7.1.16

Decir públicamente “lo he perdido todo y necesito ayuda” está mal visto en nuestra sociedad, es un estigma de la pobreza, y el desahucio es el momento de la visibilización máxima, de la precarización absoluta

"(...) Les activistas impulsoras de la PAH tenían muy claro en la teoría la necesidad de la campaña Stop Desahucios, pero ya desde el principio anticiparon una batalla larga y difícil, ya que se enfrentaban a los bancos. 
Pero lo que las sorprendió, según Ada Colau, fue que: “el primer obstáculo no eran los bancos, sino la cultura general, el enemigo interior del individualismo, la soledad, la culpabilización, la vergüenza. El modelo económico de los últimos años no ha sido sólo económico, sino cultural, emocional, psicológico, con valores de individualismo, competitividad, consumismo. 
Cuando eso explota nos encontramos con que la gente se siente sola, avergonzada y todo lo contrario a lo que es un sujeto político con ganas de movilizarse, gente destrozada que no puede ni hablar, que explota a llorar en la asamblea”. 
Así pues, nos encontramos con casos en los que hay una gran necesidad, pero el hecho de decir públicamente “lo he perdido todo y necesito ayuda” está mal visto en nuestra sociedad, es un estigma de la pobreza, y el desahucio es el momento de la visibilización máxima, de la precarización absoluta.
 Matías, que fue uno de los primeros en dar el paso en Barcelona, afirma que era muy difícil decir públicamente cuál era su situación, que lo iba a perder todo, que tenía orden de desahucio: “Me llegó el primer desahucio y un amigo me habló de la PAH. Me caía el mundo encima. Y yo decía, ¿cómo luchará David contra Goliat? Llegué temblando, con miedo. Empecé a escuchar a los otros y vi que todo el mundo estaba como yo o peor. 
En el segundo desahucio pedí apoyo al 15M en mi barrio, en una reunión que tenían a la Asociación de vecinos me invitaron a asistir y explicarlo. El cura nos dejó hacer la reunión en la iglesia. Empezó a entrar gente, y yo estaba nervioso, era la primera vez que hablaba en público y encima, ¡con mis vecinos! Eso es lo que le pasa a la gente, que no quiere hablar de su caso, por eso hay muchos casos que no salen a la luz, muchos casos. 
En Sant Andreu, con lo grande que es, solo he salido yo, eso es imposible, o es que es un barrio muy privilegiado o es que están acojonados. No quieren salir a la luz, prefieren decir a sus vecinos que cambian de barrio, se marchan a otro piso y al banco le entregan las llaves y que pase lo que tenga que pasar. No quieren decir que serán desahuciados, la gente tiene miedo de decirlo, eso me pasó a mí”. 
 Debemos tener en cuenta que cuando una afectada llega a la PAH, llega destrozada, con vergüenza y sentimiento de culpa, no es el perfil del sujeto político dispuesto a movilizarse, a enfrentarse a la comitiva judicial y a la policía para paralizar su propio desahucio.
Así pues, para dar respuesta a este problema se generó el espacio de asesoramiento colectivo, como dice Colau: “por eso se generó primero un espacio colectivo donde la gente tuviera la experiencia de que no era un fracaso personal, sino un problema colectivo, y se llega a convertir en un espacio terapéutico donde, entre todas, abordar el problema e ir pensando las estrategias y mecanismos para conseguir negociaciones con las entidades... de empoderamiento al final, uno de los ejes, por no decir el más importante y clave de la PAH”. 

Por tanto, la asamblea de asesoramiento colectivo se piensa desde la lógica de la dinámica asamblearia, tratando a las afectadas como un sujeto activo, no como una víctima asistida, informándolas del funcionamiento del procedimiento de ejecución hipotecaria, los pasos que pueden dar, es decir, se socializa el conocimiento acumulado y las herramientas generadas

Pero no se trata solo de eso, sino de un espacio de confianza, en el que la gente puede expresar sus dudas y sus preocupaciones. En ese espacio se crea el sentimiento de comunidad y se establecen lazos de solidaridad y compañerismo, como dice Matías: “En mi caso, en cada desahucio asistieron más de 300 personas. Cuando ves eso, piensas, tengo que responder a esto, tengo que ayudar a los demás”.

  Es aquí donde las afectadas entienden que su problema es colectivo, que no es un fracaso personal, y que la solución pasa por la lucha colectiva. Así lo explica Mercedes Castor: “Lo primero que me sorprendió fue que no estaba sola, que había mucha gente afectada. Tú desde tu casa vives tu propio drama, pero cuando llegas a la PAH ves que no estás sola”. 

Las afectadas viven un proceso de desculpabilización, que es un paso previo y requisito indispensable para el empoderamiento más estratégico. Cuando hablamos de empoderamiento, lo dividimos en dos tipos: el empoderamiento emocional, que es el proceso en el cual se dejan atrás los sentimientos de culpa, la vergüenza y los miedos, y un empoderamiento estratégico que surge de la socialización del conocimiento y de las herramientas generadas.

 Mercedes Castro, que se aproximó a la PAH como afectada, lo resume así: “la PAH tiene una cosa excelente, te devuelve el poder, no te das cuenta de cómo pasas de afectada a activista”. A su vez, el asesoramiento colectivo tiene un efecto multiplicador , las persones que se acercaron a la PAH afectadas por la hipoteca, receptoras de asesoramiento, acaban siendo asesoras; es decir, con el tiempo se convierten en sujetos activos transmisores de conocimiento.

 Muchas Plataformas de Afectados por la Hipoteca han surgido de otras asambleas, es decir, una afectada que asistía a una PAH porque en su localidad no existía, después de un tiempo (ya formada) ha abierto otro núcleo en su población.

 Ernest Marco, uno de los activistas impulsores, dice en relación al primer desahucio que se detuvo en noviembre de 2010: “lo vivimos como una pequeña gran victoria y como una muestra del primer ¡Sí se puede!”. 

Esta experiencia se vive en las asambleas de asesoramiento colectivo: se comparten momentos duros, pero también se celebran estas pequeñas grandes victorias, ya sea por el hecho de que se ha para un desahucio, se ha conseguido una dación, una condonación o hemos realojado a una familia a través de la Obra Social. 

Estas pequeñas grandes victorias son muestras de que si se puede y permiten visualizar el horizonte de esperanza necesario para continuar batallando cada día y en los momentos más bajos, tener la confianza que tarde o temprano podremos cambiar esta situación de vulneración sistemática del derecho a la vivienda y los derechos humanos. 

Blanca explica lo que sintió cuando se paró su desahucio así: “Cuando lo paralizas, te sientes grande. Cuando estás sola piensas que no eres nadie para el banco, soy alguien insignificante, a mí qué caso me harán. Pero cuando vino la gente a ayudar pensé, yo puedo con el banco, no el banco conmigo. 

Uno se siente hasta más importante que el banco, tú vas con más fuerza y ya no tienes miedo. Cuando ves que te vienen a ayudar, sientes emoción. Yo veía que en la PAH-Barcelona había 40 personas y pensaba, vendrán 50 y después vino mucha más gente, yo me preguntaba cómo lo sabrían”.  (...)"             (Carlos Macías , Rizoma freireano, Rebelión, 14/12/15)

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