15.7.16

Brexit, o qué pasa cuando el voto es visceral. La revuelta de la población contra sus élites... porque la clase media europea perdió 18 millones de personas en los últimos 10 años

"Los especialistas en encuestas dicen que cuando las personas consultadas no se sienten cómodas diciendo qué van a votar es porque a nivel racional no están a gusto con la papeleta que colocarán en la urna. En otras palabras, los electores actúan más por una cuestión visceral que cerebral.

Eso fue lo que pasó en Gran Bretaña el 23 de este mes, cuando se realizó el referendo para decidir si se iba o se quedaba en la Unión Europea (UE), y las encuestas a boca de urna le dieron una ligera ventaja a la opción de quedarse, que resultó no ser la elegida por la población.

El referendo por el brexit fue realmente una cuestión visceral. La campaña para irse se basó en el miedo a una invasión masiva de turcos, derivada de la posible incorporación de su país a la UE, una falsedad total, y en que Gran Bretaña le pagaba al bloque unos 50 millones de libras al día, otra mentira.

Pero el asunto central, planteado especialmente por el ex alcalde de Londres, Boris Johnson, fue: “Nosotros (los británicos) ya no somos libres. Consigamos nuestra independencia”. Incluso llegó a comparar a la UE con la Alemania nazi que quería apoderarse de Europa. Claro, sus intenciones eran simples: que el primer ministro británico David Cameron renunciara y entonces ocupar su lugar. ¡Un brillante ejemplo de idealismo!

El grito de independencia agitó el sesgo nacionalista de los nostálgicos de la época imperial, quienes creyeron que su país recibiría un enorme flujo de extranjeros si se quedaba en la UE y que no controlarían sus fronteras. El hecho de que las estuvieran controlando, en función de su acuerdo con el bloque, pasó milagrosamente a un segundo plano.

Pero más allá de ese elemento específico de la identidad británica, las razones del brexit fueron las de la ola xenófoba, nacionalista y populista que se propaga por Europa. Su campaña contó con esos tres elementos, más un cuarto: la revuelta de la población contra sus élites.

Lo que los analistas ahora terminan de comprender es que los argumentos racionales ya no son importantes, lo que cuenta es el miedo. Y todo lo que abofetee a la élite y al sistema crea una reacción iconoclasta, que lleva a descartar a sus íconos, lo que es ahora una variable política en toda Europa. (...)

En Francia (otro imperio perdido), fue el llamado de Marine Le Pen el que reabrió el debate sobre la identidad francesa, la necesidad de evitar diluirse en el multiculturalismo y la inmigración, en especial si son musulmanes, y recuperar el control de las fronteras francesas de la dominación de la UE.

El año que viene, hay elecciones en Alemania y en Francia. En esta última, Le Pen encabeza el que actualmente es el mayor partido de su país, el Frente Nacional, y será difícil mantenerla alejada del poder. En el primer caso, se verá el crecimiento de la derechista y populista Alternativa para Alemania (AfD), que basa su intención de irse de Europa en la reapropiación de la identidad alemana y de su soberanía.

Uno de los pocos elementos positivos de la aprobación del brexit es que crece el coro de voces que señalan que la globalización no cumplió su promesa: riqueza para todos y que en cambio, creó una terrible desigualdad social, que hace que unas pocas personas concentren gran parte de la riqueza nacional y muchas más queden al margen.

Según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), la clase media europea perdió 18 millones de personas en los últimos 10 años. (...)

 Durante la campaña para el referendo británico, el hecho de que los banqueros apoyaran a quienes querían quedarse en la UE tuvo el efecto contrario sobre 27 por ciento de los ciudadanos que no llegan a fin de mes y que ven cómo 1.000 banqueros y 1.500 gerentes de empresas ganan un millón de libras al año.

Ahora hasta el Fondo Monetario Internacional publica estudios sobre cómo la desigualdad social es un obstáculo para el crecimiento y sobre la importancia de invertir en políticas de bienestar que apunten a la inclusión y a la igualdad.

Eso ocurre, podrían decir algunos, porque la reacción a la globalización no crea solo olas de derecha. Con el sentimiento de que quienes están en el sistema ignoran sus problemas, los nuevos movimientos de masas vienen de la izquierda, como Podemos en España.

En Italia, tras ganar las elecciones provinciales hace unos días, el Movimiento 5 Estrellas aparece con probabilidad de asumir el gobierno nacional, actualmente en manos del socialdemócrata Partido Democrático. Tras dos años en el poder, su líder, el “joven” Matteo Renzi, ya parece una vieja figura del sistema.

Quizá también se vuelva claro que la UE sufre el mismo problema. Todo el mundo habla de su papel marginal en el mundo, del hecho de que los burócratas no elegidos de Bruselas viven desconectados de la realidad y se dedican a discutir normas sobre cómo empaquetar tomates e indiferentes a los problemas de la ciudadanía europea. (...)"                (Roberto Savio , Alainet, en Rebelión, 29/06/16)

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