"(...) Treinta y seis años de neoliberalismo ThatcherBlairCameroniano han
dejado una opinión pública que pide renacionalizar los ferrocarriles y a
veces hasta volver al espíritu socialista inmediatamente posterior a la
Segunda Guerra Mundial, según todas las encuestas publicadas. Y que
vota por el Brexit. ¿Por qué?
“Porque el falso debate se constriñe dentro de estrechos parámetros”, advertía Youssef El Gingihy en un lúcido artículo en The Independent
el mismo día del referendo a vida o muerte.
“Por ejemplo, rara vez
oirás mencionar las amenazas del tratado transatlántico TTIP que acechan
a nuestro sistema de salud NHS, ni tampoco la imposición
antidemocrática de austeridad a Grecia y al Sur de Europa por la Troika,
la Comisión y el BCE”. “Elegir entre el BCE y la City no parece una
opción”, sentencia Gingihy.
Vista la tesitura, no sorprende tanto que una mayoría se
haya inclinado por votar muerte, en un acto de violencia autoinfligida
que recuerda al ascenso del Front National francés aupado por electores
que otrora se hubieran decantado por el Partido Comunista. (...)
Difícil olvidar lo que ocurrió hoy hace casi un año en el mismo
escenario en que se cocinó el Brexit, el edificio Justus Lipsius de la
Rue de la Loi bruselense: tras el referendo democrático convocado in
extremis por Alexis Tsipras ante el escenario dantesco de tirar por la
borda todo el programa de Syriza --lo que finalmente ocurrió--, la
Troika humilló cruelmente a Grecia con doble receta de privatizaciones y
recortes. Ahora el partido nazi Amanecer Dorado toca a la puerta de la
sede del Gobierno en la Plaza Sintagma de Atenas.
En aquella terrible primera mitad de julio de 2015, David Cameron
realizó alguna tímida llamada a la reestructuración de la deuda griega,
pero sus palabras fueron ahogadas por la fulminante mirada de la
canciller Angela Merkel. (...)
En marzo pasado el Justus Lipsius volvió a vestirse de
gala: en esta ocasión tocaba otro deplorable acuerdo para deportar
refugiados de Grecia a Turquía y seleccionar a posteriori a sirios uno
por uno. Aunque Gran Bretaña está fuera de la Zona Schengen, las
costuras del espacio de libre circulación empezaron a romperse en
septiembre de 2015 por las pulsiones xenófobas de los gobernantes de
Europa Central y Oriental.
Afloraron los nombres de Calais o Idomeni y
hubo una sucesión de espectaculares atentados terroristas que reforzaron
la sensación de aislamiento de un país que mantiene un control efectivo
de sus fronteras. El pacto con alguien tan autoritario como Erdogan
hizo el resto.
Obviamente, no faltan las exageraciones de la prensa
basura británica. Pero si miramos con las gafas correctas el tramposo
referendo, la decadencia de la UE estalla en la cara." (Pablo García, CTXT, 24/06/16)
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