"El papel de Alemania en el euro constituye una dolorosa paradoja
sobre las apariencias engañosas. Desde la cúspide de la eurozona, la
canciller Angela Merkel ha fabricado un discurso que enfrenta a deudores
malgastadores, generalmente los del Sur, con acreedores austeros, los
propios alemanes y, en general, los del Norte.
Pero ¿realmente han sido así las cosas? Hasta el nacimiento del euro,
el balance de las relaciones comerciales y de servicios de Alemania con
el mundo era muy negativo, en gran parte debido al coste de su
reunificación, desde 1989.
Con el euro, al iniciarse el siglo XXI, las
cosas cambiaron radicalmente y donde había déficit pasó a a haber
superávit, con el excedente exportador multiplicándose por dos. (...)
Hasta aquí una historia de éxito indiscutible, aunque ya se sabe que
la apuesta por las exportaciones siempre implica sacrificios internos y
subvenciones a los que venden fuera. Las clases medias y los
trabajadores alemanes renunciaban, sin saberlo, a una parte de su
consumo, y además, junto con las empresas, ahorraban depositando el
dinero en sus bancos.
¿Y qué hicieron estos? Pues destinar la mayor parte a operaciones en
el exterior, desde créditos a otros bancos, por ejemplo los españoles
que a su vez financiaban alegres hipotecas, hasta la compra de productos
especulativos o tóxicos, las subprime, a la banca norteamericana. Por
esa vía salieron de Alemania casi un billón de euros, de los que sólo
una pequeña parte se destinó a inversión productiva.
Al final llega la crisis y una parte enorme de ese dinero se evapora,
se pierde. Los cálculos más conservadores estiman que en el 2012 la
pérdida alcanzaba un 20% del total, es decir una cifra de escalofrío,
400.000 millones. Un coste muy superior al de la crisis griega o
irlandesa, pagado por los ahorradores alemanes a consecuencia de la
venalidad de sus banqueros, el primero el Deustche Bank.
¿Son los
alemanes los únicos afectados? Entre el 2007 y el 2008, los bancos
alemanes perdieron el 11% de todos los créditos subprime que había en el
mundo y que tenían en sus balances. Y, para hacer frente a esa
catástrofe, con el respaldo del BCE, que en el 2009 les dio la orden,
comenzaron a reducir su exposición de crédito en el exterior.
A partir de ese momento, los bancos alemanes y también los franceses,
cancelaron créditos o no los renovaron. Redujeron su crédito al sur de
la eurozona un 42%. Esa fue la mecha que encendió al crisis de la deuda
del 2010, primero en Grecia, luego en Irlanda, después en España e
Italia. Y no unos supuestos mercados repentinamente conscientes de que
había gobiernos endeudados." (Un relato alternativo de la crisis del euro, Manel Pèrez, La Vanguardia, en Caffe Reggio, 24/02/16)
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