"(...) El envejecimiento de la población es utilizado una y otra vez para
sostener que el sistema sanitario público es inviable y que necesita
adaptarse con reformas que la mayoría de las veces implican recortes o
copagos.
Pero, ¿es el envejecimiento de la población una “catástrofe” tan
catastrófica como se presenta en muchos informes económicos? ¿Es lo que
hace realmente inviable el Estado de Bienestar y pone al borde del
colapso el sistema sanitario como se repite una y otra vez?
Desde luego
que no. El de la inviabilidad es el marco conceptual que la doctrina
neoliberal ha logrado imponer en el debate público para encauzar las
propuestas de solución en una determinada dirección y hacer creer que no
hay otra alternativa posible.
En realidad, cuando se va a los trabajos
científicos y se hacen estimaciones basadas en evidencias, como hace
Joaquim Oliveira, en su trabajo Public spending on health and long term care: a new set of projections
—que puede consultarse en la web de la OCDE— el envejecimiento de la
población es uno de los facatores, y juega un “papel menor” en el
incremento de los costes sanitarios y sociosanitarios.
Ese trabajo
estima que en los países de la OCDE se situarán entre 3.3 y 7.7 puntos
del PIB de aquí al año 2060. Curiosamente, tampoco el modelo sanitario
influye en que los costes sean mayores o menores, pues hay ejemplos de
una buena relación coste-eficiencia tanto en los sistemas públicos puros
como en los mixtos.
Lo que determinara el aumento es el coste de las tecnologías y
ciertas tendencias como la epidemia de obesidad o el aumento de
demencias como el Alzhéimer. Pero esos incrementos no solo son asumibles
por los países avanzados, sino manejables. Se ha generalizado la idea
falsa de que al aumentar la esperanza de vida, habrá más enfermos y más
dependientes.
La realidaad es que la mayor parte de los años de vida
ganados son años con buena salud y plena capacidad cognitiva. Es decir,
la mayor parte de la vida ganada es productiva, sana y no dependiente.
Otra cosa es que, por razones económicas y estructurales, no sepamos
aprovecharla socialmente. Por otra parte, está demostrado que en
términos sanitarios, el mayor gasto se produce en los últimos años de la
vida de una persona, sea cual sea la edad a la que muere.
De modo que, en este asunto también podríamos decir aquello de: “No
es la demografía, estúpido. Es la economía”. El problema de la
sostenibilidad del sistema sanitario no depende tanto de que nos hagamos
más viejos, como de que seamos capaces de crear una economía que lo
sostenga.
Y como decía el fallecido Albert Jovel, impulsor del Foro de
Pacientes, con salarios de 800 euros, ningún sistema sanitairo es
sostenible. No es tanto una cuestión de gasto como de ingresos. El gasto
se puede contener con medidas de eficiencia sin comprometer la calidad.
Pero lo que cuenta es que el Estado tenga ingresos suficientes, y eso
depende del sistema impositivo y de la fortaleza económica.
Haber doblado la esperanza de vida en menos de un siglo no es una
catástrofe: es la mayor conquista de la humanidad. Lo que puede ser una
catástrofe, si no corregimos el rumbo, es que aceptemos un modelo
económico incapaz de producir ingresos con los que sostener el sistema
público y aprovechar la productividad que hemos ganado gracias a la
prolongación de la vida.(...)" (
Milagros Pérez Oliva , El País,
13 DIC 2015)
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