"Las monedas virtuales tienen un largo recorrido antes de convertirse
en un sistema habitual para uno mundo de consumidores al que ha costó
convencer de usar la tarjeta de crédito por Internet. La dificultad
crece cuando Bitcoin, el máximo exponente de ese dinero virtual, se ha envuelto en estafas e irregularidades.
En medio de este escenario, el Fondo Monetario Internacional
ha dado un voto de confianza al sistema con un documento de trabajo en
el que defiende sus virtudes y anima a los gobiernos a crear la
regulación necesaria para impulsar su uso de forma segura.
Es la primera vez que el Fondo se mete en el jardín de analizar un
mercado aún minoritario pero muy escurridizo, que escapa al control de
gobiernos y bancos centrales. “Las monedas virtuales ofrecen muchos
beneficios potenciales, como la rapidez y eficiencia en la realización
de pagos y transferencias y ayudando a la inclusión financiera”, apuntan
los expertos, y añaden que la tecnología que subyace a estas divisas
“ofrecen beneficios que van más allá de las monedas en sí mismas”, dicen
los expertos.
Al mismo tiempo, el Fondo admite que hay “riesgos” que debe
gestionarse a través de regulaciones equilibradas que no frenen la
innovación. También, admite, son demasiado volátiles como hucha para que
su uso se extienda de forma masiva. Además, nada como una moneda
virtual y encriptada para defraudar al fisco: nadie tiene por qué
identificarse cuando esas estas divisas, así que las transacciones por
Internet y de país a país gozan de oscuridad suficiente.
Las monedas virtuales son representaciones de valor emitidas por
desarrolladores privados y pueden comprarse por vía electrónica y
abarcan, desde cupones a millas aéreas, pasando por unidades respaldadas
por oro o las más conocidas, las bitcoin, que están encriptadas y son
seudoanónimas.
Bitcoin nació en 2009 como un proyecto de moneda virtual y cifrada
que se desarrollaba de forma colectiva a través de una plataforma. El
objetivo de su creador, un desconocido que se hacía llamar Satoshi
Nakamoto, era impulsar un sistema monetario paralelo y descentralizado e
una de las primeras implantaciones del concepto de criptomoneda.
Pero
no está clara la verdadera paternidad de una moneda, ya que admitirla es
exponerse al delito en EEUU de atentar contra el dólar. Seis años
después, el pasado diciembre, era detenido en Australia un emprendedor
de 44 años llamado Craig Wright como presunto creador de la moneda.
Las monedas virtuales, además, no ofrecen las mismas garantías que
una tarjeta de crédito, admite el Fondo, ya que los errores de las
transacciones son irreversibles.
Tampoco ayuda a la confianza la detención en verano del fundador de la operadora de bitcoins Mt.Gox, Mark Karpeles, después de que se evaporaran grandes cantidades de dinero de la empresa, que había acabado quebrando.
Pero, independientemente de las actuaciones penales contra los
individuos, este mercaqdo sigue vivo. Y si las Administraciones logran
contrarrestar sus peligros, según el FMI, son una innovación financiera
positiva.
“Las monedas virtuales y su tecnología pueden proporcionar servicios
financieros más rápidos y más baratos y pueden convertirse a una
herramienta poderosa para profundizar en la inclusión financiera en un
mundo en desarrollo”, según las palabras de la directora gerente del
Fondo, Christine Lagarde, en el comunicado. "El reto será cómo recoger
esos frutos al mismo tiempo que se previenen los usos ilegales, como el
lavado de dinero, la financiación del terror, el fraude”, añade.
Las bitcoin fueron utilizadas, por ejemplo, para una web “oscura” de
compraventa de productos ilegales llamada Silk Road que fue cerrada en
Estados Unidos en 2013. El documento del Fondo anima a crear marcos
internacionales homogéneos y la cooperación entre países.
Pese a las dudas, hay una realidad de grandes cantidades de estas
nuevas monedas en ciruclación. Hay ONG, como Cruz Roja o Save the
Children, que usan bitcoins para recibir donaciones. Y el banco de inversión Goldman Sachs puso 50 millones de dólares en la startup de Bitcoin, Circle." (Amanda Mars
, El País, Nueva York
20 ENE 2016)
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