"Las elecciones del pasado domingo (4 de septiembre) fueron un desastre
sin paliativos. La Alternativa por Alemania (AfD, por sus siglas en
alemán), que concurría por primera vez, logró un asombroso 21,9% del
sufragio, situándose en segundo lugar tras los socialdemócratas y
batiendo a Angela Merkel en su propio estado federado. (...)
Un aspecto de este temible avance me preocupa y me entristece
especialmente. Muchos de los votantes de la AfD, en lo que se antoja un
enorme giro, eran gentes que no votaron en las últimas elecciones.
Están
menos interesados en un programa de la AfD acicalado para ellos con
nuevos y atractivos aromas que en dejar constancia de su indignación con
los viejos partidos, incapaces como parecen de hacer nada para superar
el prolongado estancamiento, la falta de puestos de trabajo decentes y
permanentes y asegurarles el futuro, a ellos y a sus descendientes.
Aquí
es donde La Izquierda debería haber ofrecido respuestas, respuestas
combativas acompañadas de acciones y sentadas en las calles y
movimientos de base popular en favor de mejoras factibles enmarcadas en
una perspectiva convincente de una sociedad mejor.
Es ese tipo de
métodos, creo yo, el que ha reportado enormes ganancias y ha situado
cerca del éxito a la notable campaña de Bernie Sanders en los EEUU y el
que ha despertado también el entusiasmo por Jeremy Corbyn en el Reino
Unido.
Ambos llamaron, apelando a la emoción no menos que a los hechos, a
la lucha contra ese Uno por Ciento en la cúspide que se hace
obscenamente rico al tiempo que envenena al mundo con dudosos bienes
farmacéuticos cargados con sobreprecios, herbicidas, falsos trucos de
emisiones y, sobre todo, con armamento para más y más guerras y más y
más refugiados, armamento del que ellos son los principales
beneficiarios.
La Izquierda, hasta donde yo sé, ha trabajado a
favor de mejoras locales allí donde ha obtenido escaños en un concejo
local o estatal, pero se ha abstenido de hacer llamamientos a la acción
por una sociedad futura mejor. Tendría que haber desafiado aquí a los
demás grandes partidos, precisamente porque todos ellos han traicionado a
sus electores y a sus propias promesas.
El abismo que han dejado
abierto, y que debería haber cubierto La Izquierda, ha sido, en cambio,
llenado por la vocinglera y agresiva AdF, mientras La Izquierda buscaba
más bien entrar en más gobiernos de coalición y –propósito principal—
obtener cargos de gobierno a escala federal a través de una coalición
con los socialdemócratas y Los Verdes.
Hay que decir que, en el estado
federado de Berlín, luego de las elecciones a celebrar el próximo 18 de
septiembre, una combinación así parece bastante factible. Pero aspirar a
ese tipo de objetivos significa no herir los sentimientos de los
potenciales aliados, frenar la militancia, ofrecer compromisos y, por
esta vía, privar de razones reales para votarte a los ciudadanos
indignados.
Porque esos ciudadanos te verán diluirte en una versión
ligeramente más a la izquierda, sí, pero mucho más débil que la
socialdemocracia. ¿Por qué votarte? Y dejando de lado Turingia, en donde
las reglas pueden ser distintas, cada vez que La Izquierda ha entrado
en un gobierno de coalición en un estado federado, lo que ha hecho es
perder muchos votos y terminar más débil que antes. ¿Cometerá el mismo
error después de las elecciones de Berlín? ¿Buscará la misma solución a
escala federal? Si así es, ¿qué pasará luego entonces?"
No hay comentarios:
Publicar un comentario