"(...) Lorenzo. A sus 27 años y con un título de abogado en la
pared de su casa, trabaja de lunes a viernes en un despacho de Huesca.
En el último año apenas ha ingresado unos 6.000 euros, por debajo de los
8.011 euros al año para un adulto estipulados como umbral de riesgo de
pobreza. Con esas ganancias asegura que intenta llevar la mejor vida que
puede.
“Llevo tres años de autónomo, con todo lo que eso conlleva”,
añade. No es fácil manejarse: “Hay meses en los que los gastos llegan de
golpe y cuesta más”. Por suerte, puede contar con la ayuda de sus
padres, con los que vive y de los que tiene que tirar “de vez en
cuando”.
Aunque está deseando independizarse desde
hace tiempo, Lorenzo encaja en el perfil de español joven condenado a
vivir con sus padres, un patrón que según el INE se reproduce en más de
la mitad de los chicos y chicas de entre 25 y 29 años en España. Lorenzo
no se considera pobre pero sí con “un empleo precario, porque mi sector
es especial.
Los abogados necesitan muchos años para tener un estatus
económico normal. Para mí no es lo mismo entender la pobreza como una
situación en la que estás desamparado que tener un empleo con unos
ingresos irregulares o bajos”.
Una de las
variables que tiene el cuenta el INE para medir la pobreza son las
vacaciones. Poder tenerlas o no. “Es difícil porque tienes que recortar
por otros lados para poder irte. Lo bueno es que hay una oferta muy
amplia para irte sin hacer grandes dispendios, solo te tienes que
adaptar a lo que tienes y calcularlo bien”. (Moha Gerehou, eldiario.es, 28/05/16)
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