"(...) Asumir una reflexión más profunda supone, en mi opinión, adentrarnos en
el complejo territorio de los valores, intereses y motivaciones que han
impulsado la conformación de la preferencia expresada por estos
votantes.
Y ponderar, por ejemplo, cuánto ha pesado en personas humildes
la adhesión identitaria a valores reaccionarios y conservadores, sin
tener en cuenta sus propios intereses; cuánto el bombardeo mediático al
que se han visto sometidos en las últimas semanas, el miedo a escenarios
de incertidumbre aumentados por el resultado del referéndum británico,
la apelación al voto útil frente a todo ello…
Desentrañar los mecanismos
de la opresión política y de la dominación cultural que aún atrapan a
amplios sectores populares es tarea ardua pero imprescindible. (...)
Y esta reflexión vale también para tratar de explicar la resistencia del
otro polo del bipartidismo, la de un partido que obteniendo el peor
resultado desde las primeras elecciones tras la dictadura franquista,
perdiendo 120.606 votos y 5 escaños, logra mantener la segunda posición
en porcentaje, electores y diputados. (...)
Cabe analizar, por ejemplo, qué proporción de sus votantes tiene
plenamente asumido su papel de garante de una alternancia bipartidista
funcional a los poderes económicos y mediáticos españoles y europeos y
cuántos siguen votándolo en la creencia de que sus siglas centrales, socialista y obrero, siguen
vigentes y pueden inspirar su actuación política, a pesar de la “miopía
decisional” que ello pueda suponer a la vista de los hechos.
Ello sin
obviar así mismo el conocimiento de los mecanismos clientelares que
permanecen en algunos territorios como redes que mantienen fidelidades
poco atribuibles a afinidades ideológicas y más a estrategias de
supervivencia en situaciones de exclusión social.
También aquí es precisa una labor ardua y paciente para ir desvelando
el andamiaje sociocultural que sustenta la impostura de esta fuerza
política.
La consecuencia de ello puede ser, además, que vayan
diluyéndose algunas ilusiones aún muy extendidas sobre el potencial de
acuerdos posibles con esa fuerza mientras no surjan en su seno energías
capaces de realizar la catarsis imprescindible para hacerla renacer como
una herramienta útil para la transformación social, cultural y
política. Algo que por el momento no aparece en un horizonte cercano. (...)
En el caso de Unidos Podemos, tanto las expectativas inducidas por la
práctica totalidad de las encuestas en las últimas semanas –incluidos
los sondeos realizados a lo largo de la jornada electoral y hechos
públicos al cierre de las urnas–, como el objetivo proclamado de ganar
las elecciones, despertaron un gran entusiasmo y movilización en las
plazas y en las redes sociales.
De ahí que el resultado obtenido haya
sido acogido en un primer momento con sorpresa y decepción. Quienes
teníamos depositadas nuestras esperanzas en un paso de gigante que
pudiera merecer el calificativo de histórico en el plano electoral,
tendremos que esperar algo más para definir así los logros de esta
confluencia política en dicho ámbito. (...)
Y sin embargo, dado el tamaño de los retos asumidos, de la tarea
realizada y pensando en lo que viene, creo que se podría hablar de una
derrota admirable. Una derrota, sí, pero admirable porque no debiera
desmerecer lo conseguido, que es bastante más de lo que pudiera parecer
al haber obtenido “solamente” 71 diputados.
Dicho sea esto no
solo para volver la vista atrás y situar el resultado de Unidos Podemos
en su debida perspectiva histórica, la anterior y posterior al 15-M, la
de los procesos electorales de 2014 y 2015 y la previa al acuerdo
electoral; sino sobre todo mirando hacia el futuro, en el corto y medio
plazo, si se logra atinar en la reflexión y en el camino a proseguir. (...)
La primera cuestión a despejar tiene que ver con la valoración de la coalición electoral a la luz de los resultados. (...)
Ahora más que nunca hace falta identificar con precisión los retos y
envites que los trabajadores y la mayoría social tenemos por delante en
España y Europa. Para afrontarlos hará falta seguir concretando y
actualizando el programa básico que puedan hacer suyo los distintos
sectores que conforman la mayoría social lesionada por las políticas
económicas dominantes.
Un programa que ponga por delante la defensa de
todos los derechos humanos, los económicos, sociales y culturales, los
de los ciudadanos censados y los de los expulsados de sus casas y
tierras por las guerras y el hambre que claman por su derecho al asilo a
las puertas de la Unión Europea. (...)" (Víctor Rías, El Viejo Topo, 27/06/16)
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