"(...) Se nos abre a la ciudadanía, (...), una nueva ventana de oportunidad. El objetivo debe de ser claro y contundente, barrer el capitalismo neoconservador dominante, en fase agónica, profundamente depredador, tanto en términos sociales como económicos y medioambientales.
Debemos aprovechar la crisis que se avecina para aplicar todo un
conjunto de medidas que además de no dejar a nadie en la cuneta, sea
compatible con el respeto al medio ambiente. El lema debería ser
“creciendo juntos”.
Obviamente ello requiere acabar con el Totalitarismo Invertido
en el que estamos inmersos. Hoy más que nunca es necesaria la
"movilización cívica" que acabe con los fuegos de artificio y la
profunda apatía actual. Hemos de echar a la calle democráticamente a
todos aquellos que se empeñan en reconstituir el sistema existente con
el objetivo de favorecer de manera permanente a la clase dominante, los
más ricos, los intereses corporativos.
Es vital, en este sentido, poner
fin al ritmo intenso ritmo de trabajo y horarios prolongados, que
combinados con la inseguridad laboral son la fórmula para la
desmovilización política, para privatizar la ciudadanía.
Pero en primer lugar empecemos por corregir los desmanes del sector que nos ha llevado hasta aquí, el sistema financiero; y acabemos de una vez por todas con el oscurantismo que mueve a los distintos lobbies a fijar con los políticos de turno, al margen de la ciudadanía, tratados de libre comercio distópicos.
Hay que poner fin a los procesos de financiarización, privatización de
servicios públicos, y abaratamiento masivo del factor trabajo.
La nueva arquitectura financiera debe pasar ineludiblemente por reducir el tamaño de los bancos y restaurar la ley Glass-Steagall,
que separa la banca comercial y la de inversión, añadiendo a ello una
más efectiva supervisión de las instituciones financieras bajo la tutela
pública.
Es necesario, además, una reestructuración del sistema
financiero occidental insolvente a costa de gerencia, accionistas y
acreedores, que además conlleve una reestructuración de la deuda
familias y empresas. Se debe prohibir a las instituciones financieras
especular en derivados de ciertas materias primas, energía y productos
básicos agrícolas.
Finalmente es necesaria la creación de un nuevo
sistema monetario internacional basado en una cesta de monedas de las
principales economías del mundo.
Nuevos principios para el comercio.
La expansión monetaria, la devaluación interna, y el crecimiento de
la deuda soberana ilegítima permitieron a las élites recuperar la caída
de la tasa de ganancia del capital y, sobre todo, seguir financiación un
gigantesco proceso de acumulación y adquisición de riquezas por todo el
globo, en favor de las grandes multinacionales y de la “superclase”.
Hasta ahora. La desigual distribución de la renta, la sobrevaloración de
los distintos activos financieros e inmobiliarios, junto a los límites
físicos y energéticos del planeta, han abortado el nuevo intento de fuga
hacia delante. Por eso ya tienen preparado nuevas formas de mantener
las tasas de ganancias.
Y es aquí donde entra en juego el Tratado de Comercio Transatlántico. Entre otras cosas presupone,
a través de la información aportada en documentos secretos que han
salido a la luz, y que hemos ido conociendo los últimos meses, nuevas privatizaciones y liberalizaciones de servicios públicos -educación, sanidad, agua, energía, transporte…- para que los mismos que nos han arruinado continúen a lo suyo. Por eso debemos decir no.
Para hacer frente a la creciente desconfianza de los ciudadanos en
relación con los acuerdos comerciales, hay que garantizar la
transparencia de negociaciones y la participación de las sociedades
civiles interesadas en este campo. (...)" (Juan Laborda, Vox Populi, 16/04/16)
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