitantes en donde
más del 80% de la población activa quedó en paro al cerrar la fábrica,
cuya población fue analizada durante cuatro meses en diferentes aspectos
vitales. Medio siglo después, Maria Jodar y otros autores (1983)
realizaron otros estudios con idénticos resultados.
Además de los efectos directos
imaginables como el empobrecimiento económico, el aumento de conflictos,
el incremento de trastornos mentales, la desestructuración del tiempo
cotidiano, la disminución de las relaciones sociales, etc., uno de los
resultados más sorprendentes es que la situación de paro y precariedad
no conduce a actitudes revolucionarias ni agresivas a medio plazo sino
que, por el contrario, las personas caen en un estado de apatía y
resignación, a menudo acompañado de sentimientos de culpa.
Se ha
demostrado que todo ello comporta una fuerte caída de la participación
política, sindical y cultural y que, en consecuencia, crece la
abstención. De ahí los altos niveles de abstención que sufren la mayoría
de países europeos en las zonas socioeconómicamente más deprimidas.
Pero existe una segunda consecuencia
obervada a lo largo de los años, y es que el voto de estas zonas en
donde reina la desigualdad (y la desesperanza) tiende a apostar por
partidos populistas que prometen soluciones fáciles y seguras en lugar
de por aquellos que teóricamente les representan.
Se produce lo que lxs
autorxs consideran una contradicción entre la situación económica y la
orientación ideológica de la gente más pobre. De hecho, en el pueblo de Marienthal antes citado ganó de forma abrumadora el nazismo, que prometía trabajo y pan.
Miembros de la Plataforma de Afectados
por la Hipoteca han destacado que les sorprende ver que las personas,
cuando están a punto de perder su casa, no se muestran agresivas,
luchadoras ni impelidas a la acción para reclamar justicia, sino que
están más bien resignadas, indefensas e incluso se sienten culpables por
no haber podido o sabido superar la situación.
La desesperanza es, en consecuencia, uno
de los principales factores que conducen a la población a la desafección
política y al apoyo a partidos populistas y de derecha extrema. Con un
paro del 10’6% (vivido como alarmante en Francia), amplios porcentajes
de jóvenes que perciben un futuro sin oportunidades y obrerxs en el
umbral de la pobreza, parte de la población francesa se vuelca hacia
quien promete protección, seguridad y un salario.
Solo la erradicación
de las desigualdades, la denuncia de una estructura socioeconómica
injusta y el empoderamiento colectivo y cooperativo pueden revertir esta
situación. Por suerte, también los estudios señalan que existe un 10%
de personas “indestructibles” (unbroken en el original), que son
aquellas que continuan luchando pese a las circunstancias y que son, a
su vez, el germen del cambio que puede alejar a los totalitarismos." (

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