"(...) La salida a la actual crisis sistémica pasará ineludiblemente por una
reestructuración de un sistema bancario sobredimensionado, y de una
deuda global en líneas generales impagable. Pero también requiere de una defensa ineludible del salario.
Disiento profundamente de quienes dicen que al Estado no le incumbe
ocuparse del nivel de los salarios, ni del salario mínimo o máximo, ni
de la jornada laboral, ni del salario de las mujeres. Todo lo contrario,
el aumento de los salarios es un fin legítimo de la política económica.
Elevar y mantener los salarios es el objetivo que deben buscar todos
aquellos que viven de los mismos, y los trabajadores tienen el derecho
de defender toda medida que conduzca a este resultado. En
realidad el liberalismo que emergió con la llegada de Margaret Thatcher y
Ronald Reagan al poder tenía como objetivo último debilitar al factor
trabajo y reducir los salarios.
En ese contexto el único elemento de mejora social fue la deuda,
diseminada además por un sistema bancario que fue desregulado y
abandonado a la suerte de la autorregulación, toda una infamia
económica. Pues bien es ese súper ciclo de deuda el que está a punto de
estallar.
A lo largo del súper-ciclo de deuda, aderezado con multitud de ideas tendentes a destrozar al factor trabajo, los buscadores de rentas han actuado a sus anchas, con el consentimiento o aquiescencia del poder político.
Durante esta fase, los salarios de los trabajadores han perdido poder adquisitivo,
mientras se cerraban empresas bajo el pretexto de buscar mayores
ganancias a través de la explotación de mano de obra barata en el
extranjero.
Durante este período, los grandes evasores de impuestos se
frotaban las manos observando cómo no se hacía nada contra los paraísos
fiscales -Luxemburgo, Suiza, Singapur…-. Durante ese tiempo, excluyendo
la tierra y la vivienda, el capital se mantuvo constante. Durante esos
años, el principal motor de la actividad económica fueron actividades especulativas financiadas con deuda. Pero llega a su fin.
Por eso va a ser necesario revertir la pérdida de participación del factor trabajo en la renta nacional,
a la vez que se debe disminuir la participación de todos aquellos
rentistas que han vivido a costa de trabajadores y productores. La
verdad universal es que un bajo nivel salarial no significa un bajo
coste de producción. Todo lo contrario.
En líneas generales un país
donde los salarios son más altos producen con mayores economías de
escala, asociadas a una mayor formación, mayor ingenio, mayor habilidad.
Los grandes avances tecnológicos se han producido allá donde los
salarios eran comparativamente más altos. Y la eficacia del trabajo es
mayor donde los trabajadores viven mejor, tienen más descanso, reciben
salarios más altos.
En realidad el efecto inmediato de una reducción general de salarios en cualquier país por parte de quienes lo promovieron fue únicamente alterar la distribución de la riqueza.
Del conjunto de la producción iría menos a los trabajadores y más a
aquellos que participan del resultado de la producción sin contribuir a
ella, es decir, los rentistas." (Juan Laborda, Vox Populi, 06/01/16)
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