"(...) El último sondeo del CIS dice que los indecisos son cerca del 30 %
del electorado. De ellos depende la suerte de las elecciones. Muchas y
muy variadas son sus dudas. Pero la hipótesis, cada vez más sólida, de
un éxito electoral de Unidos Podemos está en el fondo de buena parte de
ellas.
De formas distintas. Porque hasta personas cuyo voto podría
decantarse a favor de esa coalición temen que ese éxito provoque
reacciones durísimas. Y por eso aún no se atreven a dar el paso.
Los
estrategas de los restantes partidos están jugando de forma
prácticamente exclusiva a esa baza. A la del voto del miedo. Tanto, que
es imposible diferenciar claramente las campañas del PP, del PSOE y de
Ciudadanos. Todas ellas están trazadas con el mismo patrón y casi en los
mismos términos. Lo sustancial de las mismas es el ataque, la
descalificación, el rechazo de Unidos Podemos.
Con argumentos
banales, recurriendo a tópicos mil veces utilizados en el pasado, pero
sabiendo que pueden hacer mella en una parte del público. Y no porque
ningún indeciso se vaya creer que Pablo Iglesias es un secuaz del
venezolano Maduro o que de nuevo amenace el fantasma comunista. O casi
ninguno, para ser precisos. Sino porque ahora que de verdad parece
acercarse, la posibilidad de un cambio real asusta a no poca gente,
incluso a algunos de los que podrían apoyarlo.
No es ninguna
novedad. Algo de eso pasa siempre en los momentos cruciales del devenir
político de un país. Y el que se está viviendo en estos días, aunque
seguramente no concluirá del todo en bastante tiempo, es uno de ellos.
Las fuerzas del cambio se han ido acumulando en los últimos años. De
forma atropellada e imprevista, pero obedeciendo a movimientos reales en
el seno de la sociedad. Es mucha la gente que está harta, que quiere un
nuevo tiempo que sanee la política y las instituciones de este país.
Bastante más que los votantes de Unidos Podemos que registra el CIS.
Pero no poca de ella quiere también garantías de que ese cambio no va a
terminar en desastre.
Los dos partidos, el PP y el PSOE, que han
dominado la escena política en las últimas tres décadas y que saben que
ese eventual cambio se hará a costa de reducir su poder y su influencia,
drásticamente en algún caso y apartado, están apostando prácticamente
todo a que esa inquietud se agrande y se ahonde.
Los poderes fácticos
que dominan la economía y buena parte de todo lo demás les presionan
para que no dejen de hacerlo. Ciudadanos, un partido que pudo ser un
intento serio de reformar el centro-derecha español y de limpiar las
instituciones, ha tirado la toalla y se ha sumado a ese esfuerzo.
Los
nacionalistas catalanes y vascos están cada vez más a lo suyo, para
bien o para mal y cuentan cada vez menos en la escena española. Ese
distanciamiento, que no excluye la posibilidad de alguna componenda en
el momento de la futura investidura, alegrará a algunos. (...)
De manera que en el terreno del juego político quedan sólo los tres
partidos citados, de un lado, y del otro Unidos Podemos. Cada uno en su
orilla y sin visos de que algún día sea posible tender un puente entre
una y otra. ¿Dos Españas? ¿Las de siempre? No.
Dos maneras de leer el
presente y de enfocar el futuro. Una, conservadora, la que no quiere
perder nada de su status presente, sea este magnífico, el de los
poderosos, o modesto. Otra, la de quienes creen que las cosas han
llegado a un punto en el que es imprescindible romper con el pasado.
Los
intérpretes de esa necesidad, sus gestores políticos, son un grupo de
personas que han entrado en escena casi por sorpresa y que se están
viendo obligados a ahormar sus ideas y sus propuestas sobre la marcha,
impelidos por un apoyo popular que no ha dejado de crecer a un ritmo que
ni ellos mismos podían prever.
No han tenido tiempo para preparar el
arsenal de respuestas a cualquier pregunta incómoda, sea con la verdad o
con una mentira, que es lo que los partidos asentados hacen todos los
días, año tras año y sin muchas prisas, con sus equipos profesionales.
Por eso tienen fallos y más un flanco débil.
No es difícil
encontrarlos para quien está con la mira puesta en hacerles todo el daño
posible. Pero si se repasa la lista de los que les han sacado en los
dos últimos años se concluirá que ninguno ha alterado significativamente
su andadura.
Porque no hay mucha trampa posible detrás de lo que
representa Unidos Podemos, y antes Podemos. Su propuesta no es
alambicada, sino sencilla y coherente con el estado de ánimo de la
población que les apoya. Hasta ahora esa relación ha funcionado muy
bien. Y el entramado no ha dejado de avanzar. (...)
De que si no hacen locuras, este país puede perfectamente encajar que
Unidos Podemos sea una fuerza determinante en el nuevo parlamento.
Vencer el miedo que los otros propagan sin denuedo y sin vergüenza, es
su prioridad en estos momentos. " (Carlos Elordi, eldiario.es, 10/06/16)
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