8.6.16

Los trabajadores votan a Trump porque sus salarios reales están al nivel de 1960, y por el miedo y la desesperanza causados por un aumento alarmante de la mortalidad en estos sectores sociales

"(...) –¿Cómo se compone hoy el electorado de Trump?

–Haciendo a un lado elementos racistas, ultranacionalistas, y fundamentalistas religiosos (que no son menores), los partidarios de Trump son en su mayoría blancos de clase media-baja, de la clase trabajadora, y con menor educación, gente que ha sido dejada de lado durante los años neoliberales. 

Su popularidad es, en cierta medida, alimentada por el miedo arraigado y la desesperanza que pueden ser causados por un aumento alarmante en los índices de mortalidad para una generación de escasa educación. 

Que la mortalidad esté aumentando en estos sectores es una cuestión desconocida en las sociedades desarrolladas, y un signo de profundo malestar social. Los salarios reales de la población masculina están a nivel de la década de 1960.

 El crecimiento económico ha ido a los bolsillos de una pequeña minoría, que vive en un mundo diferente de la gran masa de la población. La inseguridad laboral ha aumentado y esto ha sido el fruto de una decisión consciente.

–¿Podría ampliar esto último? 

–El ex presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, llegó a explicar al Congreso que sus éxitos en la gestión de la economía, que condujo a un desastre global, se basaron en una “creciente inseguridad laboral”; una noticia maravillosa porque significa que las personas que trabajan ni siquiera tratan de conseguir una porción de la torta, y las ganancias para los ricos son seguras. 

En este sentido, si los trabajadores carecen de seguridad y viven vidas precarias seguramente renuncien a sus demandas. No intentarán conseguir mejores salarios.

 Esto es lo que, técnicamente hablando, Greenspan llamaba una economía “saludable”. Es evidente que las opiniones de los trabajadores y los pobres son prácticamente ignoradas en el sistema político, que responde casi en su totalidad a los poderosos, como demuestran todos los estudios que se hacen a este respecto. 

Están indignados y lo están con razón, pero como suele suceder, están dirigiendo su rabia contra minorías todavía más victimizadas que ellos: los inmigrantes y otros grupos víctimas de un “bienestar tramposo” (todo tipo de personas que de alguna manera se cree que están recibiendo lo que no están recibiendo) inventados por la propaganda de la derecha.
 
–¿Qué rol jugó la apelación al miedo como estrategia electoral? 

 –En el caso de Trump, parece que su atractivo se basa en ideas de pérdida y de miedo. El ataque neoliberal a las poblaciones del mundo no ha dejado de afectar a Estados Unidos. La mayoría de la población se ha estancado o sufrido algún deterioro, mientras que se ha acumulado una riqueza impresionante en pocos bolsillos.

 También es importante advertir que Trump obtiene un importante apoyo de nativistas y racistas. Sus partidarios, en su gran mayoría blancos, pueden ver que está desapareciendo la imagen que guardan de una sociedad dirigida por blancos.

–Hace poco evocó al surgimiento de Hitler para referirse al de Trump. ¿En qué sentido lo hizo? 

 –Voy a citar lo que dije: en un libro de hace más de una década yo citaba al eminente académico de la historia alemana Fritz Stern, que escribió en el periódico de la clase dominante Foreign Affairs sobre “la decadencia en Alemania que iba desde la decencia hasta la barbarie nazi”. 
Stern sostenía lo siguiente: “Hoy me preocupa el futuro inmediato de Estados Unidos, el país que acogió a los refugiados de habla alemana en la década de 1930”, incluido él mismo.

 Con unas repercusiones para el aquí y ahora que no podrían pasar desapercibidas a ningún lector atento, Stern examinaba el demoníaco llamamiento de Hitler a su “misión divina” como “salvador de Alemania” en una “transfiguración pseudorreligiosa de la política” adaptada a las “formas cristianas tradicionales” que dirigen a un gobierno dedicado a los “principios básicos” de la nación, con “el cristianismo como la base de nuestra moralidad nacional y la familia como la base de la vida nacional”. 

Además, la hostilidad de Hitler hacia el “Estado laico liberal”, que compartía una gran parte del clero protestante, motorizó “un proceso histórico en el que el resentimiento hacia un mundo laico desencantado encontró su liberación en la extasiada huida de la sinrazón”. Eso fue mucho antes de que Trump apareciera en escena. Trump no es un fascista. 

Apenas tiene una ideología coherente perceptible. Pero su movilización de sectores religiosos racistas, ultranacionalistas, y fundamentalistas religiosos, junto con un número importante de gente que está muy enojada y resentida por haber sido marginada a un costado mientras se diseñan políticas para enriquecer y potenciar a los ricos y poderosos, es un peligroso caldo de cultivo, que de alguna manera evoca a finales de Weimar, de modo similar a lo que escribió Stern mucho antes de que el fenómeno Trump trajera estas tendencias a la superficie.

–¿Quién cree que ganará la elección presidencial?

–Probablemente Hillary Clinton, pero no es una cosa segura. (...)"                   (Entrevista a Noam Chomsky ,Bárbara Schijman , Página/12, en Rebelión, 07/06/16)

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