16.12.15

El acuerdo de París sobre el Clima es obligatorio para todos, pero carece de mecanismos para obligar (no hay sanciones)... es decir, no obliga a nadie

"(...) El marco global es pues un avance colosal. Tanto como mediocre puede acabar siendo su aplicación, porque los (abundantes) procedimientos son desvaídos, livianos, inconsútiles.

El gran obstáculo a la credibilidad del acuerdo estriba en que su meta global es obligatoria para todos, pero carece de mecanismos para obligar (no hay sanciones), para garantizar su cumplimiento a cada parte, es decir, no obliga a nadie. Y no obliga, tampoco, porque los objetivos de cada uno se los autoimpone cada uno voluntariamente, sin relación estricta con la meta global.

Claro que tantas medidas (19: del apartado 22 al 41) servirán de algo, para influir, para incentivar, para presionar a que cada uno cumpla al menos lo que promete. Pero de entrada lo que los 187 han comprometido ya no basta: “Se requerirá un esfuerzo de reducción de las emisiones mucho mayor que el que suponen las contribuciones previstas”, reza el punto 17 del informe.

La ilusión subyacente es que el mercado (se requiere invertir 15 billones de euros en energías limpias) se enamore del proyecto y supla la obligatoriedad, pero visto lo visto es mucha ilusión.

Cotejen el sistema de reglas de París con el de la Agenda de Lisboa de 2000 para la mejora de la competitividad en la UE. La voluntariedad, el “método abierto de coordinación”, las evaluaciones periódicas, los informes... dieron en fracaso al cabo de un decenio. ¡Y era el plan de una Unión organizada, con gobernanza notoria! La diferencia es que ahora el Acuerdo de París es más de supervivencia, a vida o muerte; no se consuela quien no quiere."                   (   , El País, 15 DIC 2015)

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