18.4.16

El pequeño círculo de Podemos-París anda muy solicitado, entrevistas, debates… entre los activistas españoles se palpa la emoción

"Desde que el 31 de marzo arrancara en París el movimiento Nuit Debout ocupando plazas en toda Francia y abriendo nuevas ágoras por doquier, el pequeño círculo de Podemos-París anda muy solicitado; entrevistas, participación en debates… Entre los activistas españoles se palpa la emoción. 

“El momento que estamos viviendo y la ilusión que genera tiene una velocidad extraordinaria”, se leía en un correo interno del grupo.
Aquella misma noche del 31 de marzo Pablo, uno de los miembros del círculo, participó en la creación de las comisiones en la Plaza de la República. “Había mucho caos”, recuerda. Se creó una comisión de Moderación, otra de Asamblea General y otra de Democracia.

 “Al día siguiente nos dimos cuenta que las tres hacían el mismo trabajo”, explica en un bar del distrito XVIII. 31 años de edad, en París desde el 2011 donde ha estudiado ciencias políticas, este ex activista del 15-M madrileño expresa muchas ideas críticas y muchas esperanzas sobre lo que está ocurriendo en Francia. “He visto una madurez política que no me esperaba”, dice.

La vivencia de José, profesor de sociología en Lille, residente en Francia desde 1998, y miembro del mismo círculo, es bien diferente: “cuando llegamos a la plaza ya lo tenían todo listo, un “modelo 15-M” para ensamblar. Les dijimos; “¡pero si de lo que se trata es de que no haya modelo, de que la gente discuta sobre cómo organizarse y lo cree!

No hay contradicción entre ambos testimonios. Algo como lo que está ocurriendo, ahora en París, ayer en Madrid, es incoherente por definición. “Lo importante es descubrir la palabra, que se recomponga un vínculo social”, dice José, junto a la estatua de Marianne, la República, que marca el centro de la plaza. 

Los de Podemos-París no actúan aquí como un partido ni mucho menos como consejeros, sino como indignados, como Pedro, María y José. Su verdadero denominador común es cierta sonrisa de felicidad ante lo que ocurre.

Los españoles acudieron muy rápido a la Plaza. En los primeros días alrededor del 20% de los comentarios que se dejaban en la cuenta de twitter del movimiento francés eran en español. 

¿Espejismo? Hace unos años alguien explicaba que cuando en España el cajero automático era un recurso familiar, en Francia -donde el uso del cheque bancario aún está muy extendido- apenas había. Hoy las redes sociales están mucho más desarrolladas en España que en Francia. (...)

“Los indignados están en la mente de todos, explica Leila Chaibi, 33 años, una de las que presentaron la solicitud de permiso para ocupar la Plaza de París. “Como activista política francesa, el caso de Podemos me hace soñar, pero no estamos aquí para un cortar y pegar”, dice. Es verdad, pero algo hay.

 Por ejemplo el modelo La Tuerka, con el que Pablo Iglesias se estrenó en Madrid como entrevistador de televisión: desde hace unas semanas Jean-Luc Mélenchon, confundador del Parti de Gauche y candidato a la presidencia ha montado su propia Tuerka, entrevistando al personal. Y lo mismo hace el economista Jacques Sapir.

Si algo parece unir al pluralismo podemita en París es la idea de la inutilidad de la vieja izquierda, que en Francia es más fuerte que lo que era en España con Izquierda Unida y cuenta con intelectuales con influencia mediática y social sin equivalente en España. Pablo, Alberto y José coinciden en que hay que superar ese marco, hacerlo estallar en aras de una reconstrucción que implique a una mayoría social. 

Pablo sugiere incluso que el mayor peso de la gauche francesa, su carácter más organizado y estructurado, es más inconveniente que ventaja. Alberto, el físico, que ha escrito un excelente libro sobre Podemos directamente enfocado al público francés (”Podemos, la politique en mouvement”, saldrá en septiembre en París) inicia su exposición de la andadura del movimiento español con una cita de El Roto que lo resume todo: “Los jóvenes salieron a la calle e inmediatamente los partidos envejecieron”.

En la fraternidad de la plaza, todos son iguales. No hay “figuras”, ni “líderes”, ni “expertos” que valgan. Los indignados son infantería por definición. Las “figuras” tienen que desprenderse de la mochila de egos y méritos para ponerse el sayo de la humildad. No se viene a la plaza a pontificar, se viene a escuchar. Eso es muy duro para ciertos pavos reales de la gauche cuyo nivel de arrogancia suele estar en relación directa con la baja calidad de su aporte.

Francia es el país con la tradición social más potente de Europa, pero como en todos los países europeos, hace treinta años que eso se detuvo en un fenomenal bostezo que ha durado una generación. Muchos “pensadores” locales siguen produciendo ese discurso tan francés en el que lo ideológico y poético predomina sobre cualquier atisbo de trabajo analítico y empírico. La genialidad del discurso suele deducirse de su falta de claridad.  (...)

La transversalidad podemita, la capacidad de llegar a todas las víctimas de una oligarquía sean de izquierda o derecha, precisa buenos eslóganes populistas. La gauche desconfía del populismo, mientras observa, atónita, cómo el Frente Nacional arrasa.

La magnífica cultura intelectual francesa, que Noam Chomsky calificó de “burlesca”, debe ser desacralizada, depurada de payasos y charlatanes para concentrarse en lo mucho de valioso que contiene y que, desde luego, aventaja por todos lados al erial ideológico hispano, del que sin embargo ha surgido Podemos. Vaya extraña paradoja. ¿Lograrán las plazas francesas esa reconstrucción que apenas asoma?

“Las asambleas son más dinámicas que en Madrid, donde perdíamos mucha energía en el consenso”, observa Alberto. Al mismo tiempo, “ésta es una sociedad mucho más triste que la española en términos de desconocimiento del otro”, dice José, que menciona la “alucinante fragmentación de las clases populares en Francia”.

La extraordinaria segregación y estigmatización de las banlieues (los barrios periféricos) y de sus sujetos de origen emigrante, es otro problema gravísimo, “que no conocemos en España”, dice José. (...)

Bastaría un solo atentado yihadista como los del año pasado para que toda esta fiesta concluya como sueño interruptus

Ni las dudas, ni las risas, ni los pequeños avances de la chusca y periférica España al sacudirse el bipartidismo, cambian lo esencial: sin un potente movimiento social en Francia, el país del centro, no habrá cambio en Europa. Y en ese caso Podemos, los Indignados y la Puerta del Sol, serán notas a pie de página en el libro de la historia."                   (Rafael Poch, La vanguardia, en Rebelión, 18/04/16)

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