"(...) Holland no puede con la hegemonía alemana que ha impuesto la austeridad
desde el inicio de la crisis.
"Lo que tenemos ahora [la austeridad] es
una injusticia absoluta y podría destrozar la UE por completo", dice
parafraseando la idea de Adam Smith de que una sociedad puede sobrevivir
un tiempo con cierto nivel de injusticia, pero la injusticia absoluta
la destruirá por completo.
Este economista asegura sin embargo que aún
se puede salvar el barco y él sabe cómo hacerlo: con bonos emitidos por
el Banco Europeo de Inversiones (BEI) y el Fondo Europeo de Inversiones
(FEI), que no requieren crear nuevas instituciones y no cuentan en la
deuda nacional .(...)
"El gasto público sostiene al sector privado", afirma, y repasa por
ejemplo cómo los hospitales públicos en realidad están construido por
empresas privadas, igual que todo su equipamiento o los medicamentos que
se utilizan. Inversión pública que genera ingresos privados que a su
vez genera empleo y beneficios públicos a través de impuestos, como
explicaba Keynes.
También recurre a los estudios sobre psicología infantil de Melanie Klein sobre la "identificación proyectiva" y al libro de Friedrich Nietzsche The Genealogy of Morality
para explicar que en "esta Europa en crisis Alemania por primera vez ha
sido capaz de desplazar -es muy difícil negarlo- los horrores del
holocausto".
"Lo ha ido moviendo de la agenda y ha logrado hacer esta
identificación proyectiva de que es virtuosa y la culpa de la crisis es
del resto. Esto está relacionado con la palabra Schuld, que en alemán y neerlandés significa deuda y culpa".
Como contaba Nietzsche en su libro, en la Edad Media, si un deudor no
podía pagar a su acreedor, este le castigaba brutalmente por esa
deuda-culpa.
"Eso, de alguna forma, puede ser una descripción
periodística actual de lo que Wolfgang Schäuble y Jeroen Dijsselbloem le
hicieron a Syriza. No les interesaban las negociaciones. Dijsselbloem,
que se supone que es un socialdemócrata, se negó a hablar de la modesta propuesta". (...)
LA "MODESTA PROPUESTA"
Una modesta propuesta para resolver la crisis de la zona euro
es un plan que firmó junto al exministro griego de Finanzas Yanis
Varoufakis -y la colaboración de James K. Galbraith-, aunque como él
mismo confiesa, ni "Yanis" ni él son modestos.
Dentro del paquete
de cuatro medidas que plantean, está su propuesta de impulsar la
recuperación mediante eurobonos del BEI, a modo de remake
europeo del New Deal de Franklin D. Roosevelt. Por su experiencia de
asesor se ha dado cuenta de que muchos ministros de finanzas no saben
que tienen esa posibilidad para pedir crédito y financiar áreas como la
educación, sanidad, medio ambiente, regeneración urbana (lo cual puede
significar cualquier cosa, teniendo en cuenta que vivimos en una
sociedad urbana) y la tecnología sin que se les acumule en la deuda
nacional.
Cuando él se enteró de este detalle -porque se lo contó
el propio director del BEI-, fue "como haber encontrado oro, pero sin
tener que usarlo para respaldar una moneda o la recuperación europea.
Pero no lo publicitaban. Los bancos centrales lo saben, pero si llega un
gobierno radical o progresista, no le cuentan al ministro: "Oye, ¿sabes
que si pides al BEI no te cuenta en la deuda nacional? (...)
El New Deal a la europea es una idea que Holland defiende desde que
en noviembre de 1993 publicó un informe encargado por Delors como base
para su Libro Blanco para el Crecimiento, la Competitividad, y el
Empleo. Con un equipo de 16 personas desarrollaró un plan para crear 12
millones de empleos -cuando entonces el paro registrado en la UE de 12
Estados miembro era de 17 millones-. Consistía en tres vías:
"Primera,
inversión social financiada por bonos que no cuentan para la deuda
nacional;
segunda, reducción de las horas de trabajo como un derecho
ciudadano europeo; y
tercera, empleo intensivo en el sector social, lo
que significa más profesores y clases más pequeñas, más personal
sanitario y menores listas de espera".
"Algunos alemanes me han
preguntado: ¿y si cae el BEI? ¡Qué pregunta más idiota! No ha quebrado
nunca desde 1958. ¿Qué más pruebas hacen falta? Tiene una calificación
de triple A y más de dos tercios de todos los recursos de la Comisión". (...)" (Gloria Rodríguez-Pina, Huff Post, 10/04/16)
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