"(...) Esta mañana, muy a primera hora y mientras viajaba a Madrid, leí un artículo que tenía pendiente: Confronting the Parasite Economy. Why low-wage work is bad for business—and all of us.
Me pareció interesante pues su autor hace una crítica durísima al
régimen salarial y de explotación laboral que se ha impuesto en Estados
Unidos en los últimos años.
Los datos que proporciona son impactantes y muestra que una gran
parte de las ayudas sociales, de comedor, vivienda, etc. que da el
gobierno van a personas que trabajan pero con salarios tan bajos que no
pueden sobrevivir.
La que él llama economía real proporciona salarios dignos e ingresos
el Estado para poder sufragar la educación y el bienestar de millones de
personas. Pero la que califica de economía parásita de las grandes
corporaciones es una economía subsidiada y que vive de la explotación
del trabajo.
Y la llama parásita no solo por esto último sino porque con
los sueldos de miseria que paga arruina al resto de las actividades
económicas. “Si ningún negocio quiere clientes que ganen 7,25 dólares la
hora ¿por qué permitimos que haya esos salarios?”, dice.
Denuncia que una cuarta parte de sus conciudadanos son pobres y que
la mayoría de ellos, en contra de lo que se cree, trabajan para las
grandes corporaciones. Y que el 47% de los niños que nacen en Estados
Unidos necesitan ayudas del Estado porque sus familias carecen de
ingresos suficientes.
La explicación que da de todo eso es que el mercado de trabajo se
encuentra en un profundo desequilibrio porque los compradores de fuerza
de trabajo (capitalistas) y los vendedores (trabajadores) tienen un
poder de negociación muy distinto debido a la pérdida de peso de la
negociación colectiva.
Y porque los trabajadores tienen recursos
limitados y necesidades inmediatas que le obligan a aceptar lo que le
ofrezcan, mientras que la mayoría de los empleadores pueden aguantar sin
sufrir demasiado daño. El autor del artículo lo dice muy claro: los
empleadores imponen salarios más bajos porque pueden, porque tiene poder
para ello.
El autor pone ejemplos de Estados e incluso de empresas que han
mejorado su economía y sus resultados cuando han subido los salarios e
incluso afirma que una subida de 1 dólar a la hora en el salario se
traduce en un incremento de 2,08 dólares en el ingreso total nacional
como resultado del efecto multiplicador que tiene una mayor capacidad de
gasto que se va diseminando por la economía.
Su artículo termina diciendo que “en ausencia de acción colectiva, la
economía parásita seguirá pagando salarios parásitos, empobreciendo a
la economía real. Pero cuando los salarios mínimos se elevan
razonablemente todo el mundo prospera”.
Como el artículo me pareció interesante y no conocía al autor, Nick Hanauer,
fui a mirar quién era y descubrí que se trata de un empresario bastante
conocido en Estados Unidos. Un empresario que ha liderado interesantes
movimientos de activismo social en defensa de las libertades, la
educación pública y la igualdad.
Aunque el artículo estaba en inglés me pareció interesante
difundirlo. Y mucho más porque quien decía eso (que perfectamente casa
con lo que dicen los sectores más progresistas o radicales) no era un
rojo extremista sino un empresario que ha creado má de 30 empresas. Por
eso escribí en Twitter:
“Afortunadamente, hay capitalistas inteligentes
que luchan contra la sinrazón del capitalismo. En España, muy pocos”.
Esa es mi sincera opinión. Me alegra que haya incluso capitalistas que
se dan cuenta que la explotación del trabajo solo lleva a la ruina de
todos y que, en mayor o menor medida, abrazan la causa de las libertades
civiles.
No pueden imaginarse lo que a partir de entonces me han dicho:
oportunista, sinvergüenza redomado, palmero de empresarios, ignorante,
dedicado a contar billetes, anticomunista… y más cosas que se me han ido
olvidando a medida que las leía. (...)" (Juan Torres López, Ganas de escribir, 08/09/16)
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