"(...)En
“Atolladeros de Europa”, Lordon identifica el proceso de construcción
europea como la “realización regional” de la “globalización liberal”.
Una globalización que, con la financiarización −a la que califica de
“revolución política silenciosa” en la que las finanzas se convierten en
el “tercer intruso en el contrato social”− se relaciona, de forma
conflictiva, con el principio de soberanía política.
La fijación de
normas férreas como las que establecen los tratados europeos (la
auténtica “política constitucional” de la UE) supone un disparate que
ataca a la línea de flotación de la idea de soberanía, la cual tiene que
ver, precisamente, con la discrecionalidad: “que el pueblo soberano
pueda decidir y revisar a voluntad”; idea esta, pensamos, que vendría a
representar la versión democrática y plebeya de la máxima del jurista
aristocrático y filonazi Carl Schmitt, según la cual “soberano es aquel
que decide sobre el estado de excepción.”
Lordon ataca sin piedad las propuestas del “Partido de la Concordia
Universal”, esto es, el europeísmo de izquierdas, el cual ve en los
eurobonos la solución a todos los problemas del continente, señalando,
por una banda, que el economicismo implícito en este europeísmo concibe
la integración de los países europeos sólo como unión económica (si se
rompe esta, se rompe toda otra relación) y no como potenciación del
intercambio de otro tipo de valores, bienes y riquezas no mediadas por
el mercado.
Por otra banda, Lordon recuerda a los europeístas de
izquierdas que el hecho de que sean los mercados los que ejerzan de
disciplinadores del gasto de los países de la Eurozona otorga a Alemania
un poder cuya pérdida sólo se podría compensar permitiendo que ese país
transforme a los socios comunitarios en protectorados auditados
directamente por la potencia centroeuropea, lo que ya acontece en
Grecia. En suma, estas son las disyuntivas que no quiere afrontar el
europeísmo bien pensante.
La dominación de Alemania es, pues, la “peor dominación de todas” porque es una dominación de “reluctant sheriff”
(sheriff reticente), una dominación no deseada.
Y lo es porque el rigor
monetario forma parte del “gran mito colectivo” alemán de posguerra; un
mito que, para Lordon, actúa como “sucedáneo del sentimiento nacional
que después de la derrota no puede permitirse expresiones patrióticas
chovinistas” y que, añadimos nosotros, parece encarnar el auténtico
“patriotismo constitucional” habermasiano que profesa la sociedad
teutónica.
Teniendo esto en cuenta, la idea de ejercer de potencia
implicaría que Alemania se convirtiese en prestamista internacional
último (a semejanza de los EEUU), lo que conllevaría la disposición a
estar “abierto a la idea de la creación monetaria”; algo que, dice
Lordon, “horroriza a Alemania”: “Alemania domina pero de la peor forma,
porque su dominación, de entrada, no es el fruto de un afán de poder,
sino de un temor irreprimible [...] sin proyecto ni lucidez”.
(Reseña del libro de fréderic Lordon: 'La chapuza. Moneda europea y soberanía monetaria', en Mientras tanto)
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