"Han pasado más de seis años desde el inicio de la crisis griega y la
narración oficial, elaborada por los gobiernos y las instituciones que
han gestionado esta crisis, se deshace cada día más en jirones. Mientras
que la desgraciada Grecia, sometida a un tercer memorándum, firmado con
sus acreedores hace un año, no acaba de desplomarse económicamente, el
FMI, miembro de la troika que ha supervisado la gestión de la crisis, no
deja de entonar mea culpa tardíos, pero indiscutibles.
Después de haber reconocido que había subestimado los
“multiplicadores presupuestarios”, dicho de otro modo, el impacto de la
consolidación presupuestaria sobre el crecimiento, para Grecia, la
institución con sede en Washington ha admitido hace poco, en un artículo
de investigación, los efectos negativos de las políticas de austeridad
impuestas a Atenas.
El jueves 28 de julio apareció un nuevo informe
crítico con el papel adquirido por el FMI en la gestión de la crisis
griega. Y es muy severo.
La Oficina Independiente de Evaluación (OIE) publicó un extenso informe sobre el “FMI y las crisis en Grecia, Portugal e Irlanda” que
establece una conclusión: el FMI actuó bajo la presión de los intereses
de ciertos países de la zona euro, contra sus propios intereses y para
ello buscó cortocircuitar a su consejo de administración. Este proceder
condujo claramente a graves errores de apreciación de la situación,
sobre todo, en Grecia.
En su informe, la OIE confirma principalmente lo que, entre otros, la Comisión de la Verdad sobre la deuda griega,
establecida en la primavera de 2015 por el Parlamento helénico, ya
había criticado: para conseguir que se aprobase la ayuda financiera del
FMI a Grecia, y pese a la insostenibilidad de su deuda, la dirección de
la institución adoptó discretamente una modificación de los criterios de
acceso a la ayuda.
“El consejo de administración no fue consultado
sobre esta cuestión. De hecho, a los directores no se les informó de las
dudas que tenían los equipos acerca de la sostenibilidad de la deuda
griega”, estima la OIE. Y continúa:
“Ni la dirección del FMI ni los
equipos intentaron que el Consejo prestara atención a la decisión de
modificar los criterios o a que se iba a modificar un criterio de acceso
excepcional para aprobar el programa griego”.
Hubo a las claras una
voluntad de engañar al Consejo, al incluir esta modificación crucial,
que exponía al FMI a un país insolvente. La OIE refuerza esta idea al
precisar que el Consejo se vio apremiado por la falta de tiempo y no
tuvo posibilidad de revisar el programa en detalle.
Consecuencias desastrosas
Las consecuencias han sido desastrosas para Grecia. Este
país se ha visto obligado a gestionar una deuda insostenible y
creciente. La salida de este callejón sin salida era otro callejón sin
salida: pedir una y otra vez más ayudas para reembolsar la deuda.
Es
decir, crear un esquema de Ponzi con la complicidad del FMI y de los
países de la zona euro, deseosos de mantener la ficción de la
“sostenibilidad” de la deuda griega. Este montaje ha obligado a Grecia a
ir siempre un poco más allá en las políticas de austeridad puesto que
sus acreedores pretendían hacer creer que una purga presupuestaria más
“reformas estructurales” serían suficientes para que la deuda fuera
sostenible.
Por lo tanto, este “engaño” del FMI es una de las fuentes de
los males griegos. Es destacable también el hecho de que la OIE
considere que esta manera de operar plantea un problema de “legitimidad”
al FMI. Una cuestión de legitimidad que se genera también para la deuda
contraída por Grecia con el FMI. Una deuda que en 2015 pesó mucho en la
suerte del país.
Sumisión a la zona euro
Si el FMI hubiera aplicado sus criterios ordinarios, habría
impuesto desde 2010 una reestructuración de la deuda. Su procedimiento
habitual es imponer austeridad a cambio de un recorte de la deuda. Según
un estudio publicado en 2015 en Estados Unidos, los técnicos habían
propuesto esta posibilidad al entonces director general del FMI,
Dominique Strauss-Kahn.
Este, sin embargo, la habría rechazado y se
habría negado a proponérsela a los europeos. Y he aquí otro grave
problema señalado en el estudio de la OIE: los amores culpables entre el
FMI y la zona euro.
Las causas de la negativa a la reestructuración de la deuda
en 2010 son conocidas: la protección de los bancos europeos,
principalmente franceses y alemanes, expuestos a la deuda griega. Había
que acudir rápidamente al rescate de los acreedores para darles tiempo
de vender los bonos a inversores tranquilizados por la implicación del
FMI.
El informe de la OIE no se extiende en esta conclusión
--bien conocida desde hace tiempo--, pero sí apunta a las estrechísimas
relaciones entre la dirección del FMI y la zona euro. Critica así “la
debilidad de la vigilancia sobre la zona euro” basada en la idea de que
“Europa es diferente”. Esta debilidad trajo consigo la falta de análisis
de los desequilibrios de la zona euro, principalmente en las cuentas
corrientes. Además, condujo a un “olvido” de las “lecciones de
anteriores crisis”.
Estas lecciones “no fueron jamás aplicadas”, estima
la OIE. De hecho, el FMI ha sido en muchas ocasiones un mero seguidor de
las decisiones del Eurogrupo, puesto que las decisiones de la zona euro
“precedieron siempre a las reuniones del consejo del FMI”. (...)
Mientras tanto, esta sumisión a la zona euro ha tenido
consecuencias graves para Grecia: nadie se opuso a las decisiones
tomadas por París y Berlín para “salvar a la zona euro” y nadie aportó
de verdad un espíritu crítico sobre los planes de ayuda. Esta sumisión
del FMI ha permitido también el desarrollo de una narración oficial: la
culpa es griega. Grecia habría cometido excesos y habría sido “salvada” y
“ayudada” por los europeos.
Más tarde, cuando el fracaso de estas
políticas se hizo evidente, el problema volvió a recaer sobre los
griegos, que habrían rechazado “apropiarse de los programas”. Ahora
bien, aquí también la OEI subraya que la ceguera del FMI ha sido total y
que ha cometido errores graves en sus políticas económicas.
Sobre todo,
como hemos visto, por el olvido del pasado. “Los programas del FMI para
Grecia y Portugal han incluido proyecciones de crecimiento demasiado
optimistas”, indica el informe, para añadir que “las proyecciones más
realistas habrían hecho evidentes los impactos de la consolidación
presupuestaria sobre el crecimiento y la dinámica de la deuda”.
La OEI indica que esto habría permitido dejar “jugar a los
estabilizadores automáticos”, lo que no se hizo y llevó al
derrumbamiento del 25% del PIB griego en seis años al meter a la
economía griega en un círculo vicioso.(...)
El informe de la OEI confirma lo que la Comisión sobre la deuda griega de 2015 había establecido sobre 2010: en
la toma de decisiones dominó una negación de la realidad, alimentada
por intereses políticos de los grandes países de la zona euro. Esta
negación de la realidad se convirtió en una visión oficial que ha habido
que mantener a toda costa y que ha supuesto el derrumbe de Grecia. El
FMI ha contribuido a esta situación. (...)" (Este artículo fue publicado originalmente en La Tribune , Romaric Godin, CTXT, 03808/16)
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