13.5.16

La campaña de Sanders se juzgará por si encendió la chispa de un movimiento que transforme Norteamérica

"Ahora que Bernie Sanders ha perdido la mayoría del Medio Oeste, antaño industrializado, frente a Hillary Clinton, ahora que resulta de lo más improbable que vaya a convertirse en el candidato designado por los demócratas, ha comenzado por fin el periodo más importante de la insurgencia de Sanders.  (...)

Pero la de Sanders no es una campaña que la Historia vaya a juzgar por el número de votos conseguidos. Como sólo un puñado de campañas de algunos predecesores, como ninguna campaña presidencial desde la de Barry Goldwater, la suya se juzgará por si encendió la chispa de un movimiento que transforme Norteamérica. 

Esa es la medida por la que el mismo Sanders lleva a cabo la estimación de su éxito: que su campaña pueda suscitar lo que él mismo llama una revolución, inspirando a sus partidarios (y a algunos de los de Hillary Clinton), una vez se acabe la campaña de este año, a levantar  los movimientos sociales y políticos que puedan romper el dogal con el que la riqueza atenaza la política y las medidas de la política, y recrear así la prosperidad masiva que fue antaño tarjeta de presentación de Norteamérica ante el mundo.

El problema es que las campañas electorales no crean organizaciones duraderas, y mucho menos movimientos sociales.  (...)

Sin embargo, esta primavera, dirigentes y activistas de toda suerte de movimientos y organizaciones progresistas están haciendo rodar una vez más esta piedra colina arriba. Pueden recitar todas las razones por las que Obama nunca despegó del suelo; algunos de ellos trabajaron incluso para la Rainbow hasta que se dieron cuenta de que había mejores lugares para llevar a cabo cambios sociales

La mayoría de ellos están penosamente familiarizados con la tragicómica historia de la izquierda norteamericana, una tendencia en buena medida marginal en la política norteamericana que a menudo ha despilfarrado sus momentos de oportunidad con exhibiciones de pureza y rigidez que a menudo la han vuelto más marginal.
Y sin embargo, muchos progresistas creen que esta vez puede ser distinto.   (...)

La tarea de construir ese algo perdurable, entienden, les compete a ellos, aunque Sanders mismo pueda ayudar en el proceso.

Dirigentes de sindicatos, grupos de organización comunitaria, organizaciones de minorías y grupos estudiantiles, destacados ambientalistas y activistas de Sanders, los que se patean los distritos electorales y los que realizan campañas digitales, algunos aliados desde hace mucho, algunos completos extraños entre sí, están inmersos “todos en un diálogo grande y cambiante”, en palabras de uno de esos dirigentes, para idear cómo llevar a cabo la Revolución una vez que termine la campaña de Sanders.

Hay quienes están planeando cónclaves nacionales, como la “Cumbre del Pueblo”, en la que se congregarán los grupos dispares del universo de Sanders para disponer una agenda común. Algunos están planeando cómo espolear a los delegados de la Convención Demócrata (incluyendo a algunos comprometidos con Clinton) para desplazar el partido a la izquierda. 

Y lo que es más fundamental, están debatiendo ideas sobre cómo crear algo: organizaciones, coaliciones, redes, locales, de los estados, nacionales, que puedan captar y construir a partir de la energía que ha liberado la campaña de Sanders.

El reto de crear una izquierda duradera a partir de los jóvenes partidarios de Sanders, que han aportado pasión, energía y números a su campaña, resulta particularmente abrumador.  (...)

¿Llevan razón todos estos experimentados activistas al tener la esperanza de que esta vez vaya a ser diferente, de que esta vez pueda echar raíces una poderosa izquierda socialdemócrata en el suelo político norteamericano?
Creo que sí. Principalmente porque la campaña de Bernie Sanders no creó una nueva izquierda norteamericana. La reveló."                (Harold Meyerson, Socialist Worker   , en Sin Permiso, 24/04/2016)

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