"(...) Desde estas líneas hemos mantenido que la salida a la crisis sistémica
está siendo en falso y que los problemas actuales, salvo la mejoría
notoria en nuestra balanza por cuenta corriente, son parecidos a los
existentes a finales de 2007. Por un lado, una deuda total excesiva,
superior al de 2007.
Por otro, recordando la reciente carta de la
asociación de inspectores del Banco de España sobre el funcionamiento
del Mecanismo Único de Supervisión, la fragilidad de nuestro sistema
bancario –no solo el nuestro, en general afecta a todo occidente-.
Finalmente, la ausencia de inversiones en capital y desarrollo.
En una recesión de balances, como la actual, la política monetaria tiene un impacto nulo en la economía, mientras que la política fiscal ofrece una alternativa real. (...)
El Banco Central Europeo podría utilizar su capacidad de emisión de moneda y financiar los déficits fiscales de los Estados miembros para que pudieran fomentar el crecimiento y el empleo en sus economías sin encontrarse con las restricciones que los mercados de bonos privados ejercen en sus gastos. Se trata de un principio básico de la Teoría Monetaria Moderna (TMM),
que ya explicamos con detalle en su momento.
Sin embargo, no se hace.
En realidad el abandono de la política fiscal como instrumento de
política económica es meramente ideológico, y obedece a la defensa de
los intereses de clase de ciertas élites. Organismos multilaterales nada sospechosos de herejía como el Fondo Monetario Internacional, y, sobretodo, la OCDE reclaman ahora -eso sí, con retraso- el uso de la política fiscal.
¿Por qué crece España?
Los motores de crecimiento patrios son, por un lado, la relajación del ajuste presupuestario
-desde 2014 se ha producido un incremento del déficit estructural-. Por
otro, la entrada de flujos financieros foráneos en nuestra economía,
derivados fundamentalmente de la política monetaria del BCE.
Inicialmente fueron inyecciones directas de liquidez al sistema
bancario, vía préstamos a largo plazo a coste irrisorio; ahora, a través
de la expansión cuantitativa, mediante la compra en mercado secundario
de deuda pública por parte del regulador.
Los datos de la propia Comisión Europea muestran que, para España,
en el período 2010-2013 la política fiscal fue tremendamente
contractiva. El déficit estructural se recortó desde niveles superiores
al 7% del PIB a cifras próximas al 2%.
En un contexto de
desapalancamiento del sector privado ello supuso una gravísima recesión
económica. Pero desde la segunda mitad de 2013, la austeridad se relajó.
Y ello fue muy positivo. El déficit estructural ha crecido en el período 2014-2016 y
la aportación del consumo público al crecimiento económico del período
comprendido entre el segundo trimestre de 2013 y finales de 2015
representa el 62% del total del crecimiento económico.
No solo ha habido relajación presupuestaria. Las ayudas del Banco
Central Europeo han sido notorias. Las últimas, en un contexto de
impulso fiscal, han permitido una reactivación modesta del crédito
bancario. En el último año han entrado en nuestro país más de 100.000 millones de euros por la expansión cuantitativa del BCE (programa
compra de activos). Por cierto, operaciones de política monetaria del
BCE vía Banco de España, no mutualizadas. ¿Por qué en vez de comprar
deuda pública y privada no financia directamente el gasto público?
Pero eh ahí la fragilidad. ¿Qué ocurriría si el
Banco Central cierra el grifo y Bruselas intenta imponer al nuevo
ejecutivo esa austeridad que relajaron conscientemente desde la segunda
mitad de 2013? Obviamente, se paralizaría el crecimiento, aumentaría la
aversión al riesgo y emergería con toda su fuerza la fragilidad de los
balances de los distintos sectores económicos, incluidos los bancarios.
El problema de la deuda
La deuda total supera los 4 billones de euros, y representa un 393,3%
del PIB. La cifra sigue siendo muy superior a la de 2007. La deuda
externa alcanzó el máximo histórico en el primer trimestre de 2015 casi
los 1,2 billones de euros, un 114% del PIB, y apenas se ha reducido.
El
48% de esa deuda externa corresponde a la deuda de las administraciones
públicas (en el año 2008 solamente representaba el 20%). La situación se
agrava si analizamos la composición de la posición de inversión
internacional neta de España. Los flujos de inversión extranjeros se han
destinado básicamente a financiar al Tesoro y a las emisiones de bonos
corporativos de las grandes empresas. Apenas hay mejora en nuestro
aparato productivo.
En definitiva, el crecimiento español se está financiando con más deuda pública -con soberanía monetaria no sería necesaria más deuda para financiar ese gasto-,
induciendo a su vez a un aumento de la deuda externa neta, en niveles
récord. Y ahora el BCE sustituye a ese flujo foráneo, pero sin
mutualizar deuda, ya que se mantienen en el balance del Banco de España.
Pero de todo ello no se dijo nada en el debate 13J, y ello, sinceramente, es una pena." (Juan Laborda, Vox Populi, 15/06/16)
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