"(...) la salida de Gran Bretaña —el Brexit— probablemente empeoraría la
situación, no solo para Gran Bretaña, sino para Europa en general.
El
planteamiento económico básico está claro: el Brexit empobrecería a los
británicos. No conduciría necesariamente a una guerra comercial, pero
sin duda perjudicaría al comercio entre la isla y el resto de Europa, lo
que reduciría la productividad y los ingresos.
Mis cálculos
aproximados, que coinciden en líneas generales con otros, indican que
Gran Bretaña acabaría siendo alrededor de un 2% más pobre que si se
quedase, prácticamente para siempre. Eso es un gran revés.
¿Y qué
hay de las advertencias sobre que la salida desencadenaría una crisis
financiera? Ese es un temor exagerado. Gran Bretaña no es Grecia: tiene
su propia moneda y toma dinero prestado en esa moneda, de modo que no
corre el riesgo de que el pánico bancario desate el caos monetario.
Durante las últimas semanas, la probabilidad de que gane el “no” a la UE
ha aumentado de manera clara, pero los tipos de interés británicos han
bajado, no subido, siguiendo los pasos del descenso global de la
rentabilidad. Aun así, desde el punto de vista económico, la salida de
la UE parece una mala idea.
Es cierto que algunos defensores del
Brexit afirman que la salida de la UE daría a Gran Bretaña libertad para
hacer cosas maravillosas, como liberalizar los mercados y dar rienda
suelta a su magia, lo que conduciría a un crecimiento espectacular. Lo
siento, pero eso no es más que vudú envuelto en la bandera de Reino
Unido; es la misma fantasía sobre el libre mercado que ha resultado
ilusoria en todo lugar y momento.
No, ese argumento económico es
todo lo sólido que puede llegar a ser. ¿A qué se debe, entonces, mi tono
pesimista respecto a la permanencia?
En parte, la respuesta
radica en que las repercusiones de la salida de la UE serían dispares:
Londres y el sureste de Inglaterra se verían muy perjudicados, pero es
probable que la salida condujese a una libra más débil, lo que de hecho
ayudaría a algunas de las antiguas regiones industriales del norte.
Sin
embargo, es más importante la triste realidad de la UE que Gran Bretaña
dejaría atrás. El llamado proyecto europeo empezó hace más de 60 años
y, durante muchos de ellos, ha sido una fuerza tremendamente
beneficiosa. No solo ha fomentado el comercio y contribuido al
crecimiento económico; también ha sido un baluarte de paz y democracia
en un continente con una historia terrible.
Pero la UE de hoy es
la tierra del euro, un gran error agravado por la insistencia de
Alemania en convertir la crisis causada por la moneda única en una
historia moralizante sobre pecados (de otros, por supuesto) que deben
expiarse mediante recortes presupuestarios de consecuencias
catastróficas. Gran Bretaña tuvo la sensatez de conservar su libra, pero
no escapa a otros problemas que desbordan a Europa, en particular la
instauración del libre tránsito sin un Gobierno común. (...)
Porque eso es lo más frustrante de la UE: parece que nadie admite
nunca los errores ni aprende de ellos. Si hay algún examen de conciencia
en Bruselas o Berlín en relación con la terrible trayectoria económica
de Europa desde 2008, es muy difícil verlo.
Y siento cierta solidaridad
por los británicos que ya no quieren estar vinculados a un sistema que
rinde tan pocas cuentas, aunque la salida tenga un alto precio
económico.
La pregunta, sin embargo, es si las cosas mejorarían
algo porque los británicos votaran a favor de marcharse. Podría
funcionar como una saludable voz de alarma que por fin saque a las
élites europeas de su complacencia y las lleve a hacer reformas.
Pero me
temo que, en realidad, empeoraría la situación. Los fracasos de la UE
han provocado un aterrador auge del nacionalismo reaccionario y racista;
pero, muy probablemente, el Brexit daría aún más poder a esos
movimientos, tanto en Gran Bretaña como en el resto de Europa.
Es
evidente que puedo equivocarme respecto a estas consecuencias políticas.
Pero también es posible que mi frustración por la reforma europea sea
exagerada. La cosa es que, como señala Simon Wren-Lewis, de Oxford, Gran
Bretaña seguirá teniendo la opción de salir de la UE en el futuro si
ahora vota por quedarse, mientras que la salida no tendrá vuelta atrás.
Para defender el Brexit, hay que estar muy, muy seguro de que Europa no
tiene solución.
Así que yo votaría por la permanencia. No habría
alegría en ese voto. Pero hay que tomar una decisión, y es la conclusión
a la que he llegado." (Paul Krugman, El País, 18/06/16)
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